Hoy he quedado con un taxista para que me muestre la ciudad. Es un hombre alto, membrudo, se le notan los abultados carrillos y cara redonda, tiene poco cabello. Su nombre es Mike. Se parece a uno de los integrantes de la jazzband de Wynton Marsalis. Cuando se pone de perfil con su afable sonrisa me parece a un trumpeter de los buenos. Me dice que conoceré la otra Lusaka. Espero con expectación que me quiere decir con eso. Es una ciudad que está esparcida por la geografía como las ciudades gringas. Claro, está fuera de la lógica de las ciudades abigarradas europeas. Tiene calles largas y muchas rotondas. A ratos hay atascos de tráfico. Me comenta que en el país hay 72 lenguas locales, es una babel, siendo el inglés la lengua franca. Avanzamos despacio en medio de las flores lilas de los jacarandás. Le digo que quiero comprar un mapa de la ciudad y me mira atónito, como diciéndome este pata que ocurrente es (mi petición le pareció la mar de exótica por la expresión de su cara). Es que con el mapa te posesionas mejorar de la vista de la ciudad. Vamos al Town Centre para comprarlo, la zona tiene edificios barco de los años cincuenta al lado de edificios de nueva construcción. Bulle el dinamismo. Hay muchísimas personas rondando por todos lados. Nos detenemos y vamos a buscar el mapa que luego de ir y venir lo conseguimos. Mike mira el mapa y da la impresión que por unos segundos se queda en blanco. Vuelve a mirarlo seriamente y poco a poco va reconociendo barrios. Manda Hill, Libala, Woodlans, Kabwata, Kalingalinga y otros barrios que no recuerdo. Pasamos por una zona de economía informal como muchos en Perú, el patio anda muy movido. La gente sube y baja por todas las direcciones. A unos metros de esta zona comercial divisamos personas que vendían carbón, algunos vienen de Malawi y es el área de mayor pobreza de la ciudad. Es un picor en la conciencia de cualquiera. Luego con la paciencia y sonrisa de Mike nos detenemos en Chilenje donde hay un espacio destinado a Kenneth Kaunda, un gobernante que conllevó a su país a la independencia. El camino está lleno de jacarandás en flor, tomo un foto y seguimos por calles largas, larguísimas. A lo lejos se divisa el perfil de una mezquita y alrededor muchas iglesias evangélicas, Zambia se declara un país cristiano. Con el sol apretando más fuerte, era casi mediodía, me cuenta Mike que no le gusta la comida del chifa pero sí la comida india, él disfruta con ella. Su sonrisa es de satisfacción al evocar la comida india, es de una alegría inmensa (se me pasa por la cabeza un buen pollo al curry y arroz basmati). En unas horas hemos dado una vuelta a la ciudad bajo las notas de la trompeta en Summertimes de Miles Davis.

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