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Bandera en Alto – Mayo 19

 

Saramiriza y Pijuayal: principios, no negocios

Por: Moisés Panduro Coral

En nuestros días, han aparecido en Loreto, Perú, patrioteros que con un empeño digno de mejores estipendios se han ocupado de lanzar sombras artificiosas, -y por eso mismo, fugaces-, sobre todos aquellos que nos hemos opuesto al paro de 48 horas de la semana pasada que, como todos conocen, devino en un fracaso anunciado, fundamentalmente porque la gran mayoría de ciudadanos, intuyó el evidente aprovechamiento del sentimiento patriótico de los loretanos en favor de intereses politiqueros mezquinos. Días después se descubrió que, en realidad, el interés tuvo un carácter monetario pues en esos días del paro, de manera sospechosa, el Gobierno Regional de Loreto realizó la licitación de un proyecto de alcantarillado cuestionado duramente por que excluye al 50% de la población iquiteña y porque existen alternativas económicas menos costosas que la que se licitó, además que su financiamiento ha sido impuesto sin consulta mediante descuentos al IIAP, la UNAP y las municipalidades distritales y provinciales, incluidas las rurales y fronterizas que reciben a fin de mes un mísero “vuelto” de canon petrolero, a pesar de que el proyecto está ubicado sólo en la ciudad de Iquitos.

De acuerdo a las deslenguadas expresiones escuchadas en estos días y a las afiebradas mentes de esos patrioteros, los que hemos señalado que detrás de la bulla del frustrado paro existían otros intereses, somos “traidores” al pueblo de Loreto. Precisamente para enfrentar la verborrea patriotera voy a emplear mis escritos personales que quedan como testimonios para la historia, por que las palabras se las lleva el viento. Tan cierto es este aserto que pocos se acuerdan que algunos patrioteros de hoy son los verdaderos traidores de ayer. Yo creo por eso que hay que recurrir de vez en cuando a los archivos del pasado para refrescar la memoria en el presente.

Empiezo. En 1998, indignado, como miles de ciudadanos peruanos, por la inequidad del Tratado de Itamaratí que Alberto Fujimori se aprestaba a firmar con Jamil Mahuad, y por la forma artera con que el Congreso de la República trató el tema para aprobarlo, escribí un artículo que fue publicado en el diario “La República” gracias a la intermediación de mi compañero Mauricio Mulder, por entonces jefe de la página internacional de dicho diario, y a la generosidad de don Gustavo Mohme. El artículo que fue publicado en los días de la firma del Tratado se titulaba “Acerca del voto de conciencia” y criticaba acremente la posición de los congresistas acusándoles de aprobar un instrumento internacional que el pueblo de Loreto rechazaba, específicamente en la concesión de Saramiriza y Pijuayal. Los patrioteros de ahora que, en ese entonces, se abrazaban con Fujimori y sus generales en cierto punto fronterizo, deberían revisar ese artículo por que resume en gran parte la posición de los apristas de Loreto.

Nuestra posición de esa época no ha cambiado. Nunca cambió. En la oportunidad que tuve de dirigir un programa radial en Contamana la posición editorial respecto de Saramiriza y Pijuayal fue la misma. Yo escribía mis editoriales y por eso puedo testimoniar ahora. Algunos párrafos de esos editoriales los republiqué en el artículo titulado “Preludios del 24 de Octubre” publicado en este diario. Lo pueden encontrar en los archivos de Octubre del 2007. Antes de esa fecha, en Junio de ese mismo año, diez años después de haber delineado nuestra posición, aquí en Pro y Contra también, sostuve en un artículo titulado “Exoneraciones, Saramiriza y Pijuayal” que si algún dispositivo expedido por el gobierno del Presidente García representa efectivamente la ejecución de la entrega de esos centros de comercio y navegación, en cumplimiento de los acuerdos derivados del Tratado de Itamaratí, aún cuando doctrinariamente sea un convencido de la integración latinoamericana, “seré uno de los primeros en oponerme porque desde hace una década hemos venido sosteniendo que dicho acuerdo es inejecutable debido a la flagrante inequidad del Tratado, desfavorable en muchos aspectos para el Perú”.

En el mismo artículo agregué seguidamente que “está muy bien que el pueblo se movilice por Saramiriza y Pijuayal. Sólo que no hay que dejar que el mercantilismo regionalero se aproveche del sentimiento patriótico para meternos el contrabando y la defraudación como una práctica aceptable de enriquecimiento ilícito, porque eso es antipatriótico. Tampoco hay que dejar que los que ayer nomás sufrían de mudez frente a las tropelías del dictador, o prefirieron mirar desde el balcón o comportarse como celestinas del extraditable, aparezcan ahora como los ‘defensores’ de una soberanía que va mucho más allá de su oportunismo ramplón… Sin distraer la unidad del movimiento popular en torno a Saramiriza y Pijuayal, nuestro deber es quitarles la máscara a éstos y a aquellos”. Y eso, mis queridos lectores, es lo que estamos haciendo.

Otro testimonio de nuestra posición inclaudicable lo pueden encontrar los patrioteros en un escrito mío que lleva el título de “Enclave en Pebas, su inejecutabilidad” publicado en el semanario católico “Kanatari”, me parece que de Agosto del 2007. En ese escrito que expresa mi opinión, no me quedé en el cliché chauvinista de “ni un ladrillo ecuatoriano en el Amazonas”, sino que llegué a fundamentar las razones legales, técnicas y geopolíticas por las cuales la cesión de un centro de comercio y navegación a favor del Ecuador en el Pijuayal no es favorable para el Perú y, por ende, debe tornarse inejecutable. Léanlo patrioteros, para que puedan sustentar, por lo menos la posición de Loreto. Igual pueden revisar los artículos “Territorio, identidad y desarrollo” y “nacionalismo e integracionismo” publicados en setiembre y noviembre del 2009 en este diario.

Muchos años después, mi opinión no sólo se ha afirmado, sino que se ha institucionalizado. Como prueba les transcribo el Acuerdo Nº 7 del IV Plenario Regional de Loreto de mi Partido realizado a mediados de abril de este año, y del que, a mucha honra, soy Secretario General: “Solicitar al compañero Presidente de la República y al Ministro de Relaciones Exteriores que, en armonía con la opinión multánime del pueblo de Loreto y con la posición primigenia del Partido expresada en pronunciamientos, manifiestos y acciones de diverso carácter en 1998, en el marco de la lucha contra la dictadura, se excluya a las localidades de Saramiriza y Pijuayal como sede de encuentros relacionados con la implementación de centros de comercio y navegación en dichos lugares, pues es un tema altamente sensible en Loreto y tratándose del lado más inequitativo del Tratado de Itamaratí, la mencionada implementación ha sido declarado inejecutable por el pueblo de Loreto, declaratoria que ha sido respaldada por el aprismo loretano”.

Mi posición, como verán, es una sola a través de los años. Y es que para mí la política y el patriotismo son una cuestión de principios, no un asunto de negocios como lo son para ciertos patrioteros.


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