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No sé cuánto tiempo hace, no sé cuántas hojas secas han caído del calendario. No me interesa. Quizás porque hasta ahora me cuesta creer que te has ido. Quizás porque hasta ahora sigo queriendo ir a visitarte, pero me doy de cara con esta maldita verdad.

No sabes cómo duele perder un amigo, un amigo de los buenos… Un amigo como tú. Y no me interesa como eras: renegón, muchas veces pesimista y desconfiado, pero tú eres mil veces mejor que todos esos falsos, hipócritas, arribistas, insensibles, calculadores e interesados. Mil veces prefiero un amigo como tú que una camionada de esos. Por eso me cuesta entender que ya no estés, que un día agarraste un vuelo, no a Nueva York o a Londres, sino al cielo y que de ese viaje sacaste boleto sin retorno.

Pero por lo menos cuéntame cómo te va, que estás haciendo ahora. No me digas que estas escribiendo otro de tus libros -por sea caso el último que escribiste aquí y me diste para leer, no creo que lo publiquen, dicen que es muy fuerte-. O acaso estas sacando tu “Ojo al guía” en algún diario celestial. Cuidado, no vaya ser que el director del bitinto se moleste contigo.

Sabes, quiero pedirte un favor, mándame una foto de por allí, me imagino que andas en el intento de tomarle una foto a Dios. Conociéndote no creo que te rindas en el intento. Ojalá tengas suerte.

Ahora, si puedes dar una miradita hacia abajo, no creo que nos envidies. Este Iquitos, sigue siendo una aldea. Seguimos teniendo autoridades mediocres e incapaces, parece que son de una especie que se resiste a extinguirse. De educación, mejor ni te cuento, da pena que hasta ahora haya niños sin maestros y maestros que no quieren a los niños… Mejor no sigo, después te pones a renegar y a gritar con ira e impotencia hasta asustar a los ángeles.

Mejor vamos a dar una vuelta en moto, vamos a disfrutar uno de esos triples especiales donde Rosita y el Pocho en Ivalú, o vamos a tu casa para una charlada de esas. Yo llevo la gaseosita y tú preparas unos huevos endiablados o un picante de menudencia con la mishquina de Guille.

Gracias gordo lindo por estar siempre ahí… Cuando te armo charla, siempre estás ahí. Por eso me resisto a creer que te fuiste, no sé hace cuánto, no me importa. Será porque para mí los amigos verdaderos nunca se van, jamás se despiden ni se alejan… Los amigos verdaderos como tú se enraízan en el corazón, navegan con su espíritu generoso y solidario por el alma eternamente.

Guarda profe, aquí te queremos los que te queremos. ¡Ah, te manda saludos la picaronera de Bellavista Nanay! El otro día estuve por ahí y nos acordábamos de ti. Bueno te dejo… reposa a la sombra de un cormiñón y disfruta de un inguirito machacado y algo más ¡Provecho!

(*) En memoria del profe Guillermo Flores, que el pasado domingo 6 estuvo de cumpleaños, traigo al presente este artículo que escribí el 6-nov-08.