ESCRIBE: Jaime A. Vásquez Valcárcel

*Una luchadora que, más allá de enfrentarse al monstruo de “la Quinta Vergara”, tiene que enfrentarse a un público que dice que la quiere y ama y que valora su canto y que cuando se organiza sus conciertos se niega a pagar una entrada porque cree que “los artistas viven de los like y comentarios” en las redes sociales.

Mientras las redes explotaban contra la decisión del jurado de Viña del Mar 2024, Lita Pezo daba una lección de madurez y profesionalismo poco común en mujeres, y hombres para ser inclusivos, y en 33 segundos fijaba posición: “Esto es un concurso, todo puede pasar, es algo que desde muy chiquita ya estoy acostumbrada, pero eso no nos define, un no, una puerta cerrada, un concurso no ganado no nos define, voy a seguir luchando por mis sueños, por mí, por la familia y por toda la gente que ha confiado en mí desde un inicio, un beso grande para todos”.

La protesta no solo era local, es decir de los loretanos. El twiter oficial de Viña del Mar en segundos se llenó de mensajes de todas partes del mundo criticando con dureza al jurado y con un mensaje de “Lita es la ganadora del festival”. Sólo los integrantes del jurado cambiaron de votación, porque el público con sus aplausos y los televidentes con el voto virtual fueron consecuentes. El jurado decidió otorgar a Lita Pezo 2.7 puntos en la final de la competencia habiendo ella misma logrado, sin contar con el voto incógnito, 6.1 y 6.3 en las dos primeras presentaciones. En el promedio final tuvo 6.5 por encima de los demás y sólo se esperaba que ese promedio se ratificara en la decisión final. Los números favorecían a Lita.

Algo extraño habrá sucedido para que los miembros del Jurado varíen de un día para otro los 6 y 7 puntos que le otorgaron las dos primeras fechas. Y la última noche le hayan dado 2 puntos en promedio los ocho “expertos en música”. Sólo así se entiende los 2.7 que el notario del festival certificó la última noche. La mayoría de televidentes hemos apreciado con sorpresa, cólera y algo de impotencia la decisión final. No será la última vez, porque tampoco es la primera, que la decisión del Jurado en una competencia genera todo tipo de críticas, sobretodo de los que no coinciden con el resultado final. Sucede en los concursos literarios y en todas las artes. En todas las artes hay malas artes y malos perdedores. La diferencia es que muchas se dicen calladamente o se insinúan en conciliábulos, como en las decisiones de los concursos convocados por el Ministerio de Cultura, por ejemplo.

Sin embargo, varios detalles hay que tomar en cuenta sobre Lita Pezo y su participación en Viña del Mar. No es tan cierto que haya un antiperuanismo chileno que determine el resultado. Si fuera así en el 2019 Susan Ochoa no habría logrado los dos premios: mejor intérprete y gaviota de plata. Las trece gaviotas de plata ganadas, la mayoría en la competencia folklórica a los largo de los 65 años de festival contradicen ese antiperuanismo. En 1999 Jessica Sarango se llevó también dos gaviotas de plata. Jorge Pardo también ganó la competencia internacional y mejor intérprete. Eduardo del Perú, Jean Paul Strauss fueron otros de los galardonados. ¿Es verdad que en un festival cualquier cosa puede suceder? Es verdad. Los mismos participantes pueden dar fe de ello. No siempre es así. Pero sucede. Sea en Viña del Mar, en Requena, Iquitos o Tamshiyacu. Después de lo visto este 2024 en Viña del Mar se puede deducir que no es la excepción. Sin reducir la calidad de los peruanos que participaron y ganaron en años anteriores, la canción de Lita en fondo y forma es mejor. Recuérdese además que cuando ganó Susan Ochoa, una de las que integraba el Jurado, Yuri, declaró a manera de denuncia con su peculiar estilo que le habían “casi obligado” a no votar con alto puntaje hacia la peruana y que ella se negó. Con este antecedente lo más probable es que haya sucedido lo mismo contra Lita y que los integrantes del Jurado no hayan tenido la actitud valiente e independiente de Yuri para que prevalezca la calidad y no la cantidad de presión de las disqueras, por ejemplo.

Para entender el comportamiento de Lita solo es necesario escuchar la letra de su canción. Esa que compuso junto a José Abraham y que tiene pinceladas de su propia vida. Vida que pocos conocen y que a veces es contraria a las luces y aplausos que cosecha desde muy joven. Me imagino que la mayoría de loretanos la habrán escuchado por lo menos tres veces. En letra y música, a juzgar por la votación, ese tema provoca las mejores calificaciones. Con letra profunda y música festivalera estaba destinada a triunfar en Viña, como lo hizo. Estaba destinada a ganar y no se logró por ese Jurado que, como la mayoría de veces, tiene una lectura opuesta a la del público, de la gente. “No hay piedra en el camino que no haya en la marea, hay que luchar y seguir, hay que soñar y vivir”. Eso ha hecho Lita Pezo y por eso se abrió paso en Lima tomada de la mano de su papá Edison, a quien ya ha superado largamente. “Aunque todo se vuelva marchito y ya no florezca, ya no me quiero rendir, ya no me vuelvo a rendir… ”, es lo que seguro vivió cuando tuvo que alejarse del padre para que su actual pareja y hoy manager se haga cargo de su carrera. “Luchadora, que lleva puro sentimiento aquí en la piel…”, es la característica que tiene en ese cuerpecito para que desde esas cuerdas vocales salga esa voz melodiosa que han destacado los que saben de altos y bajos en las interpretaciones. “Aunque todo se ponga difícil y nos duela la vida…”, es lo que diariamente experimenta, como la noche de la final en Viña del Mar, y la lleva a convencerse que los caminos de la vida no son como ella pensaba, no son como imaginaba, pero que los obstáculos son para superarlos. Y los supera como en el momento que las de su equipo querían pedir explicaciones formales a los organizadores del festival y ella las convenció que ese no es el camino, que el camino es largo y se vienen mejores cosas, tienen que venir mejores cosas.

A sus 24 años ha logrado lo que pocos: dominar al monstruo, recibir el aplauso de un público mayoritariamente chileno, ser conocida a nivel internacional, ser reconocida como una intérprete excepcional, abrirse campo en Lima, acompañada de una grande como Eva Ayllón que, según cuentan testigos, compungida por el resultado llegó a decir “tal vez yo soy la que te da mala suerte”. Con todos esos pergaminos a Lita Pezo sólo le falta una cosa, ¿saben? Que llene un escenario con más de 10 mil personas en Iquitos. Porque hasta ahora sus promotoras y manager tienen que morderse los dientes para que los menos de 600 boletos que se ofertan en sus presentaciones se agoten. Ese seguro será un reto que pronto se sabrá si supera porque ella se supera cada día, con derrotas y victorias, porque como lo dijo ante millones de televidentes y más de 15 mil espectadores en la Quinta Vergara: es una luchadora. Una luchadora que, más allá de enfrentarse al monstruo de “la Quinta Vergara”, tiene que enfrentarse a un público que dice que la quiere y ama y que valora su canto y que cuando organiza sus conciertos se niega a pagar una entrada porque cree que “los artistas viven de los like y comentarios” en las redes sociales.

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