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Apatía electoral

El domingo 09 de diciembre iremos a elecciones regionales complementarias  regionales y al referéndum para definir si se realizan cuatro reformas constitucionales en torno a los últimos acontecimientos de corrupción que involucraron a la clase política actual. Más allá de las indicaciones del presidente Martín Vizcarra para votar de una manera definida optando por el Sí, Sí, Si, No, no habido mayor interés de la población sobre estas propuestas.

Esta apatía electoral se debe tal vez a los permanentes hecho de corrupción que nos tiene expectantes con el tema de las prisiones preventivas que realizan desde el trabajo popular y reconocido del fiscal José Domingo Pérez y complementado por el juez Richard Concepción Carhuancho. Dos actores que, sin proponérselos, han puesto la agenda que ha desvirtuado por completo la convocatoria a elecciones.

Pero además un hecho histórico que se ha repetido en los diferentes procesos electorales y que en estos últimos se ha evidenciado aún más es la indiferencia del elector a través del voto viciado o nulo que supongo que para este domingo crecerá aún más. El elector no cree en los procesos electorales, los asocia con más de lo mismo y asume que sí su economía mejorará no será precisamente por los políticos que elige sino por un esfuerzo personal.

El tema es que en ese “esfuerzo personal” asumen muchos que hay que hacer trampa, zancadillas o pervertir alguna norma, pequeña o grande para poder ganar espacios por sobre el otro. No se ha dado cuenta aún que esa perversión es precisamente un factor político que ha trastocado la forma de comportarse socialmente. Por eso vemos como normal hacer trampa, y el mayor referente es un político peruano, porque además muchos tienen serias limitaciones mentales, entonces su conclusión es simple: sólo se requiere tener algo de dinero para obtener una representación y no sólo recuperarlo sino hacer negocio desde la política.

Un militante ahora en realidad es un cliente, alguien que sabe que puede obtener algún rédito sino económico o laboral, al menos una expectativa. En ese proceso, las elecciones son también definidas de esa manera: la forma de elegir a alguien que nos va estafar y sólo observamos los criterios de cierta funcionabilidad en su vida laboral o política para decidir el voto y en el peor de los casos nadie quisiera ir a votar, pero como se le obliga, vicia el voto y sólo algunos cuántos eligen lo que se denomina el mal menor porque creen que tampoco se puede desperdiciar el voto en un sistema frágil cómo el nuestro.

Es lo que pasa en lo que se refiere al entorno regional, sin embargo algo más de expectativa hay, sin ser muy auspicioso por cierto, en el referéndum del domingo. Inspira un poco más de entusiasmo a pesar que a pocas horas de ir a las ánforas, la mayoría no sepa de que se tratan las preguntas. Esa moneda al aire que ha sido siempre una elección en el Perú, es la mejor característica y reseña de nuestra personalidad nacional.

elescribidor3@hotmail.com


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