Una lectura lleva a la otra como suele suceder en la patria de los libros. Así me llevó al mundo de Robert Walser y de su novela corta o cuento largo “El paseo”. Era un escritor suizo autodidacta y errante, reza la tapa dura del libro. Muy peculiar por su forma de mirar al mundo, decían que Kafka gozaba con sus libros y lograba sacarle alguna sonrisa (todo un logro al rostro serio del escritor de Praga), que Elías Canetti disfrutaba de sus historias. También en ese grupo de admiradores estaban Musil, Walter Benjamin y Claudio Magris. Una de esas joyas que produjo es “El paseo” y desde ese momento de la lectura empaté con él por su manera de ser errabunda y de brujulear finamente el mundo en que vivía. Como fisgón miraba entre las rendijas lo que nos muestra la existencia. Así me encaminé a leer su novela corta. A unas líneas de empezarla me llamó la atención que al iniciar el mundano paseo señalase: “Podría añadir que en la escalera me encontré a una mujer que parecía española, peruana o criolla”. Mi observación es con el ánimo de ensanchar la rendija de Walser ¿Cómo pudo señalar que la mujer con la se cruzó en la escalera fuera, primero española ¿tenía algún rasgo en particular?, ¿acaso era su vestido? Seguidamente añade peruana – confieso que eso sí zangoloteó mis emociones, ¿cómo pudo saber que se parecía a una mujer peruana?, ¿tuvo contacto él con alguna mujer peruana para identificar sus rasgos de su rostro?, ¿esta persona le habló de Perú?, ¿Qué o Quién?, ¿la conoció en el sanatorio donde él vivía? Sí, seguimos haciendo preguntas casi en modo tiquismiquis ¿Cómo pudo confundirlas?, ¿acaso toda mujer morena es española o peruana? Ya para más inri el escritor del Biel en su duda de saber la identidad de esa mujer añade “o criolla”, es decir, una mujer mestiza, de mezclas, híbrida ¿llevaba un censor de identidades culturales Walser en la cabeza? Una palabra en un relato lo puede cambiar todo o casi todo en el paisaje que se cuenta.

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