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HENRY PERALES: NOBLE ASOCIACIÓN

ESCRIBE: Jaime A. Vásquez Valcárcel

Con las versiones de Humberto Vargas, Esteban Ángulo, Tito “Shicshi” Rodríguez, Richard Vinatea y Pepe Villacorta.

Para escribir sobre Henry Perales Vargas hay que escuchar cuantas veces sea necesario el himno de CNI. Esa marcha interpretada por el maestro Orlando Cetraro, donde el acordeón sobresale. “A ti colegio audaz, te aplaudimos sin cesar (…) eres un club correcto y leal, lalalalalalalalalala…”. Y hay que repetir la interpretación como se hacía en el entretiempo de aquellos partidos memorables. Sólo así se puede trasladar a esas tardes donde uno iba al estadio a ver con cuántos goles ganaba CNI, cuántos goles anotaba el chejo Perales. Ya sea con gol olímpico, con tiro de penal o desde la punta izquierda. Él desde la izquierda, pero en la derecha Juan Manuel Del Águila y en el centro Bernabé Navarro. Los tres conformaron la mejor delantera de CNI de todos los tiempos. Y no lanzo esta aseveración como homenaje póstumo sino como grito de protesta porque -hoy que Henry falleció- ya es tiempo que se reconozca en su real dimensión a quienes brindaron tardes de alegría a la afición. No se puede resumir en un solo artículo tantos años dedicados al fútbol, no se puede consultar a todos los protagonistas. Este es solo un intento de acercamiento al aporte dado por un trujillano a todo un pueblo ya sea en Hungaritos como en CNI.

Tanto llevaba en el pecho los colores de CNI el señor Henry Perales que en las penúltimas fotos que se tomó se puede ver le insignia colegial en medio de la camiseta alba. Tenía mucho valor, combatía su propia serenidad, vencía y exclamaba sus triunfos, recibía aplausos sin cesar porque se entregaba con amor a esa institución llamada Colegio Nacional de Iquitos. Sin embargo, cómo es la vida ¿no?, si hay algo que agradecer a Perales es haber conseguido que la Copa Perú recorra las calles de Iquitos en una alegría desbordante. Si la repetición del himno de CNI se hace una necesidad, ver tantas veces como mande la memoria ese partido del 17 de diciembre de 1985 donde “Tejidos La Unión” fue humillado por 4 goles a 0 es un ejercicio exquisito no sólo por los jugadores extraordinarios sino porque nada de eso se conseguía sin la participación de Henry.  

Más importante que los goles olímpicos, la cinta de capitán, las dribleadas por la punta izquierda corriendo en diagonal hacia al centro o la boquilla que metía a los rivales para bajarles la moral, a Henry Perales se le debió reconocer por lograr lo que ningún equipo loretano en la historia acarició: campeonar en la Copa Perú. Su mayor logro no fue con el equipo de sus amores sino con Hungaritos Agustinos, al que llevó de salvar la baja a campeonar en el coloso de José Díaz ese diciembre que -36 años después- aún sigue apareciendo en la memoria iquiteña. Una generación gozó de sus goles, otra de sus indicaciones y otra de sus apreciaciones. Como jugador, las palabras de Shicshi le ponen en su dimensión. Como entrenador los recuerdos de Esteban Ángulo lo colocan en el pedestal humano y deportivo que cultivó. Como comentarista la elegancia de Pepe Villacorta le ubican, micrófono al frente, en la precisión y conocimiento que nunca le fue esquivo. Matizados con recuerdos de los años maravillosos Humberto Vargas y Richard Vinatea se rinden ante la humanidad de ese puntero izquierdo que jugó con Cubillas y contra Cubillas, que alternó con César Cueto, José Velásquez y tantos más que le ayudaban a meter goles mientras que tenía en la portería a Otorino Sartor, Papelito Cáceres, Ramón Quiroga, Caico Gonzáles Ganoza y más.  

La historia de Hungaritos Agustinos quizás nunca se escriba. Pero los jugadores que lograron esa hazaña nunca olvidarán que “el chejo” Perales fue el director de orquesta para ese título en noviembre de 1985. “Nosotros teníamos la plata, Perales tenía el conocimiento del fútbol”, confiesa Humberto Vargas Pizango, uno de los que, junto a Pato Villaverde, puso el dinero para esa campaña victoriosa. Desde la tierra colorada Humberto rememora esos momentos de los años 84 y 85. “Yo conocía a Henry porque jugaba al CNI, pero quien me presenta es Pato Villaverde, y a la primera me dio la impresión que era un buen tipo, ya habíamos hecho algunas cosas juntas, pero cuando nos convence para poner plata en Hungaritos sabíamos que su conocimiento del fútbol junto con la plata nuestra estaba asegurado algo bueno y no nos equivocamos”. Era un apasionado del fútbol, de esos futbolistas que duermen con la pelota, según Vargas. Se preocupaba porque el jugador esté bien fuera de las canchas para que rinda dentro. Por su perseverancia conseguimos trabajo para los jugadores en municipios, bancos y toda empresa que aceptaba las condiciones: dar permiso para los entrenamientos. Aquí hubo una noble asociación, como la letra del himno de CNI.

Quizás quien haya narrado mejor las jugadas, palomilladas y goles de Perales sea Shicshi, don Tito Rodríguez Linares, quien atiende el teléfono con la voz pausada y cuando le nombramos al “chejo” al instante cuenta que “ha sido mi vecino, le encontraba por el barrio a él y a veces a sus excompañeros de CNI que le visitaban cuando estaba malito”. Perales se trasladó a la calle Libertad hace varios años y el barrio lo tenía con orgullo en sus predios. “Era un buen amigo, un jugador impredecible, todos pensaban que iba a avanzar por la derecha, pero retrocedía unos pasos y se iba por la izquierda, sus centros eran medio gol”. Es la voz de Shicshi la que grafica lo que fue Henry, dentro y fuera del campo. Otra noble asociación.

Era agradecido en extremo. Cuando campeonó “La Loretana” de Pucallpa y ganó el paso al fútbol profesional no tuvo mejor idea que ir al penal San Jorge. Allí estaba Humberto Vargas, a quien habló de sus logros, de sus proyectos y de lo eternamente agradecido que estaba con quien tenía la plata para mantener un equipo y le había confiado esa tarea. Vargas, que sabe la historia política, económica, social y disocial del Iquitos de la década del 80, confiesa que sin Perales el equipo fundado por el padre Silvino Treceño Ríos no llegaba a ninguna parte, a pesar de la plata que se inyectaba. “Henry era un tipo bien noble, pero drástico, si un jugador mauleaba o no quería obedecer las indicaciones en el acto le mandaba con el preparador físico al costado del campo. Cuando tenía que defender los derechos de los jugadores para que se alimenten bien, tengan buen alojamiento y condigan mejores condiciones se peleaba con los dirigentes”, lo recuerda Humberto y sin que le preguntemos añade: “Ese tiempo nosotros teníamos El bailódromo con el grupo Fuego en San Juan y los fines de semana él se iba y veía a los jugadores, antes de las 12 de la noche se encargaba de verificar que se retiren”. Por eso confiábamos en él. “Humberto, tienen que apoyar a estos muchachos, van a llegar lejos”, recuerda que le dijo cuando los primeros meses de 1984 Perales inició lo que sería la campaña más exitosa del fútbol loretano. Hungaritos se había salvado de la baja el año anterior y ya en marzo del 84 obtenía el título de un campeonato relámpago de la Liga Distrital Mixta de Fútbol de Iquitos. La celebración de ese logro se hizo a pocas cuadras del estadio, en la vereda de la casa de uno de los dirigentes. Henry, sin estar en la jarana, sabía quiénes se habían excedido en el trago y los cigarros. En el entrenamiento del lunes sin ninguna charla previa dividió a los jugadores entre quienes empezaban el trabajo físico extremo y moderado. Cuando los que habían celebrado hasta las últimas se vieron juntos en el grupo comenzaron a preguntar dónde estaba el chupón. Más que buscar al chupón los jugadores terminaban alabando la habilidad para conocer lo que sucedía entre ellos sin estar con ellos. Eso le generaba respeto porque sabían que el objetivo era uno solo: triunfar.  

Una de las últimas apariciones públicas de Henry Perales fue en la campaña al Congreso de la República este 2021. Se le vio montado en un motocarro junto a su hija Stefany Perales Naranjos, candidata de Victoria Nacional que tenía como postulante a la Presidencia a George Forsyth. La política había juntado al exarquero de Alianza Lima con el ex puntero izquierdo del equipo de La Victoria. Quienes le vieron entusiasmado en la caravana no dejaban de recordar aquella caravana que en diciembre de 1985 recibió a Hungaritos Agustinos con la Copa Perú. Tampoco olvidaron que cuando estaba en uno de sus mejores momentos futbolísticos, la dirigencia aliancista le llamó para sus filas. Su pase generó todos tipo de comentarios. La prensa local le dio con palo porque no veía con buenos ojos la transferencia. Pero así era el fútbol. Así sigue siendo el fútbol. Tal vez los miles de soles que costó la transacción provocaron las comprensibles envidias. Pero Henry era del CNI. Vestiría otras casaquillas, pero era albo. Así que más temprano que tarde volvió a la punta izquierda del equipo de sus amores.

Pepe Villacorta, periodista deportivo que ya adolescente vio sus jugadas, lamenta que  Perales no hay cumplido su sueño de regresar a CNI al fútbol profesional. Pepe, periodista contemporáneo que tuvo como comentarista en sus programas a Perales, recuerda: “Pepe, haz una campaña hermano, en 1985 campeoné con Hungaritos, en 1995 campeoné con La Loretana de Pucallpa, el 2005 quiero campeonar con CNI”. Quedó en sueño. Como quedó grabado en la mente de Pepe aquella tarde de 1978, después del Mundial de Argentina, cuando Alianza Lima visitó en el viejo Max a CNI, con el Nene Cubilllas y el Cholo Sotil en la delantera. Los grones ganaban 3 a 0 y así terminó el primer tiempo. La gente estaba desalentada. En esos años los hinchas de Alianza se limitaban a gritar los goles de su equipo. Qué iba a ocurrirle a alguien formar la versión local de “Comando Sur”. El estadio estaba repleto. Con cierto desánimo, Pepe estaba en la tribuna con radio portátil cerca al oído, intrigado por los cambios para el segundo tiempo. “Terminaron pidiendo chepa”, nos dice y narra que el equipo albo dominó todo el segundo tiempo, empató el partido. “Si demoraba cinco minutos más CNI con Perales endiablado, volteaba el partido, qué partido…”. Tienes que poner que en 1977 CNI campeonó en las dos ruedas del Descentralizado con goles de Perales, me impone Pepe a manera de sugerencia. Quién soy para oponerme. Luego, por esas cosas del destino, Pepe se convirtió en su colega y transmitieron partidos memorables. Como la participación de Alianza Lima en la Copa Libertadores el 2019. “Sus comentarios eran precisos y de un análisis propio de un exjugador y entrenador”, nos dice el director de “Ishanga deportiva”.

Richard Vinatea, jugador emblemático de CNI, que no llegó a jugar con Henry, tiene una frase: Cómo no recordar al chejo o ciego Perales. No jugué con él, pero el ciego sobresalió más en el CNI que en otro club, muy aparte de la selección. Por eso cuando veo la foto de su ataud me da nostalgia, veo solo los colores de Alianza, muy aparte de nuestro Perú”. Son cosas del Orinoco, diría el mejor puntero izquierdo de todos los tiempos de CNI. “Henry metió el gol del triunfo en el Cusco que le dio el título de campeón del Descentralizado a CNI. Pero la mafia limeña de la noche a la mañana cambió las bases y se disputó una gran liguilla de los 6 grandes y nos arrebataron de participar en la Copa Libertadores”. Así es el fútbol. Los partidos se juegan fuera de las canchas, muchas veces.

Dentro y fuera de las canchas, el ciego miraba a los jugadores. Nos contactamos con Esteban Ángulo Reátegui, marcador de esa defensa inolvidable de Hungaritos Agustinos. Le pido una anécdota y antes de empezar a contarla, le invade un nudo en la garganta. Se siente su lagrimeo. Mejor hablamos más tarde, me dice. Y cuando dejo de escuchar su voz de dolor siento que por mi mejilla se desliza un líquido tibió. Signo inequívoco que también me cogió el lagrimeo. ¿Será que también tuve la suerte de gozar de sus goles y recibir sus instrucciones, también? Eso es otro cantar. Volvamos donde Esteban. Ahí hay cariño mezclado con respeto. Eso era lo que transmitía Henry. Era un entrenador que “conocía el camerino”. Sabía cuándo un jugador intentaba sacarle la vuelta. La malicia era su divisa. Bien encaminada, claro. Sandoval, Buccelli y Calvo, grandes jugadores los tres, combinaban sus buenas jugadas con grandes escapadas. A Henry no le agradaba que a los jugadores les agradara tanto la bebida. Así que se las ingeniaba para convencer a “Timón” Sandoval para salir a dar vueltas en su auto. Con eso no sólo lograba que uno de los mejores volantes del equipo se olvidara del licor amargo, sino que el mismo Sandoval le cuente los errores y defectos de los jugadores. Con esa información él ya tenía el manejo del escenario.

Como se comprenderá, miles de anécdotas rodean la trayectoria de Henry. Seleccionamos una en la que el seleccionado de fútbol fue protagonista. Oscar Calvo, jugador que estaba en Lima, volvió a Iquitos para enrolarse en Hungaritos. Llegó con toda su habilidad y más. Su rostro estaba invadido por el acné. La disciplina no estaba alejada de las palomilladas. En los partidos de la etapa distrital de la Copa Perú se tuvo que jugar en Tamshiyacu, en plena lluvia y con el campo lleno de barro. En una jugada el popular “Payasito” Calvo cayó en una tremenda cocha y, como si ambos lo hubieran preparado, Henry pregunta a “Cachete” López -uno de los mejores arqueros y graciosos del grupo- qué tenía el rostro de Oscar. “Está lleno de barro, profe”. Claro, se refería al acné que en varias ciudades amazónicas se conoce como barro.

Calvo era blanco de sus bromas. Varios exjugadores de Hungaritos recuerdan que Perales le invoco a que aproveche la habilidad con la pelota porque “eres tan feo que si no fueras futbolista no tendrías enamorada”. Esteban Ángulo, actual Presidente del Club Hungaritos que disputa la Primera División, nos suelta una frase que resume la clave de la campaña en la Copa Perú 1985: “Una confianza bárbara y no podíamos defraudarle”. Quien intentaba burlarse era llevado a un costado del campo y no dudaba en sentarlo en la banca de suplentes si era necesario. Perales sabía que la disciplina se gana, no se impone. Como una forma de mantenerla, ponía a uno de los jugadores para cuidar a los demás. En la mayoría de casos, distinto al capitán. “El guapo” Orbe tenía esa misión, siempre. Más que entrenador era un amigo a quien no se le podía fallar.

Américo Piera, ese excelente volante, se portó mal en Lima en pleno campeonato y Henry no dudó en la decisión de regresarlo a Iquitos, cuenta Esteban Ángulo. Era colérico, histérico, pero no terco. Ante ese incidente, intervino Rafael Rengifo, “Candelita”. Convenció al profe para que perdonara a Piera porque tanto el capitán como Henry sabían que el objetivo era mayor: campeonar. Con las disculpas del caso, nadie fue expulsado de la concentración. Muchos recordarían ese incidente en las decenas de celebraciones por el título y quedaban convencidos que Henry y Américo habían estado a la altura de las circunstancias.

Esteban Ángulo, recuerda las veces que el mismo Perales les desafiaba en los entrenamientos. Ya sea para las carreras o para los ensayos de penales o tiros libres. Sabía quién fumaba con solo tener al jugador cerca o verlo correr los primeros minutos. Organizaba “requisas” de cajetillas en las concentraciones. De un momento a otro el jefe de equipo aparecía en la concentración y decomisaba los cigarros. Más tarde, el propio Henry agradecía -mientras botaba el humo por los aires- públicamente al jugador que le permitía fumar sin gastar un centavo.

De un momento a otro aparecía en alguna fiesta donde estaban los jugadores. Todos maliciaban qué método empleaba para ubicarlos, pero eso no los molestaba porque comprendían que no lo hacía por malo sino porque había metas que cumplir. ¿Si fue tan exitoso para ganar la Copa Perú por qué el equipo no brilló en el Descentralizado?, pregunto a Esteban. “No fue por Henry, yo era su vecino en la calle Ucayali cuando él vivía en la Arica, donde también tenía su negocio. La ayuda de Humberto Vargas continuó como en la Copa Perú, pero se comenzó a dividir el grupo por el horario de los entrenamientos. El doble horario era a las 5 de la mañana y de la tarde, eso provocó la protesta de los jugadores que llegaron de Lima y con el dolor en el alma el profe nos dijo que debíamos elegir entre el trabajo y el fútbol, muchos elegimos el trabajo, lo demás es otra historia.

Así vamos a recordar a Henry Perales, el chejo, el ciego. Dando alegría al pueblo con los triunfos con CNI. Recorriendo sonriente las calles de Iquitos la víspera de la Navidad de 1985 mirando por todos lados para distinguir entre la multitud a los amigos que gozaron de sus goles y hoy estaban con sus hijos aplaudiendo un nuevo logro. Comentando con propiedad las jugadas del fútbol y lo que sucede dentro y fuera de las canchas. Poniendo su granito de arena para que los demás logren sus objetivos. En medio de esos recuerdos vespertinos es inevitable escuchar el acordeón de don Orlando Cetraro y una parte de la letra que dice “…noble asociación…”.


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