JULIO VELARDE: LO QUE HIZO EL APRA CON NUESTRA GENERACIÓN…
ESCRIBE: Jaime A. Vásquez Valcárcel
Ya sabemos que, en el espacio tiempo histórico, los apristas creen que “los comunistas” son el cuco, el chullachaqui, digamos. Como creen que “los izquierdistas” les ganan los sectores populares, entonces en la interna y públicamente en la última segunda vuelta han dado la consigna que “cualquiera, menos un rojo”. Sin pensar que “esa cualquiera” reivindicó a su padre Alberto, ese que estuvo a punto de matar, según la propia narrativa aprista, a Alan García Pérez. Como si el 0.963% que obtuvieron con los 161,248 votos logrados el 12 de abril les diera un impulso nuevamente, como históricamente lo hicieron, han pedido a sus militantes que no voten por el comunismo. Se olvidaron que ese comunista tan solo con un sombrero quedó en segundo lugar relegando a la estrella aprista al puesto 14, después incluso de Fernando Olivera que, vamos, ya es decir bastante. No vamos a decir que, como a los apristas tanto les gusta, no tienen autoridad moral para hablar en nombre del pueblo, pero por lo menos no tienen autoridad electoral.
Los de mi generación hemos sobrevivido al gobierno aprista. Así que de cucos y demás demonios lo conocemos. Si sobrevivimos al primer gobierno de Alan García ya estamos inmunizados para todo desastre gubernamental. No vamos a repetir las cifras y frases de apristas y no apristas que tratan de justificar el desastre del primer gobierno con la explicación de las pequeñas bondades del segundo gobierno. Felizmente para los de mi generación es poco probable que tengamos que padecer un tercer gobierno con un aprista en Palacio de Gobierno.
Julio Velarde, presidente del Banco Central de Reserva, en un auditorio lleno de apristas, apristones y jóvenes que no han vivido la catástrofe del gobierno 1985-90, ha dicho con claridad lo que fue ese quinquenio. Más de la mitad de los 840 segundos que habló Velarde lo explicó con la didáctica de un pedagogo.
La generación más joven, probablemente, dijo que ha escuchado hablar de la hiperinflación peruana de finales de los años 80 como un episodio lejano de la historia económica. Sin embargo, para quienes la vivimos, fue una tragedia cotidiana que destruyó salarios, ahorros, pensiones y el futuro de millones de familias. Describió con crudeza el colapso económico heredado del primer gobierno aprista de Alan García. “La inflación no la conoce la gente más joven”, señaló Velarde, antes de explicar cómo el dinero literalmente desaparecía de valor en cuestión de días. Apenas los trabajadores cobraban sus sueldos, corrían desesperadamente a los bancos para cambiar los intis por dólares, intentando salvar algo de poder adquisitivo antes que los precios volvieran a dispararse. No fue necesario que nombrara a “los cheques/billetes” o “inflación bruta e inflación neta” porque dijo que “los precios realmente en tres meses se estaban más que duplicando”.
El drama golpeó especialmente a jubilados y trabajadores asalariados. Según relató Velarde, una persona que en 1985 tenía una pensión equivalente a mil dólares terminó en 1990 recibiendo apenas el equivalente a un dólar mensual. “La inflación se había comido todo”. El daño no fue únicamente individual. La economía peruana colapsó de manera generalizada. El producto per cápita cayó más de 10% durante los años 80 y el país tardó 36 años en recuperar el nivel de ingreso que había perdido.
Velarde también narró los dramáticos primeros días de 1990, cuando fue convocado para integrar el equipo económico encargado de enfrentar el desastre fiscal y monetario dejado por el gobierno aprista. Con la voz firme y la mirada hacia el auditorio donde, seguro, había también “comunistas”, eso de comunistas entre comillas dijo: “No había nada en la caja”. El Estado no tenía dinero ni siquiera para pagar sueldos a policías y trabajadores públicos. Las reservas internacionales eran negativas y el gobierno necesitó un préstamo inicial del Banco Central simplemente para poder seguir funcionando. En medio del caos, el nuevo gobierno, es decir Alberto Fujimori, aplicó un brutal ajuste económico. Los combustibles subieron hasta 3,800% de un día para otro. La población reaccionó con miedo y angustia, mientras el país entero sentía que caminaba al borde del abismo.
La sensación generalizada era, exactamente, que el Perú necesitaba ayuda divina para sobrevivir al desastre económico. “Que Dios nos ayude” fue la frase repetida por los peruanos después que un funcionario invocó a la Divinidad. Se terminaron los préstamos y la independencia del Banco Central fue una de las lecciones más importantes que dejó la catástrofe económica de los años 80.
Ya los peruanos habíamos visto desaparecer los ahorros, los negocios, los ingresos en pocos años. Nuestra generación entera aprendió a desconfiar de la moneda nacional y a sobrevivir en medio de una economía destruida. Los (apristas y sus amigos) que acudían al dólar MUC se salvaban. Los que sobrevivimos al primer gobierno de Alan García quedamos inmunizados frente a cualquier crisis económica posterior.
Lo más importante de la visita de Julio Velarde fue que recordara, a quienes quisieran recordar, lo que fue ese gobierno aprista donde la leche “Enci” era para quienes tenían acceso a la teta de la vaca, donde el arroz monopolizado por “Ecasa” servía para el concolón de quienes tenían el carnet aprista ya sea auténtico o falsificado. Lo más anecdótico fue el “besamanos” informal que provocó Velarde en la parte final de su doctorado Honoris Causa porque permitió apreciar que, más allá de los méritos burocráticos del agasajado, muchos siguen con esa costumbre tan heredada de buscar “una fotito hermanito”. Entre lo importante y anecdótico claro que, por lo sufrido por mi generación, nos quedamos con ese Velarde que nos recordó que el Apra nunca muere aunque haya intentado matar de hambre a millones de peruanos





