Lo que más duele de un político en general es la cobardía. Siempre me he preguntado por qué un político peruano no es capaz de asumir sus responsabilidades en la misma medida que ejerce los beneficios del poder. El ciudadano peruano (norteamericano, aún no se sabe si realmente renunció al Tío Sam) Pedro Pablo Kuczynski renunció luego de 15 meses de gobierno en un mensaje a la nación que es el mismo resumen de todas las respuestas de la clase política peruana inmersa en la corrupción de Odebrecht y anexos.

Nunca tienen la culpa de nada. En todo caso la culpa es de quien corrompió o de los fantasmas que no lo dejaron presidir. En el caso del mensaje presidencial de la tarde ayer aludió a que no lo dejaron gobernar y que ha tenido una hoja de vida limpia y una serie de inverosímiles estrategias verbales que nadie cree, sino es él mismo.

Y ante esta actitud no permitirle la renuncia, activarle la vacancia y que el Ministerio Público pida al Poder Judicial su impedimento de salida debería ser operado si queremos iniciar la limpieza de la política en el país. Eso en el transcurso de las próximas horas, pero si se sigue viviendo en el manto de decadencia que hemos visto los últimos años, entonces PPK será el viejito que salió de la presidencia y que no merece una persecución y duplicar esta benevolencia a los demás caudillos que están en salmuera, es decir, borrón y cuenta nueva.

Finalmente no asumir con hidalguía el rechazo popular por acciones concertadas en aras del beneficio particular y de grupo con el que nació este gobierno es de maricones. Esa entraña del país que nos acompañó desde nuestra fundación y que los videos y audios que salen no es sino publicitar lo que siempre se ha hecho con tecnología o sin ella.

En todo ese marco los que ahora tiemblan exigen que asuma Martín Vizcarra porque creen que podrían controlarlo y pactar en medio de la debilidad de grupo que tiene el ex gobernador de Moquegua. Su silencio, estratégicamente prudente, ahora le puede ser su mejor activo para iniciar verdaderas reformas que no sólo se circunscriban a lo económico y social sino y, sobre todo, a lo político. Tiene todas las competencias para hacerlo pero es obvio que PPK lo eligió a él como su vicepresidente no porque desconfiaba o pensaba diferente sino, y es lógico pensar, que comulgaba con esa visión provechosa del estado de su antecesor.

Todo será una apuesta en realidad a partir de ahora y lo único que se requiere en estos caso es apelar a la personalidad más entrañable de las personas para salir de las situaciones más complicadas como las que empezamos a vivir y ahí no cuentan ni siquiera formación académica o relaciones sociales o empresariales sino principios básicos como asumir retos que en algún momento medirán el coraje o la cobardía del que las emprende, esa finalmente es la diferencia entre los políticos buenos de los malos.

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