En el barrio donde hago esta estancia de casi un mes parece una isla, que de alguna manera me ha convertido en Robinson urbanita pero rodeado de gente. No tengo como compañero a ningún Viernes, salvo mi cuaderno de apuntes donde voy levantando cierta información etnográfica. El río Manzanares divide al barrio, naturalmente, de la ciudad como el Danubio a Budapest, sólo que aquí tenemos a un río que ha sufrido alabardas que le han generado una baja autoestima y que por estos días se erige como ejemplo de buena gestión de la cuenca- han aparecido aves migratorias y mucho más pájaros. Esa división de fronteras naturales es como si se trazara un paréntesis del ritmo y de la bulla urbana, el centro de Madrid está a menos de diez minutos en autobús pero aquí se está al margen de esos jaleos.  Suelo escaparme, cada que puedo, al centro para pasearme por las librerías y calles, pulsear cada día la ciudad. Esta ínsula como si tuviera un microclima propio. Los insulares se jactan de su barrio y han creado un muro en FB donde los vecinos cuelgan fotos de su barrio y lanzan loas. Las fotos que “cuelgan” nos remiten hasta principios del siglo veinte y se puede observar que el paisanaje ha cambiado rotundamente. Han creado su propia memoria visual de esta ínsula. Recuerdo que cuando remodelaban la orilla del barrio los vecinos salieron al frente contra la tala de árboles, pero en realidad lo que se quería hacer era ordenar, talar y reponer los árboles que no estaban bien de salud. Luego de la zapatiesta que armaron, hoy están orgullos del paisaje florido de los árboles al lado del Manzanares. Hay bares, como no, a ambos lados de las orillas, es una huella imprescindible de la identidad ibérica. Unos tienen más éxito que otros. F que es muy dura con su ínsula me dice es como un pueblo de vacas, casi todos se conocen. Eso me pone ansioso, espero que no hayan notado mi presencia que suelo, en lo posible y con esfuerzo, pasar desapercibido. La gente no suele retirarme la mirada cuando me ve como preguntándose ¿quién demonio es este pata? También hay que decirlo, electoralmente, el barrio de acuerdo a las encuestas que se publican y aproximaciones cartográficas tiene una dura raigambre conservadora, se puede notar en los rostros de sus protagonistas. Es como si el tiempo se hubiera detenido en los años cincuenta, rostros serios y con gestos autoritarios aunque llegan jóvenes que intentan cambiar el rostro a esta ihla. Hay parques infantiles pero pocos párvulos por ellos. La mayoría de las personas son gente de la tercera edad lo cual da un aguafuerte peculiar. Suelo llevar un libro y sentarme en las bancas que hay junto al río, son los gratos guiños que nos hace la isola.

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