Por un evento cultural viajé a Barcelona por unos días. Un fin de semana. Pero ya antes había estado en la ciudad condal y alrededores. La primera vez fue por la fiesta de la Mercè, hace ya muchos años. Luego estuve en Girona por unos días. Posteriormente, cuando nos visitaron mis padres estuvimos un día. Fuimos muy temprano en el AVE y volvimos por la noche. También nos acompañó mi suegra en ese periplo. En otro de los viajes fuimos a Figueres para visitar el museo de Dalí. Y para terminar el verano del año pasado estuvimos unos días en Tarragona. Aunque esta vez iba solo. Por el azar y las circunstancias, mi hermana y su uso de las redes sociales, esta vez vería a mis primos Hugo y Percy, y toda su familia, a quienes no los veía por lo menos veinte años. Sí, habían pasado muchos años sin vernos. Esta vez el encuentro no era cerca al río si no al pie del Mar Mediterráneo que como buenos amazónicos el agua siempre es parte de atrezo. Mi recuerdo con ellos era básicamente de adolescentes cuando jugábamos fútbol, lo jugábamos en su huerta y eran partidos a cara de perro, muy aguerridos. Así que cuando pisé la Estación de Sants estaba Hugo esperándome. Ese día en Madrid era un día con nubes y en Barcelona con mucho sol. No nos veíamos más de veinte años ¿en qué habíamos cambiado?, ¿qué nos ha deparado la vida? Cada uno era un reflejo del otro en cuanto a la vida que hemos llevado. Hugo estaba casi intacto con su humor verraco y con las ganas de querer contarlo todo hasta nuestras dolencias y goteras que nos va dejando los años. Me invitó a cenar y allí nos volvimos a reencontrar con parte su familia quien le acompaña en este largo peregrinaje: Herlinda Reátegui (mujer de Hugo), Antonhy, Miluska (es la nuera de Hugo y Herlinda) y Carolina. También se sumó Percy (un forofo culé) con su mujer Gladys Tenorio (quien es hermana de Orlando, un compañero de colegio). Barcelona era una fiesta de las emociones. Hasta el acento del castellano cambió por el de la selva peruana. Entrar a la casa de Hugo era como ingresar a un trozo de la floresta, era recrear mi memoria histórica y sentimental. Me brotaban muchos recuerdos que cuando niño lo visitaba en su casa de la calle Trujillo para jugar a la pelota. Al día siguiente en el almuerzo lo celebramos con comida peruana amazónica y con la compañía de la poeta Ana Varela, aliñado con vino blanco y cava francés. Para cerrar la fiesta del periplo familiar barcelonés pude ver la final de Champions en la casa de Hugo acompañado de mi grito indómito ante el gol de Gareth Bale. Barcelona fue una fiesta.

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