Una niña de trenzas desde el norte económico ha revoloteado los medios de comunicación y ha llamado la atención del público con su postura sobre el cambio climático. Las redes sociales están inundadas de ella, lo que dice, lo que hace, sus imágenes están en todos lados. Primero, fue una noticia casi marginal y poco a poco fue cogiendo cuerpo hasta llegarse a encarar o afear a las personas que tienen responsabilidades políticas. Muchas de estas personas se han sentido incómodas con lo que dice o como lo dice “¿los niños y niñas siempre dicen la verdad?”. Los cierto que ahora sus reivindicaciones sobre el cambio climático es una riada imparable. En muchas ciudades ha logrado emocionar a sus compañeros de generación y han salido a la calle. He visto también que se han movilizado hasta en las capitales de ciudades del sur económico. En paralelo, suelo mirar lo que pasa en FB. Desde hace un tiempo unos niñas y niños kukama en el río Marañón, a través de sus cantos en rap, están reivindicando y protestando por sus derechos de generación a tener un medioambiente sano porque sus ríos, fuentes de vida social y cultural, están contaminados por las petroleras ante la pasividad del Estado. Exigiendo además que antes de tomar una decisión sobre sus recursos naturales estos sean consultados debidamente y con todas las garantías legales. Recordemos que detrás de un derecho ambiental está el derecho a la vida, parece que este principio se suele olvidar. Pero curiosamente, porque no, rabiosamente, también, las niñas y niños del Marañón apenas salen en los medios de comunicación ya sean locales o nacionales porque internacionales ya sería mucho pedir. Esta visión de contrapunto de las reivindicaciones internacionales es el talón de Aquiles de lo que dice Greta, la niña del norte económico ¿Por qué prestan atención a unas niñas y omiten a otras?

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