La cuesta de enero. Desde el poso estoico

Por Miguel DONAYRE PINEDO

He sido partícipe de tres elecciones presidenciales en el régimen parlamentario español. Casi todas las elecciones se han votado emocionalmente. El primer gobierno de Zapatero bajo los rescoldos de los atentados de Atocha. La reelección de Zapatero bajo las balas sanguinarias y asesinatos de ETA. Y la tercera, con el golpe de efecto del sector financiero a España, estaba a punto de ser declarado insolvente. Así que la gente vota con las vísceras. Desde la entrañas. Menudo país donde las razones apenas aparecen [también cuando uno menos piensa, explotan sin control. Se mueve entre la disciplina enfermiza (carca) y la anarquía gozosa e irresponsable]. En plena crisis económica han votado por el ejecutor del ajuste estructural más severo de la vida democrática de este país que vivía del cuento, como es el caso de la especulación inmobiliaria. De la renta fácil. Pero también añadir que en los gobiernos del PSOE y PP, hay una suerte de confusión con el rol político de la mujer. Me parece que los españoles y españolas todavía no dan la tecla adecuada. Explico este rollo. El español promedio – medianamente informado, se puede dividir en dos: a) en ser un calzonazos en desmesura [un saco largo conchudo, en peruano], es decir, en apostar por la promoción de la mujer en exceso y sin norte, no en el punto medio. En ambos gobiernos de signos partidarios diferentes, la mujer ha asumido la vicepresidencia y muchos cargos más a la vez, han sido y es  una todo terreno. Sabe de Administración pública como del Servicio de Inteligencia Nacional. El otro extremo, b) es de un machismo puro y duro, como se diría por aquí, de cojones. No cree en las acciones afirmativas como la ley de cuotas, en la decisión de la mujer para abortar, autoritarios a tope [sean de izquierda o derecha, que producen escalofríos], son meapilas, destierran toda alusión al multiculturalismo entre otras “virtudes”. Pero desgraciadamente para este país, el punto medio se perdió no sé en que espacio. Cruel destino.