Escribe: José Rodríguez Siguas

«La isla de Fushía» (Tierra Nueva, 2026), de Irma del Águila, ha vuelto a editarse después de diez años. Novela que reaparece no desde el epicentro literario, sino desde la periferia, desde Iquitos.

La novela de Irma del Águila se inicia con la presentación de una niña venida de Lima, en Moyobamba, que andando el tiempo se convertirá en la periodista Cristina, que tendrá como objetivo ir tras los pasos de Fushía, personaje que en la novela de Vargas Llosa vivía en una isla con muchas mujeres nativas. Cristina, entonces, inicia un trabajo de campo que la llevará a Nieva y a sus alrededores. Su investigación tiene siete informantes, desde el hijo de Fushía (Juan), pasando por el docente Jaime Nunes, una de las mujeres de Fushía (Olga), dos hijas de la mujer, un cuartelero viejo y Sabino (este último es el que más datos irá aportando en la construcción de la historia.

 

Repasemos algunas expresiones que me han llamado la atención: «La pequeña venida de Lima», «La niña venida de Lima» [dos veces], «La mujer de Lima» [dos veces], «La mujer venida de Lima» [dos veces], «La niña llegada de Lima». La crítica no ha dicho nada de estas expresiones, pero es muy significativo si lo miramos desde este lado de la manigua, porque hay una intencionalidad del narrador para poner énfasis entre lo que ve el de Lima y lo que ve un amazónico, pues hasta ahora persiste la negación del otro, del invisible («pero no nos sienten / nos están mirando / pero no nos miran / siguen tuertos / como siempre», rezan los versos de Armando Ayarza). Cristina encuentra que muchas cosas no han cambiado, los «gentiles» siguen siendo esas gentes semidesnudas, como aparecidas de otro tiempo. La búsqueda iniciada la llevará a comprender como el Perú, se ha olvidado de la selva, de ahí el Baguazo (2009), de ahí el maltrato histórico a las mujeres (desde antiguo la mujer indígena ha sido vejada, lo que se apeoró en la época dorada del caucho).

Ahora, este acercamiento de la «chica de Lima» a este «otro mundo», es comprenderlo desde adentro, con todas sus contradicciones (los chicos de Nieva aprovechan la energía eléctrica para ver «Esto es guerra»).

Por otro lado, quienes hayan tenido un acercamiento a la obra de Vargas Llosa, identificarán a Fushía como uno de los personajes importantes de «La casa verde» (1966). De la novela de Vargas Llosa, a su vez, se desprende otro texto «Historia secreta de una novela» (1971), que cuenta cómo se fue forjando «La casa verde». Pero Del Águila se sirve de otros recursos para ir dando forma a su novela: el filme «Fitzcarraldo», un mapa-fotografía de Iquitos, textos ensayísticos, canciones… Así como de distintos géneros discursivos: descripción, narración, crónica, diálogos… Todo esto le permite construir un relato compacto, aun cuando se note cierta fragmentación.

En el proyecto de Irma, si bien da atisbos de cambio en la percepción de sus personajes, rige la propuesta inicial de Vargas Llosa de construir el relato sin que la presencia de la autora se note. Por eso el narrador de «La isla de Fushía» se refiere a Cristina como «la mujer» en muchos pasajes de la novela. Del mismo modo, Irma respeta muchos aspectos de MVLl, como aquel de mantener los etnónimos aguaruna y huambisa, cuando hoy son frecuentes las formas awajún o wampis. Sin embargo, se toma el tiempo de enmendar al Nobel, pues este, en «La casa verde» señala que una vestimenta de la mujer es el itípak, y no, es una vestimenta del varón (recuérdense estos versos de Dina Ananco: «Él nunca lleva camisa ni pantalón, / solo itip que se desata en un santiamén»), lo adecuado es tarachi, como lo hace Irma del Águila.

La novela de Irma del Águila se encamina con otras propuestas narrativas para entender la Amazonía, pero con otros ojos. Nos cuenta el narrador que Cristina a modo de ritual oferente a la tierra, al despedirse de Nieva «Arañó el suelo, recogió algo de fango, lo frotó entre sus manos», p. 151. Es la búsqueda que llega a su fin, no a las islas (Iquitos, la gran isla, ese espacio por aprehenderlo), no a Fushía, sino consigo misma, con ese territorio y su gente que solo quiere que los respeten, que nos respeten, para construir un mundo mejor.

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