No sé desde cuando las historietas y comics ingresaron en la vida errabunda de mi niñez ¿Fue en Chiclayo, Pisco o Lima? Aparte de mi pasión febril por el fútbol que de lateral izquierdo trasmuté en portero. Lo cierto es que pasaron a ser unos buenos compañeros de la imaginación de párvulos y en los viajes ¿Habrá sido en los arenales de Pisco? Allí en el desierto y frente al mar jugando con los amigos a parecernos a estos personajes, a darles vida. Uno quería convertirse en piedra, otro en una tea humana, o ser una persona invisible para pasar desapercibido entre la gente y escuchar como hablaban mal de los demás. Esos superhéroes daban para mucho para unos mocosos como nosotros. Habían unas islas que se divisaban desde la playa donde jugábamos ¿queríamos las facultades de estos héroes imaginarios para ir a esos islotes que en su momento fueron la joya de la corona por su explotación del guano en Perú?, ¿buscábamos esas islas para nuestras utopías infantiles? Creo que ante todo buscábamos la justicia, luchar denodadamente para imponerse al mal. O quizás los comics llegaron cuando estábamos en Chiclayo en una casa lúgubre que nos generaba muchas pesadillas y la mejor manera para combatirlas era sumergirnos en estas historietas. En Chiclayo recuerdo que las historietas convivían con las narraciones de mi nonna Natividad. Cada historieta nos transportaba a otros lugares, otros escenarios. Creo que no eran historias tan retorcidas, sencillas que nos mostraban la lucha entre el bien y el mal. Claro, cuando vas creciendo te vas dando cuando los muchos pliegues que existen en los vastos territorios del bien y del mal. Por estos días salió la noticia que uno de los creadores de estos seres fantasiosos que poblaron mi niñez había fallecido, Stanley Martin Lieber, conocido como Stan Lee, cuentan que cuando era niño ante las peleas caseras se refugiaba en las películas de Errol Flyn y las buenas lecturas, que en paz descanse y gracias por esos momentos que nos dio.

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