Siempre se escucha el proverbio popular que todos tenemos un precio ¿es cierto esto?, ¿todos estamos en el mercado y tasados?, ¿el mercado es el mejor quien asigna de recursos (y estos, como sabemos, son recursos escasos)? Leía hace unos días el sugerente libro del reciente Premio Princesa de Asturias, Michael J, Sandel “Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado”. Sandel es profesor en Harvard y comparte una visión comunitarista de la justicia. Escribió un libro poniendo en discusión la Teoría de la Justicia de John Rawsl. Había leído con anterioridad el libro “Justicia” y lo interesante es que Sandel para su reflexión usa casos que ocurre en la sociedad en el día a día. No es para pensar en la estratósfera, no. Sandel se mete en harinas y desde allí reflexiona. En el libro “Lo que el dinero no puede comprar” pone en relieve muchos casos, publicados en los diarios inclusive, relacionados con el precio y el mercado que para algunos es el mecanismo más claro para asignar precios. Por ejemplo, hay aerolíneas que te cobran un precio demás por no hacer colas en los aeropuertos o que se compren seguros a gente con ciertas enfermedades con la esperanza que se pueda morir pronto ganando con esos fallecimientos y, muchas veces, ocurre lo contrario que la persona no se muere trayendo consecuencias negativas al inversor. O que presos paguen por una celda un precio de más. No crean que esto es ficción, Sandel nos remite a los diarios donde han aparecido estas noticias o que circulan en la red. Sí, así es el duro y difícil mundo del mercado donde se piensa que muchos tienen un precio y se paga por ello. Sandel razonando va en el sentido contrario. Hay situaciones en el que el mercado no lo puede todo. Por eso, en el subtítulo de su obra, menciona a los límites morales del mercado. Sí, hay esos límites morales que relucen en cada controversia existente, por ejemplo, los alquileres de vientre ha generado una dura y inagotable polémica ¿es acaso moral aprovecharse de la situación de muchas mujeres para que ellas alquilen su vientre?, ¿está en juego la maltratada libre elecciób? Sandel no señala discretamente que no todos tenemos un precio.

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