ESCRIBE: Jaime A. Vásquez Valcárcel
No vamos a retroceder muchos años. Regresaremos a 1990, los meses previos al retiro del primer gobierno aprista que encabezó Alan García Pérez y que, en ese año electoral, tuvo como principal propósito, y vaya que lo logró, evitar el triunfo como candidato a la Presidencia de la República de Mario Vargas Llosa. Nos limitaremos a recordar, como si cualquier tiempo pasado fue mejor, los votos con los que eran elegidos los diputados ya que, este 2026 todo hace indicar que ningún representante logrará más de 10 mil votos. Eso sólo es posible por el pacto mafioso que, tácitamente, han suscrito los partidos que tienen representación en el Congreso de la República, sean de izquierda o de derecha.

En 1990, a pesar de estar con el número 5, último en la lista, César Zumaeta fue elegido con 7,326 votos preferenciales. El único del APRA que logró un escaño. En esa época elegíamos a cinco diputados. Por el FREDEMO ingresaron Abel Urrunaga Bartens (AP) con 14,375 votos, Rómulo Vásquez Alegría (AP) con 8,426 votos, el tercer cupo del FREDEMO fue para Raúl Pereira Ríos (PPC) con 7,267 votos. Jorge Luis Donayre Lozano (MRL), cuyo movimiento obtuvo el segundo lugar en votación y él, con 18,707 votos, fue el más votado. Aunque voces de esa época aún señalan que quien acaparó los votos preferenciales del MRL fue un ingeniero industrial llamado Iván Vásquez Valera que con su slogan “Ivan 2” apareció en la política regional para nunca más alejarse. Pero eso es un tema que no es materia de esta crónica. El más votado fue Donayre, quien con mucho susto por fin ocupó una curul, no sin antes derrotar en el MRL a quien meses antes había invitado aún contra los militantes de su agrupación. Se podría discrepar con ellos, lógico, pero daba gusto hacerlo porque tenían una formación profesional destacada y, cada uno a su manera, era exitoso en su ámbito, con excepciones como las del aprista, perdónemne la sinceridad.

Ese año, cuando Loreto tenía poco más de 100 mi electores, Cambio 90 fue la sorpresa presidencial con la aparición del ingeniero Alberto Fujimori, que no tuvo arrastre congresal. Sus candidatos Manuel Velásquez Vásquez, Jorge Luis Tapullima Flores y Tito Chávez Romero no lograron captar ni el 5 por ciento de los votos. Sin embargo, como se comprobó años después, esos nuevos políticos tuvieron actuaciones importantes en el quehacer loretano. Tanto así que Tito Chávez, modesto y desconocido, ya con cercanía al próximo gobierno, fue rodeado por la gentita que merodea, como hoy, a los políticos neofitos y con, sobonerías, les hacen creer que tienen el respaldo del pueblo cuando no llegan ni el 10% de los votos, cifra que les gusta a los políticos actuales y que los constructores inactuales se encargan de modernizar. Tito Chávez en 1992 fue elegido para el Congreso Constituyente Democrático con 17,009 votos y, con otros más notables y mediocres que él, se convirtió en uno de nuestros representantes.
Varios políticos aparecieron y reaparecieron ese año 90. La izquierda, con los variados rótulos históricos, tenía candidatos como Eulogio García Pinedo, Raúl Miranda Rojas, Julio Vela Suero y un ingeniero químico llamado Antonio D’Onadío Lagrotte, quien tentaba la reelección desde “Acuerdo Socialista” ya que había sido elegido por IU en 1985 y, luego de militar desde su juventud en el PPC, se alineó a la izquierda siempre teniendo como brazo derecho al profesor Pepe Barletti, que ese año postuló por Izquierda Unida, consecuentemente. Si quieren más datos curiosos de esos hermosos años 90’s les podemos alegrar la memoria con nombres como Manuel Aguilar Torres, “Maguito” y Antonio Sánchez Baquero que postularon por el FRENATRACA. El segundo sigue en la actividad periodística y el primero ya falleció, en vida tenía un programa muy gracioso donde se mofaba de los que sucumbían, básicamente desde el sector Educación, a los quehaceres deshonestos que siempre abundan en la administración pública. Ambos eran, a su manera, periodistas.
Ese 1990, 8 de abril primera vuelta y 10 de junio segunda vuelta, el diputado aprista Orison Pardo no logró ser elegido como Senador a pesar de los 6,852 votos que obtuvo. Su compañero, Rafael Eguren Ordosgoitia, quería continuar como Senador, donde llegó a presidir la Comisión de Economía y Presupuesto, pero los 3,254 votos no le sirvieron de mucho. Con esas derrotas tanto Orison como Rafael, disculpen el atrevimiento, perdieron también a los que integraban el coro de apristas que decían ser leales y consecuentes pero ante las cifras buscaron otros padrinos que los mantuvieran, algunos siguen como ahijados hasta hoy, en la burocracia.

Una semana antes de la segunda vuelta de ese 1990 el ingeniero Alberto Fujimori visitó Iquitos y en los pasillos del hotel “Victoria Regia”, perteneciente a la familia Acosta que ese año decidió que uno de los hoteles “Acosta” mejor llevara el nombre de una planta acuática amazónica. En ese hotel Fujimori ofreció una conferencia de prensa improvisada, como serían los primeros días de su gobierno, y aparecían por su hospedaje aquellos personajes que son conocidos por atribuirse éxitos electorales ajenos cuando ni los propios pueden conseguir.

Este 2026, ya conocidos los resultados del conteo rápido de Ipsos Apoyo, ojeado a los que fueron elegidos como representantes no hay duda que, como escribió hace siglos el poeta Jorge Manrique, “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Con algunos matices, claro. Loreto, con cerca de 800 mil electores tenga como elegidos a “representantes” que no pasarán, en el mejor de los casos, los 10 mil votos y por ahí alguna llegue apenas a los mil votos, demuestra que “el pacto mafioso” ha obrado con éxito y, como no están preparados para nada, todavía salgan, a través de sus sacha interlocutores, a sentirse orgullosos de una elección que es cuestionable no por los ajetreos de ONPE y del JNE sino porque demuestra que los elegidos serán peor que los que se irán en julio, que ya es decir bastante.

De los cinco elegidos algunos apenas balbucean frases incoherentes, otros han hecho de la política una red que, únicamente, los favorece. Otros no saben ni siquiera rendir cuentas de sus gastos de campaña, algunos sólo saben deletrear alabanzas a su lideresa. Es decir, es decir. Aunque tendrían que recordar que en 1990 hubo quienes se alegraron en demasía, se burlaron de sus adversarios, y antes de cumplir dos años en el cargo fueron echados del Parlamento. También tendrían que recordar que este 2026 es distinto a 1990, ya que después de 36 años las brechas de desigualdad han crecido y todos saben que, unos más que otros, han tenido que aportar por lo bajo para ser incluídos en una lista que, bajo una mínima evaluación, ahora les tiene como “elegidos por el pueblo”. Seguro con alguna excepción por ahí lo más probable es que los cinco elegidos este 2026 sean peor que los del periodo anterior.

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