Por Gerald Rodriguez Noriega
*La obra artística de Najar comprende la resolución de compulsiones y tensiones internas, pero también representa un gesto público por la memoria de una gran parte del país que se intenta borrar y solo es rescatada posteriormente por la poesía.
Siempre me he preguntado, ¿por qué es importante la poesía?, ¿por qué es importante la poesía en la Amazonía?, ¿la poesía es una manifestación de los ojos o del alma? ¿la poesía amazónica es una manifestación de la realidad de los pueblos amazónicos, del hombre, del presente amazónico? ¿a qué se denomina poesía amazónica? A lo largo de mi búsqueda poética, siempre me hice estas preguntas, quizás intentando buscar en la poesía la única forma de salvación o de esperanza que no todo está perdido en la Amazonía, ya que siendo la poesía una manifestación y una forma de vivir la vida, la poesía es la única manifestación de resistencia que le devuelve humanidad al hombre.
Llegué a estas conclusiones cuando leí por primera vez Malas maneras (1973), libro capital para entender la Amazonia, canon poético de la literatura peruana y amazónica, que por mucho tiempo ha permanecido en el olvido, pero que, desde su publicación, marca un antes y un después en la poesía amazónica y peruana, porque, desde su propuesta poética, desde su voz y su yo amazónico, desde su planteamiento del tiempo y el espacio, Jorge Najar Kokally irrumpe en la tradición de la poesía peruana y germina en la poesía amazónica con el influjo de una voz que ofrece simultáneamente expansión y contención de la voz real y el diálogo de un ser que obedece a una expansión llena de confianza, bajo una realidad de sensaciones y de una fuerte presión emocional.
La expresión resuelta con que el poeta se hace frente a la realidad amazónica, crea un papel heroico en la manifestación de una realidad poco dicha hasta entonces por la poesía moderna ante el conflicto de la ineludible condición humana. La poesía de Malas maneras es una fuerza traducida, es una fuerza liberada y un destino alcanzado solo posible por el planteamiento de que en la Amazonía se padece de un problema de inhumanidad con la propia humanidad. Con un alto propósito artístico, reivindica la personalidad individual del hombre amazónico, por encima de cualquier acto de solidaridad que se alejara del arte poético. La poesía de Malas maneras está marcada por la claridad y un distanciamiento singular de donde brota la tensión generada por la realidad amazónica, escondida entre la selva y el salvaje trato al hombre amazónico por parte del patrón. Entonces, Najar asiste al trastorno de una Amazonía que no tiene voz poética, que antes tampoco lo tuvo, sino que él asiste a convertirse en la primera voz moderna poética que declara a la Amazonía sus problemas y sus más íntimos aullidos de bosques y chillidos de río adoloridos, con una fuerza creativa que declara la necesidad de manifestarse con una irradiación poética primordial sobre los problemas de aquel espíritu del hombre amazónico. No obstante, la poesía de Najar, su vivencia como protagonista en lo más cercano de una realidad que se niega a olvidar, no deja de volcarse el presente de lo vivido, y dominar su memoria poética.
La obra artística de Najar comprende la resolución de compulsiones y tensiones internas, pero también representa un gesto público por la memoria de una gran parte del país que se intenta borrar y solo es rescatada posteriormente por la poesía. Najar, fuera de la impresión ingeniosa de su poesía, plantea que la poesía debe surgir de la conciencia más profunda, convirtiéndose en la voz de un misterio amazónico, nunca antes dicho, poesía de conciencia, no de lo social ni de lo exótico, sino es una poesía con conciencia sobre la misma condición humana. La cadencia y melancolía de su poesía se impone a lo violento y amargado, de la otra poesía, que se hace llamar amazónica, dedicándole un potencial y diferencia a la realidad específicamente amazónica. Maduro es su simbolismo cuando intenta Najar ampliar y ahondar desde Malas maneras, el significado de lo amazónico. Sobre la base de una prístina fuente de autoridad y desde la melancolía y entereza de un espíritu renaciente, Malas maneras lanza su alma a la creciente penumbra que es la Amazonía, donde inaugura su propia campaña para vivir, desde esa mala manera, una Amazonía poco artificial, incuestionable por los mitos y los símbolos de un sistema moderno de progreso, que impone una devastación y deja sin armonía, la memoria en ruina, al hombre que siempre cuidó y defendió a su selva, a sus ríos, a su memoria. La formalidad entre los poemas y sus temas, y el ímpetu unificador de cada uno de sus poemas exorbitantes, funciona con la misma transparencia con la que Najar vivió y guarda en su memoria una Amazonía cotidiana, logrando romper la barrera lírica.
La singularidad de Najar en Malas maneras, y la resistencia estética, como la fortaleza de su poesía, con el convincente timbre de la adecuación de poesía y conciencia, son el contorno de una naturaleza poética que se manifiesta dentro de la resonancia de una memoria cultural, como una disciplina secreta, dentro de una realidad naturalmente solitaria, su voz poética madura el elevado sentido de las cosas, la impotencia absoluta del dolor, sensible al presente trágico amazónico, al momento absoluto de conciencia, de una realidad que se no se niega aparecerse dentro de una nación cargada de mentiras y salvajes progresos, que siendo nuestra costumbre dominar sobre el dominado, sobre el vejado, sobre el otro que es fácilmente combatido con mentiras e imponiendo el dogma arcano, toda esa herencia del colonialismo es nuestra mala manera de ser peruanos.





