Escribe: Jorge Martín Carrillo Rojas

 Se dice que el ser humano tiene que vivir con las condiciones básicas: luz, agua y desagüe. De esas tres condiciones los iquiteños no gozamos en su plenitud de ninguna de ellas. Pero quizá sea, sin temor a equivocarme, el servicio básico y fundamental el agua.

Uno no tendrá luz, pero sin agua no se puede hacer el aseo, uno no tendrá desagüe adecuado, pero sin agua no se puede preparar los alimentos. Se podrá vivir con velas, pero sin agua ni loco.

Para los de mi generación y las pasadas, y las actuales de clase media para abajo, si aún se puede hablar de clases sociales, bañarse en ducha en Iquitos es todo un lujo y levantarse a juntar el agua es casi una tradición familiar.

En lo personal, levantarse de madrugada ya es costumbre laboral y juntar el agua una obligación natural. Son pocos y no creo exista una estadística clara, que dé una cifra sobre quiénes gozan de agua de pozo o tanque, casi cero potable -aunque la que brinda la empresa de agua, tan potable no lo es- que pueden abrir el caño las 24 horas y ver caer chorro de agua y no aire.

Es imposible referirse al agua, sin recordar al exalcalde hoy congresista Juan Carlos del Águila Cárdenas, decir que tras la obras de mejoramiento en su gestión: el agua iba a llegar hasta el quinto piso. Hoy, cada vez que veo al legislador caminar orondo y con la frente en alto en su condición de congresista me pregunto: recordará cómo nos mintió y cómo logró que algunos burlados votaran por él y premiarlo con tamaña elección.

Hoy, los pobladores que habitan en el asentamiento y en una calle que por ahí lleva su nombre, no tienen agua, más que a cuenta gotas. Y claro, las demás autoridades que le siguieron, ni a las que precedió hicieron mucho para mejorar el peor servicio básico en Iquitos.

Hace pocos meses, tras el ingreso del OTASS a la administración de Sedaloreto, el exministro Carlos Bruce, llegó a Iquitos para entregar poco más de 30 millones. Poco se sabe para qué sirvieron dichos fondos.

Basta con hacer una encuesta, como hice con mis colegas y amigos, para darnos cuenta que la gran mayoría tiene que juntar agua muy temprano, caso contrario, comprar agua de mesa o ver cómo se soluciona el problema de agenciarse de agua.

Lo real es que con el OTASS, con Sedaloreto y con quién diablos sea, nadie asegura que el poblador común tendrá agua   por lo menos 12 horas y es pedir mucho. Ni los candidatos actuales pueden asegurar eso, o es que de pronto no leí o escuché a quienes aspiran a ser alcaldes o gobernador propuesta alguna en ese sentido.

Lo real es que la mal llamada isla bonita adolece de un buen servicio de agua. Solo viven felices aquellos que con suerte tienen tanque elevado o pozo. Los demás que sigan esperando el sueño de los justos y que anden de sueño por el desvelo que representa juntar agua, que por más que no sea para beber directamente porque hay dudas sobre su potabilización, sirve para mucho y no debe correrse de las manos y si debe servir para llenar los baldes.

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