Ayer ha circulado una encuesta privada que realizó CPI donde la distancia entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori sigue siendo de cinco puntos promedio. Está hecha entre el 20 y 23 y en teoría no recogió las consecuencias del debate técnico ni del atentado en el Vraem. Pero, como ha venido sucediendo con anterioridad con relación a la campaña violenta, parece que a Castillo ya no le entran balas.

Los fujimoristas y parte de la derecha respiraron hondo cuando Castillo pasó a segunda vuelta. Según encuestas previas, la hija del dictador sólo le ganaba al profesor. Con todos perdía y por amplio margen, sólo con un pitufo estadístico de entonces como Castillo ganaba. Ya fuera por las posiciones radicales de Perú Libre o por la maquinaria mediática y económica del Fujimorismo, lo cierto es que era al único al que ganaba. Eso decían las encuestas, que a propósito nunca lo vieron llegar.

A la luz de los hechos parece que esto tampoco va a suceder. Keiko Fujimori para muchos es indefendible por el ángulo que se le vea. Ha sido mala perdedora y maquinó un Congreso achorado lo que la desacredita en el argumento que “ellos no fueron gobierno”. Sus bases políticas cada vez más languidecen y sólo quedan gamonales mercantilistas que la sostienen en provincias. Por lo que se observa una orfandad popular.

Está en proceso por lavado de activos y han pedido 30 años de cárcel lo cual deslegitima su discurso contra la corrupción y la hace ver como una aprovechadora de la situación para poder salvarse de una posible condena. No puede hablar de reactivación económica pues está rodeada de un viejo e interesado equipo que no propone los cambios que exige la población, menos puede decir que trabajará por el país, pues nunca lo ha hecho profesionalmente y eso prima de manera categórica en la gente.

Incluso su discurso de acabar con el terrorismo –por más que pueda tener diversas interpretaciones y causas– con lo del atentado del Vraem recuerda en el imaginario que ese trabajo nunca lo finalizó su padre. Ni hablar de la lucha contra el narcotráfico pues en su familia hay serios indicios y una investigación en curso. Keiko es una mala candidata, indefendible e impopular hasta en los sectores A y B que sumados al C no les va a alcanzar -parece- para preferirla el 6 de junio.

Ni la prensa limeña ahora es suficiente. Una extraordinaria labor hace las redes que, cada vez que intentan manipular o preferir editorialmente a la candidata, siempre hay memes, recordatorios, audios y videos donde se rebusca todo lo contrario dicho anteriormente por los mismos que ahora la intentan defender. Castillo es un candidato frágil, incipiente y talvez atrapado en las huestes de Cerrón, pero de lejos no es lo que quieren pintar de él. Y eso, con una candidata con esas características, parece que es suficiente para que se imponga.
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