Durante meses hemos reconstruido, documento a documento, entrevista tras entrevista, una historia que atraviesa España, Perú, Arequipa, Lima e Iquitos. Hemos escuchado a fundadores, directivos, exdirectivos, bomberos, cooperantes y responsables de proyectos. Hemos solicitado información. Hemos pedido documentos. Hemos contrastado versiones. Hemos visto y leído declaraciones e intervenciones de la propia policía Nacional española. Y cuanto más avanzamos, más grande parece hacerse una pregunta elemental: ¿qué ocurre realmente con la organización que alguna vez fue un símbolo internacional de solidaridad?


La historia comenzó con una ausencia temporal. Continuó con denuncias de firmas falsificadas, cambios ilegales de estatutos, centros humanitarios desaparecidos, proyectos desmantelados, silencios prolongados y donaciones cuestionadas. En el centro de todos esos episodios aparece una figura que, frente a cada pregunta incómoda, parece haber encontrado la misma respuesta: ninguna. Esta es la historia de Antonio Nogales Rodríguez, presidente en la actualidad de Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF), y de una institución donde las preguntas se acumulan más rápido que las explicaciones.

EL HOMBRE QUE HEREDÓ UNA HISTORIA

Toda organización tiene un alma.

Y esa alma suele estar ligada a quienes la construyeron.

BUSF nació del esfuerzo de bomberos que entendieron que la solidaridad no debía detenerse en las fronteras. Entre ellos destacó Ángel García Lorite, Presidente fundador histórico de una organización que durante décadas tuvo la visión y dirigió personalmente proyectos para crear centros Iberoamericanos de respuesta ante catástrofes, proyectos de AGUA SOLIDARIA especialmente en Perú, hasta aquí también llegaron de su mano innumerables ambulancias, vehículos de bomberos, programas de formación internacional, Angel fue pionero en proyectos de cooperación y redes de ayuda humanitaria.

Pero en 2017 ocurrió algo que todavía proyecta una larga sombra sobre la institución.

García Lorite dio el relevo temporal para estar muy pendiente de su madre enferma. Lo que debía ser un punto y seguido se convirtió, según su propia denuncia, en una toma de poder para convertir BUSF en una organización distinta.

Y algo peor.

Encontró documentos que contenían su firma falsificada.

Sus palabras son demoledoras:

Pensé que dejar temporalmente la presidencia era un gesto de confianza, pero esa confianza fue usada en mi contra. Descubrí documentos falsificados, traiciones en forma de oscuras acciones como el caso LINCECI, mi propia firma usada reiteradamente de manera fraudulenta, sin permiso. Habían usurpado no solo mi nombre y mi identidad, sino una historia.”

Un peritaje caligráfico judicial respalda esa acusación y sostiene una querella penal en procedimiento.

Y mientras el fundador reclama justicia desde hace años, la organización continúa funcionando.

Pero toda organización termina pareciéndose a quien la dirige. Y desde 2017, el rostro visible de BUSF tiene nombre y apellidos: ANTONIO NOGALES RODRÍGUEZ. La pregunta es inevitable: ¿Qué explicación tiene el actual presidente de BUSF para la sucesión de hechos que hoy rodean a la institución? Hasta la fecha, ninguna que satisfaga el interés público.

Porque los problemas no aparecen una vez. Aparecen una y otra vez. Y siempre acompañados por el mismo elemento: el silencio, la reiterada contradicción, como modelo de gestión.

Quizás el verdadero problema no sea una denuncia. Quizás el problema sea la repetición. Porque los hechos se acumulan. Y siempre aparece el mismo patrón.

Como si la transparencia fuera una enfermedad contagiosa de la que hubiera que huir y protegerse.

EL CENTRO IBEROAMERICANO ANTE EMERGENCIAS: LA DESAPARICIÓN DE UN SUEÑO

En Arequipa existió una vez una joya de la cooperación internacional. El Centro Iberoamericano de Respuesta ante Emergencias y Catástrofes Naturales (CRAC). Un complejo construido con recursos europeos y peruanos, valorizado en millones de euros, con insumos punta para ayudar a salvar vidas: Ambulancias equipadas. Hospitales de emergencia. Plantas potabilizadoras. Equipos médicos. Vehículos de rescate y transporte. Infraestructura con planes de formación únicos en Iberoamérica.

Era probablemente uno de los proyectos más ambiciosos que BUSF había desarrollado en América Latina.

Increíble de comprender: HOY YA NO EXISTE. No fue destruido por un terremoto. No fue arrasado por un huayco. No fue consumido por un incendio. Simplemente desapareció. Fue vaciado. Desmantelado. Rebautizado. Borrado.

Y lo extraordinario es que ocurrió desde el engaño, ante los ojos de quienes tenían la obligación institucional de impedirlo, un golpe en toda regla que la flamante directiva encabezada por Antonio Nogales Rodríguez, Fernando Carballo Hierro, Jesús Lluch Ferrer y Antonio Alfaro permitieron que se desvista un santo para vestir otro que huele a thrilerismo.

Durante años Edgar Salomón Castañeda (quien merece un especial aparte) controló ese patrimonio en Arequipa. En 2019 incluso reconoció por escrito estar dispuesto a devolverlo a BUSF España en la referencia a ANTONIO NOGALES. Si Salomón podía devolverlo, era porque lo controlaba. Si lo controlaba y se sabía en España, tal como leemos en escritos de wasaps, correos electrónicos y redes de BUSF ¿por qué nadie actuó desde aquel 2019 hasta nuestros días 2026, año en que el CRAC fue transferido a oscuras a la Cía. de Bomberos de Arequipa?

Esa pregunta lleva años esperando una respuesta de Antonio Nogales.

Se le sigue esperando.

AL CENTRO de AREQUIPA LO CAMBIARON DE NOMBRE

Hay algo profundamente simbólico en lo ocurrido recientemente. El CRAC ya ni siquiera conserva su nombre. Ahora funciona bajo otra denominación. Como si cambiando el letrero desapareciera la historia. Como si rebautizar un edificio pudiera borrar la memoria de las ambulancias desaparecidas, los equipos perdidos, los inventarios nunca mostrados, de los recursos públicos invertidos. Del voluntariado destruido.

Los nombres cambian.

Los documentos permanecen.

Y los silencios también.

LA EXTRAÑA METAMORFOSIS PERUANA

Mientras todo eso ocurría, aquí en Perú sucedía algo igualmente curioso. El 2015, el “médico” Edgar Salomón, entonces presidente de BUSF Perú, modificó unilateralmente sin autorización de España 31 artículos de los estatutos originales. Creó una nueva estructura. Cambió la denominación institucional. Transformó BUSF Perú en otra organización: Bomberos Unidos Perú (BUP), manteniendo el mismo RUC y la misma dirección de BUSF Perú.

Antonio Nogales lo resumió por escrito con una frase memorable:

BUSF no existe ya en Perú.” La frase plantea un problema fascinante. Si BUSF no existe en Perú desde entonces… ¿Cómo es posible que durante años posteriores siguieran existiendo relaciones, proyectos, comunicaciones y reconocimientos públicos? ¿Quién representaba entonces a quién? ¿Quién autorizó qué? ¿Quién controlaba qué? Y sobre todo: ¿Por qué no explica las contradicciones en torno a BUSF Perú, señor Nogales?

LINCECI: CUANDO LA FILANTROPÍA TERMINA EN LOS TRIBUNALES

En 2014 nace LINCECI, a escondidas, de espaldas a Ángel García Lorite que era Presidente de BUSF en España. Era un proyecto que supuestamente ayudaría a niños con cáncer en Perú. En 2019 acabaría bajo investigación judicial, con la detención y/o encarcelamiento de los principales cabecillas en España. 6 Millones de euros recaudaron. Denuncias públicas. Procesos penales que continúan. Arrestos. Vínculos directivos cruzados entre LINCECI – BUSF España y BUSF Perú.

No inventamos nada, los hechos y las actuaciones policiales en torno al caso son abrumadoras, despejan cualquier tipo de duda de quienes fueron los autores materiales y cómplices desde la propia BUSF en España, así como también en Perú, donde su máximo responsable EDGAR SALOMÓN, tenemos la impresión, de que guarda pruebas y pruebas concluyentes que obliga a que los otros en España bailen a su ritmo, porque si él cae, CAEN TODOS.

Lo sorprendente en BUSF es que nunca llegaron respuestas con toma de decisiones contundentes desde el presidente Antonio Nogales, quien observa todo aquello desde el más absoluto mutismo y evasivas, decidiendo enfrentarse a García Lorite que busca Justicia.

Antonio Nogales actúa como si los escándalos a su alrededor fueran fenómenos meteorológicos. Como si simplemente ocurrieran. Cómo aquellos que aparecen certeramente señalados en las mismas actuaciones policiales de España sobre el caso LINCECI, como si para él no tuvieran importancia y responsabilidad alguna, cuando tiene que responder a estas preguntas: ¿cuál es la verdad de LINCECI y los sospechosos vínculos con BUSF? ¿quiénes son parte en su totalidad de la estafa LINCECI y golpe contra el CRAC de AREQUIPA, además de los señalados e imputados en la causa penal?

LAS AMBULANCIAS QUE NAVEGABAN EL AMAZONAS

Hubo una época en que BUSF llevó esperanza a la Amazonía. Las ambulancias fluviales. El SAMUR Amazónico. Bautizadas con los nombres La Paz y 12 de Octubre, en homenaje a los grandes hospitales de Madrid. Nombres que todavía sobreviven en la memoria de quienes vieron aquellos proyectos funcionando.

Eran embarcaciones médicas, auténticas FERRARI acuáticas, capaces de llegar con inmediatez donde el Estado no llegaba en auxilio de los más débiles. Y de nuevo descubrimos a EDGAR SALOMON, en esta oportunidad como MÉDICO responsable para el proyecto SAMUR dentro del propio Convenio vinculante firmado entre el GOREL y BUSF.

Hoy las preguntas vuelven a ser las mismas ¿Dónde terminaron muchos de esos equipos? ¿Dónde terminaron los motores, los botes? ¿Dónde están los bienes? ¿Dónde están los inventarios? Hemos podido hablar con algunos testigos, en Iquitos, que tildan los hechos contra el SAMUR AMAZONAS como una GRAN ROBERÍA.

LA AUTOESCALA DONADA A LOS BOMBEROS DE IQUITOS

Y finalmente llegamos a la Autoescala.

La donación que abrió una nueva caja de Pandora por su presunto mal estado, ya desde el origen en Bomberos de la provincia de Guadalajara, España.

Durante meses se han solicitado documentos. Informes técnicos. Actas. Certificaciones. Registros de mantenimiento. Evaluaciones previas a la donación. La respuesta ha sido casi poética. Promesas de búsqueda. Compromisos de revisión. Investigaciones anunciadas. Y después… NADA.

Antonio Alfaro, Bombero de Guadalajara y responsable en BUSF España nos prometió la información.

En sendas entrevistas grabadas tanto a Fernando Carballo Hierro (Vicepresidente de BUSF España) al igual que a Pablo Bernal (vocal de la actual directiva española), los dos defienden la donación realizada presuntamente en mal estado, con posturas ambiguas y temerarias que al analizadas muestran falta de rigor técnico de espaldas a lo normado en riesgos laborales para este tipo de vehículos de bomberos según su funcionamiento homologado con el conjunto de sus partes.

Los documentos requeridos siguen sin aparecer. Y cuando los documentos no aparecen, las preguntas crecen. No porque alguien quiera destruir una institución (como nos quiere tildar Pablo Bernal). Sino porque la transparencia existe precisamente para evitar sospechas y una presunta estafa a los impuestos de todos los loretanos ya que fueron invertidos muchos miles de dólares por parte del GOREL para la llegada de la Autoescala a Iquitos, para la seguridad de los bomberos y las personas a rescatar.

ANTONIO NOGALES DEBERÍA RESPONDER

Al final todo se reduce a algo extraordinariamente simple. No somos los investigadores y periodistas quienes hemos creado las dudas. Las dudas nacen cuando las preguntas encuentran silencio, también contradicciones. Por eso la cuestión central ya no es el Centro Internacional de Arequipa que linda en el robo. Ni LINCECI la estafa del cáncer infantil por los niños enfermos del Perú. Ni la Autoescala presuntamente tarada. Ni los estatutos modificados ilegalmente. Ni las ambulancias SAMUR AMAZONAS esquilmadas. Ni siquiera la denuncia de Ángel García Lorite. La cuestión central es otra.

¿Qué ocurrió con la organización que fundó García Lorite y cómo terminó convertida en una institución rodeada de litigios, denuncias falsas, disputas internas, acusaciones de falsificación, pérdida de patrimonio solidario y una cultura de opacidad?

¿Por qué Antonio Nogales no responde desde la verdad a todo lo que se le requiere? Porque cuando una organización de utilidad pública recibe cuestionamientos legítimos, la transparencia debería ser la primera reacción. No la última. Ni mucho menos la inexistente.

Y mientras las respuestas no lleguen, mientras los documentos sigan escondidos detrás de promesas, mientras las explicaciones se sustituyan por evasivas, seguirá creciendo una sospecha que ninguna campaña institucional puede disipar:

Que el verdadero problema de BUSF no son los escándalos. Es el silencio y la falta de Transparencia.

Porque ante la Justicia, que avanza y a la que ayudamos, los errores se explican. Las equivocaciones se corrigen. Los conflictos se resuelven.

El silencio prolongado de Antonio Nogales, la falta de transparencia siendo presidente de BUSF, frente a hechos graves, termina convirtiéndose en un mensaje por sí mismo en lo jurídico: “que quien no presenta ninguna objeción de peso, decide mantenerse en silencio y contradicción ante la investigación en firme, da a entender que está de acuerdo, aprueba lo dicho, concede la razón”. Porque este es el significado más real de lo que dice el viejo refrán que sobrevive tanto en Perú como en España.

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