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Tamshiyacu: La revolución del cacao

Al escucharlo uno entiende su mirada. Su optimismo. Pues él mismo relata que antes sembraba para subsistir. Hoy, con la asistencia técnica de personas como Oscar Grández y Dante Contreras, va mejorando sus ingresos y sabe que en los siguientes años le irá mejor. Ya no dependerá del plátano o la piña sino del cacao.

La mayoría de proyectos agroforestales en la región Loreto han fracasado. El de siembra de cacao en el distrito de Fernando Lores iba camino a ello. Se indica que el trato que dieron a la gente y el maltrato al medio ambiente por parte de los empresarios iniciales fue el detonante. Maltrataban a los propietarios oriundos de la zona y no respetaban ni los pases de agua de las quebradas. Es decir, permanente conflicto con el hombre y el bosque. Los periodistas que acompañan en el periplo por estos sembríos coinciden en afirmar que así era. Desde el primer momento el principal funcionario de Tamshi, Lars Reyes, se encarga de decir que la actual administración es diferente, que los nuevos dueños tienen una visión distinta. Ver para creer.

Oscar Grández, funcionario de esta nueva administración y también la antigua, ratifica lo dicho por Reyes. Como ingeniero agrónomo egresado de la Universidad Nacional de San Martín conoce “el milagro” de esa región. Contrariamente a lo que la mayoría de loretanos “ilustrados” repiten, el progreso de la gente de San Martín no se ha dado por la eliminación del reintegro tributario o porque el Estado ha mirado a la Selva de una manera diferente y ha multiplicado la inversión. Eso es un espejismo que han repetido algunos como loros. La verdadera revolución en San Martín se ha dado por la proliferación de los sembríos de cacao y de café. Dicha región produce el 40 por ciento del café que se siembra en el Perú. Tiene más de 50 mil hectáreas de cacao. Es decir, en cantidad llevan la delantera a otras regiones. Sería iluso competir con esa inmensidad. Pero, como se sabe, hay otras competencias. La calidad, por ejemplo.

Por eso ha llegado a las tierras de Tamshiyacu el chocólogo Dante Contreras. Natural de Tingo María. Él radica en esas tierras que antes daban piña y humarí en cantidades industriales. Dante es el responsable o encargado que en un futuro no muy lejano desde las 1,600 hectáreas sembradas de cacao brote el fruto que sea la materia prima principal para que cuando un ciudadano del mundo coma chocolate compruebe que su origen es el cacao más fino del mundo. Está encargado del proceso de fermentación y secado. Con termómetro en mano explica las particularidades del proceso y mientras nos invita a probar “jugo de cacao” fresco o un poco fermentado, va contagiando su entusiasmo. Por coincidencia en la zona están algunos biólogos que, más que nosotros, están impresionados con lo que han visto. Más allá un alumno de Agronomía de la UNAP riega el cacao como parte de la tesis que está elaborando. Y es que recorrer las tierras donde están el millón 600 mil plantaciones de cacao es alucinante. Pero, sobre todo, alentador.

En estas tierras un agricultor como Benito Pérez, nos explica cómo ha cambiado su vida desde que comenzó a sembrar cacao. “Nadie me creía”, dice mientras regala a los visitantes una parte de la cosecha del día. Al escucharlo uno entiende su mirada. Su optimismo. Pues él mismo relata que antes sembraba para subsistir. Hoy, con la asistencia técnica de personas como Oscar Grández y Dante Contreras, va mejorando sus ingresos y sabe que en los siguientes años le irá mejor. Ya no dependerá del plátano o la piña sino del cacao.

Si lo de Benito es alentador, lo que sucede en Terrabona, en las orillas del río Amazonas es esperanzador. Ahí nos recibe Segundo Tuanama, agente municipal, que con su hablar pausado y pícaro muestra su alegría porque le han ayudado a cambiar de siembra pero, sobre todo, a trabajar en comunidad. Colectivismo que el liberalismo enseña, dirán algunos. Ellos se han organizado y 16 comuneros tienen 20 hectáreas que, más adelante, aumentarán. Están más entusiasmados que los propios ejecutivos de Tamshi. Tienen energía eléctrica, asistencia técnica, apoyo en salud y educación y, como siempre, cada vez que el Estado les niega apoyo, está la empresa para solventar prioridades. Ellos mismos dicen que, como el postulado asiático, no les dan el pescado sino que les enseñan a pescar. Y en esa pesca están comprometidos hombres y mujeres. Tanto así que aquello que el poblador ribereño de Loreto es dejado y haragán para el trabajo de campo será parte de la historia si es que, como se prevé, los sembríos de cacao tienen el éxito esperado.

Una de esas mujeres es Ludiena Salas Arévalo. Con una sonrisa innata y una picardía piropeante ofrece “su” cacao a los visitantes. Tiene una hectárea en la empresa comunal y recuerda que las verduritas que sembraba eran de subsistencia y hoy piensa en sembrar una hectárea más. “Si sola he podido sembrar una hectárea, hoy que tengo pareja puedo sembrar más”, dice sonriente mientras nos lleva por un caminito de concreto que “se hizo en la época de Fujimori”. Pero lo maravilloso no sólo es su siembra y entusiasmo sino su concepción de la vida y del progreso. No está pendiente de los resultados electorales. Es más, no sabe nada de las transferencias y del alcalde que se va ni del que vendrá. “Cuando me preguntaban por quién voy a votar siempre respondía que eso no me interesa”, dice. Y le creemos. Porque mientras entrega un par de frutos de su sudor reafirma que con el cacao encontró el camino para su desarrollo y progreso.

Tamshiyacu será el ejemplo de Loreto. Solo tendrán que seguir el camino del cacao. Con ello tirarán por la popa o la proa aquello que no se puede dar un desarrollo agrícola en Loreto. Si las tierras son buenas, fértiles. Tanto así que crece la comelina, planta autóctona de la selva que protege el suelo en la parte orgánica. Es decir, la naturaleza ha sido prodigiosa con la Amazonía. Mensualmente se mueve más de un millón de soles en torno al cacao en Tamshiyacu. Eso revitaliza la economía local. La mueve, innegablemente. Todo ello con la asistencia técnica de profesionales de San Martín que, con la experiencia de esa zona, han llegado a Loreto y se han quedado maravillados de las posibilidades de la agroindustria en el distrito de Fernando Lores. El cacao está provocando una revolución en Tamshiyacu que ni los más “ilustrados” planificadores lo han previsto. De hecho que hay algunos riesgos en la inversión y en el trabajo de la tierra. Pero es preferible correrlos en busca del beneficio del poblador amazónico antes que dejarse llevar por la dejadez. Es preferible equivocarnos en el entusiasmo que provoca ver tanto cacao sembrado y tantos rostros varoniles y femeninos que someternos al designio histórico que nos han repetido sin mayores pruebas que nuestras tierras no sirven para la agricultura y que los nuestros son haraganes milenarios que prefieren el pescado antes que el anzuelo para su progreso. Esa revolución silenciosa que se gesta en esas tierras muy pronto dará que hablar y ojalá nadie se quede fuera de ese coro.


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