Skip to content

Mi amigo Dongo

Mi amigo Dongo

Mi amigo Dongo sería incapaz de tocar a una mujer sin su permiso y menos a una menor de edad. Por eso no creo en esas imputaciones que le han hecho a mi amigo Dongo por quien yo sí pondría las manos al fuego aunque esto signifique quemármelas una vez más. He conocido a mi amigo Dongo durante más de quince años y es un señor desde cuando lo vi por primera vez en la Universidad. Jovial, cabellos más largos de los acostumbrados a su edad, alto, un poco delgado entonces, aplicado para con las materias, responsable y siempre respetuoso, a su manera claro, pero eso sí, con las damas era un pan de Dios.

Agudo para las bromas, sereno para las respuestas académicas, informado para las conversaciones públicas y políticas. Eso sí, hincha acérrimo del Alianza Lima, una vocación que iría perdiendo con el pasar de los años, una vez que su inteligencia de hombre adulto lo llevara a la coherencia. Alguna vez se enamoró de una compañera de estudios y recuerdo como repasaba miles de versos de autores que por primera vez conocía para poder entregárselas a la dama que poca gracia tenía para este tipo de afectos. Años después, cuando la vio casada con su compañero de estudios, ni se asombró, por el contrario, ensalzó el gusto del hombre y la belleza perdida de la dama.

Por eso me asombran, cuando intentan dañar la imagen de un hombre fiel a sus costumbres de sobriedad. Cuando alguien por ahí denunció que había cometido diversas faltas a la moral contra unas damas, fui el primero en no creer ninguna de ellas y muy por el contrario me puse a su lado sin escuchar siquiera la explicación de estas denuncias que para mí serían inventadas tras un contubernio de personajes en todos los ámbitos que querían traerse abajo la reputación de un hombre intachable.

Sin que me lo pidiera me puse a su costado y armé  toda una estrategia para desprestigiar a los enemigos de Dongo. El “flaco”, como aún lo llamo cada vez que conversamos, nunca me lo pidió y tampoco me lo agradeció, solo pensé que era mi obligación, que él hubiera hecho lo mismo por mí, a pesar que no nos veíamos largos años.  Seguramente me hubiera buscado y con esa misma complicidad de años universitarios, con la fantasía y la imaginación de un saboteador de campañas, hubiera enredado las cosas para que por un resquicio de confusión generalizada yo salga libre de toda acusación.

Luego seguramente nos reiríamos de cada uno de los enemigos y al igual de las parodias argentinas de los primeros programas de cable internacional que tanto nos gustaban, y acompañado de un vino ligero, nos reiríamos de la incapacidad de poder destruir la honra de un amigo que para unos ha caído en desgracia y  para otros pocos sólo ha vivido un capítulo más en su zigzagueante biografía.

No podría decir que tomaríamos hasta el fin de los días porque él era un hombre totalmente abstemio. Esa condición era un aspecto que nunca alcanzamos a comprender los que lo conocíamos. ¿Cómo un hombre tan ido de la realidad para encarar las cosas podía hacerlo y aguantarlo sin un solo sorbo de licor? Era increíble verlo emborracharse con nuestras conversaciones mientras nosotros tomábamos de todo y el sólo calentaba su vaso con agua mineral, hasta podría jurar que se emborrachaba más que todos sin haber probado una sola gota de licor macho.

Dongo ahora está tranquilo porque sabe que los que lo queremos lo seguimos apreciando de la misma manera. Nada habrá cambiado cuando lo vea porque una persona dedicada a las comunicaciones sabe lo volátil que pueden significar las palabras en el aire. Él está tranquilo en su bodega ejemplar, ordenada, legal y fiscalizada por todos, allá en el barrio de San Lázaro, donde cuida a su madre y su hermano con la pasión que sólo tiene un hijo menor. Un día de estos voy a ver a mi amigo Elmer Dongo Arrasco, “el flaco” un señor que jamás tocaría a una dama sin su permiso, menos a una niña, eso significaría para él un suicidio ante la sociedad y algo con lo que no podría vivir.

Lea www.federicoabril.blogspot.com


Notice: ob_end_flush(): failed to send buffer of zlib output compression (0) in /secondary/proycontracom/public_html/wp-includes/functions.php on line 5275