Se ha instaurado un lenguaje divisor entre dos opciones en función a los acuerdos establecidos entre el Ministerio Público y la empresa Odebrecht. Algunos políticos, periodistas y opinòlogos consideran que los acuerdos del convenio son lesivos  para el país que la reparación es insuficiente y que hemos sido burlados por la empresa porque el cálculo de lo robado supera en casi mil por ciento de lo que acordaron entregar en quince años con la posibilidad de seguir operando en el país, pero hay otros que consideran que estos “sacrificios” que hace el país es en aras de la búsqueda de la verdad.

Es evidente que los que se inclinan por la primera tienen alguna sinónima en el discurso y vaya a saber si en intereses particulares con los políticos investigados por la mega corrupción. Se olvidan tal vez que durante la historia nacional hemos tenido varios episodios de corrupción sistemática que por diversos factores siempre han pasado con benevolencia nacional. Ya fuese porque la concertación de la clase política ha sido sistemática y hasta organizada para perpetuarse en el poder a través de la cleptocracia, o que los instrumentos globalizados que ahora tenemos han resultado eficaces al momento del destape del robo descarado.

Cómo fuese, hoy que estamos ante el destape minucioso del saqueo han salido a cuestionar los acuerdos argumentando que los brasileños nos han tratado una vez más como cholitos. Incluso han cuestionado que la misma empresa siga operando en el país, cómo si se tratase de un organismo autónomo y personificado y no de una creación hecha por los que realmente corrompen. Los hombres son los que roban, no las empresas, así como no se le puede echar la culpa a un auto porque se pasó la luz roja o atropelló a una persona, igual las empresas son sólo estructuras inertes y sin vida propia para la ratería.

Cuando le preguntaron a Marcelo Odebrecht de cómo había instaurado el sistema de corrupción, lo único que respondió es que él no había inventado nada sino que perfeccionó un sistema que ya había existido y este se basaba básicamente en un sistema basado en la precariedad de sus organismos, algo que se quiere parece atacar ahora que el Ministerio, al menos en este caso, está actuando con autonomía e independencia y velando por la búsqueda de la verdad.

Acaso no es preferible que se esquile a toda la clase política con estas delaciones a costa de perder algunos montos en la indemnización, si finalmente si se optaba por la otra vía acaso no era perder todo porque los argumentos empresariales y legales habrían permitido dilatar toda posible recuperación y peor aún no hubiéramos sabido la verdad de cómo estos políticos traicionaron desde siempre los intereses nacionales.

Aquellos que tienen esta visión resucitadora de la empresa corruptora no hacen sino caer en el juego de algunos que aún patalean por esconder la verdad tras excusas y argumentos del miedo infantiles que caen en saco roto en la población. En recursos nadie resarcirá los montos finales de todo lo que se robaron en los últimos 20 años porque al instaurarse este sistema desde arriba todo el engranaje de las grandes obras hasta llegar al más pequeño proveedor sacó su tajada sin contar en lo mal que construyeron, por eso conocer la verdad ahora es mil veces preferible para tratar de reiniciar una estructura nueva que nos lleve a creer en el sistema, en este momento, es lo más conveniente y viable.

hectortintayaferia@gmail.com