Antes de salir para la sierra de Segovia meto en el talego una reciente traducción del antropólogo brasileño Antonio Viveiros de Castro “Metafísicas caníbales”, en la tapa señala que es una de las primeras traducciones al castellano. Ha sido una de las obras escogidas y adquiridas en estos días de mayo mientras nos paseábamos por Feria del Libro de Madrid (FLM), entre los anuncios por los altavoces y el tórrido calor me detuve en una las casetas de una editorial que trae textos novedosos y me topé con la de este brasileño y la compré a pesar que mi ánimo desmarrido que no era para libros, me enfadaba ver tanto libro estéril como la de una chica o chico con tirón mediático en la televisión pero que vende, sí ese es el criterio editorial que mal vamos ¿no? me reprochaba (Vallejo no hubiera podido publicar y Borges se autofinanció su primera obra, me digo para no deprimirme). S me alentaba no enfadarme por esas publicaciones de bagatela y me persuadía husmear intuitivamente, conoce que ese criterio no me falla. Felizmente hay editoriales como esta que rescata a Viveiros de Castro, uno de los pesos pesados de la antropología actual y de gran experiencia con integrantes de pueblos indígenas y forjador de la corriente de descolonización de la antropología que está por diferentes ámbitos geográficos. En verdad en la FLM huía de las grandes editoriales, tengo anotadas ciertas casas editoriales que no defraudan como es el caso de una las últimas publicaciones de Joan-Carles Mélich, “Lógica de la crueldad”, este filósofo español tiene una obra exquisita, y muy recomendable, titulada “Ética de la compasión”, ahora afronta el tema desde la moral, la reglas con la que nos regimos en este mundo. Hay que poner empeño para encontrar buenas obras y para cerrar este paseo matutino y en un día de semana (los fines de semana hay un aluvión de gentes y no se puede caminar) me sedujo una novela de John Banville, gran novelista irlandés que también escribe bajo el seudónimo de Benjamin Black, leí los primeros párrafos de “Antigua luz” y me quedé prendado de la novela. Con esos regalos bajo el brazo me senté muy ilusionado en una de las bancas de El Retiro y me puse a leer, oler, palpar los nuevos libros. Un señor de al lado leía el diario. Ha sido un buen día de pesca, me digo como consuelo y dejo escapar una leve sonrisa.
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