No estaba claro cuál era la verdadera intención de los grupos políticos al pechar al gobierno o dilatar el proceso de la cuestión de confianza que pidió el gobierno de Martín Vizcarra. Muchos cómo el Apra o el mismo Fuerza Popular hablaban de un procedimiento de enfrentamiento y hasta de encaminar un gobierno hacia la dictadura tipo Venezuela. No estaba tan claro porque además, diversos constitucionalistas (para todos los gustos) se pronunciaban a favor y en contra de la legalidad de esta medida que ahorcaba al Congreso y sus huestes.

Pero el día de ayer la mejor respuesta a esta posición asumida por Martín Vizcarra (porque finalmente es él y no un grupo, pues no hay uno), la ofreció Carlos Bruce Montes de Oca, el muy respetado e inclusivo – por pose – congresista del extinto Pepekausismo. Sin pelos en la lengua y con todo flojo en él y sólo con unas disculpas posteriores  después de haber desnudado su personalidad y claro, siempre muy cool.

El macizo ex ministro ha dicho algo así: “El presidente Vizcarra no es un político. Es un exgobernador regional de una región muy pequeña (Moquegua). Candidateó en una lista… inicialmente estaba para ser congresista de Moquegua cuando entró a Peruanos por el Kambio”. Hasta ahí todo más o menos chévere, cómo que no existe “cuñao” el lugar de dónde vienes, tratando de interpretar.

Pero luego se suelta el muy delicado y dice esto otro “oye, necesitamos un provinciano en la plancha. ¡Hay demasiados blancos en la plancha!”. Estaba Meche Aráoz, estaba Kuczysnki. “Entonces, pongamos a Vizcarra” y terminó como presidente” Ósea el marrón que faltaba, en realidad sintetizando todas las respuestas al porque les jode a muchos limeños y grupos de poder que un tipo como Vizcarra les dicte lo que tienen que hacer.

Obviamente les duele que el provinciano este no le haga caso a los que promovieron al otro blanco cómo presidente y por el contrario ni los reciba y ni siquiera quiera escucharlos. Claro, si ya sabemos que aristocráticamente piensa así es evidente pensar que asumen que son ellos los que debieran dar las consignas de cómo gobernar y para justificar este discurso tan limeño y tan actual lo justifican con el argumento que no es político y no sabe y no quiere saber que, para co-gobernar de acuerdo a sus intereses, debe pactar, comulgar con ellos.

 En realidad, si lo decían desde FP o el Apra, que han actuado como furgón de cola últimamente de grupos a los cuáles no quieren que se les afecte, o si lo hacían desde el actual púlpito religioso peruano podría hasta entenderse, pero que venga de alguien que jura legislar o estar a favor de minorías y en contra de toda opresión y estigmatización de los que siempre han sido relegados por cuestiones culturales o de género, es ofensivo y no se entiende sino desde la lecturas de sus fibras neuronales tan hereditarias y propias de gente que, como él, creen que el Estado, los recursos, todo les pertenece.

La confrontación ante el pueblo  y la posibilidad de perder las cuotas de poder o la capacidad de maniobrar en la política nacional hace salir los demonios tan propios de varios de estos parlamentarios. Algunos porque perderían su quincena, pero muchos – y estos son los peores – porque las herencias naturales e históricas tan familiares y genéticas están siendo amenazados por un tipo provinciano y marrón.

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