Gerald Rodríguez

El Índice de Competitividad Regional (INCORE) 2026, elaborado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), vuelve a colocar a Loreto en el último lugar del país entre las 25 regiones evaluadas, con un puntaje de apenas 3,6 sobre 10. Aunque este resultado no constituye una novedad, sí representa una evidencia contundente de un problema estructural que el Perú no ha logrado resolver durante décadas. Más preocupante aún que ocupar el puesto 25 es la aparente normalización de este resultado, que ha dejado de generar indignación, debate público y acciones concretas. En consecuencia, el caso de Loreto plantea una pregunta fundamental: ¿por qué una región con la mayor riqueza natural del país continúa siendo la menos competitiva? Para responder esta interrogante es necesario comprender que la competitividad regional no se limita al crecimiento económico. El INCORE evalúa dimensiones como educación, salud, infraestructura, instituciones, mercado laboral, entorno económico, innovación y sostenibilidad ambiental. Es decir, mide las condiciones que permiten a una región generar bienestar y oportunidades para su población. Desde esta perspectiva, el último lugar de Loreto refleja profundas deficiencias acumuladas durante décadas en políticas públicas, inversión estatal y articulación territorial.

Uno de los principales factores que explica esta situación es el aislamiento geográfico. Loreto posee una extensión superior a los 368 mil kilómetros cuadrados, siendo la región más grande del Perú. Sin embargo, no cuenta con una carretera que la conecte directamente con el resto del país. El transporte depende principalmente de los ríos y del transporte aéreo, lo que incrementa considerablemente los costos de producción, comercio, educación y atención sanitaria. Mientras otras regiones pueden movilizar mercancías y personas mediante una extensa red vial, Loreto enfrenta sobrecostos permanentes que limitan su competitividad. No obstante, el aislamiento geográfico por sí solo no explica el rezago. Existen regiones en otros países con condiciones similares que han logrado importantes niveles de desarrollo gracias a políticas públicas eficientes y sostenidas. El verdadero problema radica en la limitada capacidad del Estado para planificar e implementar proyectos de infraestructura, educación, salud y desarrollo productivo adaptados a la realidad amazónica. Durante muchos años, las inversiones públicas han sido insuficientes, discontinuas o poco articuladas entre los diferentes niveles de gobierno.

La educación constituye otro de los pilares donde Loreto presenta importantes desafíos. Persisten brechas significativas en infraestructura educativa, acceso a tecnologías digitales, formación docente y logros de aprendizaje. Estas limitaciones reducen las oportunidades de los estudiantes para incorporarse posteriormente a un mercado laboral competitivo. Una región con bajos niveles educativos enfrenta mayores dificultades para atraer inversiones, generar innovación y fortalecer su capital humano, elementos indispensables para impulsar el desarrollo económico. A ello se suma la problemática del sector salud, especialmente en las zonas rurales y comunidades indígenas. El acceso limitado a establecimientos de salud, la escasez de especialistas, la elevada incidencia de enfermedades tropicales y los persistentes índices de anemia y desnutrición infantil afectan directamente el desarrollo humano. Una población con problemas de salud presenta menor productividad laboral, menores niveles educativos y mayores condiciones de pobreza, configurando un círculo vicioso difícil de romper.

Otro aspecto determinante es la limitada diversificación económica. Aunque Loreto posee enormes recursos naturales, gran parte de su economía continúa dependiendo de actividades extractivas como la explotación petrolera y forestal, cuyos beneficios muchas veces no se traducen en mejoras sostenibles para la población. Existe un enorme potencial en sectores como el turismo ecológico, el biocomercio, la investigación científica, la bioeconomía y el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad amazónica. Sin embargo, estos sectores aún no reciben el impulso necesario mediante políticas de innovación, financiamiento e infraestructura. Asimismo, la calidad institucional constituye un factor crítico. La inestabilidad política, la corrupción, la baja capacidad de ejecución presupuestal y la escasa continuidad de las políticas públicas han debilitado la confianza ciudadana y reducido el impacto de numerosas inversiones. Muchas obras quedan inconclusas, mientras otras no responden a las verdaderas necesidades de la población. En consecuencia, la gestión pública pierde eficiencia y limita el desarrollo regional.

Sin embargo, atribuir toda la responsabilidad únicamente al Estado sería simplificar excesivamente el problema. La competitividad regional también requiere la participación activa del sector privado, las universidades, las organizaciones sociales y la ciudadanía. Las instituciones de educación superior, particularmente la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP), están llamadas a liderar procesos de investigación e innovación orientados a resolver los problemas específicos de la Amazonía. La formación de profesionales comprometidos con el desarrollo regional constituye un elemento esencial para transformar la realidad loretana. Igualmente, resulta indispensable fortalecer la articulación entre el Estado, la empresa privada y la academia para promover proyectos productivos sostenibles que generen empleo formal y valor agregado a los recursos amazónicos. La riqueza biológica de Loreto representa una ventaja competitiva única a nivel mundial que aún permanece subutilizada. La bioeconomía, la investigación farmacéutica, el turismo científico y el desarrollo de cadenas productivas sostenibles pueden convertirse en motores del crecimiento regional si se gestionan adecuadamente.

El resultado del INCORE 2026 no debe interpretarse como una condena permanente para Loreto, sino como una oportunidad para replantear el modelo de desarrollo regional. Más que competir con otras regiones, el verdadero desafío consiste en construir condiciones que permitan mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Para ello se requiere una visión de largo plazo, políticas públicas estables, inversiones estratégicas y una participación activa de toda la sociedad. El último lugar que ocupa Loreto en el INCORE 2026 constituye el reflejo de problemas históricos que trascienden a un gobierno o una gestión específica. Las brechas en infraestructura, educación, salud, institucionalidad y desarrollo productivo continúan limitando su competitividad. Sin embargo, la extraordinaria riqueza natural, cultural y humana de la Amazonía ofrece oportunidades excepcionales para revertir esta situación. El mayor riesgo no es ocupar el último lugar del ranking, sino aceptar esa posición como algo inevitable. Transformar a Loreto exige liderazgo, planificación, inversión sostenida y un compromiso colectivo que convierta el enorme potencial amazónico en verdadero bienestar para las generaciones presentes y futuras.

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