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Arrinconado en los folios de Quito

Mi vuelta a Quito era después de varios lustros. Me pareció entonces muy acogedor, pero en la actualidad lo sigue siendo. Las personas quiteñas son muy amables con el peregrino – es una palabra, la del peregrino, que le encanta a mi padre. Aunque debo decirlo que también muchas cosas han cambiado. Recuerdo que el aeropuerto estaba a tiro de piedra de la ciudad, no era tan distante. El aeropuerto de estos días está más lejos de la ciudad, han hecho una autopista  que la conecta y la sentí muy lejos. Entonces, hace años y ahora no sentí los efectos de la altura en un primer momento. Los sentí cuando tenía que caminar donde sí me sentía más agotado. Recuerdo haber pateado el centro histórico, en estos días también lo hice en medio de una campaña de promoción de la bicicleta, parte del centro tenía el acceso limitado para carros, lo cual era un buen rédito para los caminantes que pudimos disfrutar más la ciudad. Así llegamos al Museo de la ciudad – me parece que hace veinte años ignoraba de su existencia. Hoy es un acogedor museo donde nos dan pistas de la actual ciudad que crece vertiginosamente en las laderas circundantes. Muy de mañana y con el cielo limpio puedes ver las montañas que rodean la ciudad e inclusive los volcanes más cercanos. Uno de los cambios de la ciudad fue la librería Libri Mundi, la que conocía era una que quedaba por el centro de la ciudad y me pasé horas husmeando libros, disfruté mucho. Hoy esta librería es una franquicia que está en muchos lugares de la ciudad, es más moderna. Sin embargo, confieso que me gana la morriña por la librería que visité hace años. También me recomendaron otras franquicias donde poder encontrar los libros que buscaba. Una de esas librerías que busqué con afán fue la de Abya- Yala. Un librero en Manta me dio la dirección y en Quito fui a visitarla. Estaba al frente de la sede del Tribunal Constitucional y en medio de muchas universidades. Allí en la librería, en la segunda planta, encontré a un librero muy diligente. Me mostró los libros que quería y las últimas publicaciones de la editorial. Me compré varios libros que están en El Olmo. Fue una grata conversación que la sellamos con un apretón de manos. A pesar de los cambios Quito nos sigue enamorando.

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