ASÍ FUE EN 1980, ASÍ SERÁ ESTE 2026 Y POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS….
ESCRIBE: Jaime A. Vásquez Valcárcel.
*Un antes y un después en un sistema electoral que fue cambiado por «el pacto mafioso» para, entre otras cosas, seguir abriendo las brechas sociales en nombre del «cierre de brechas».
En 1980, mayo 18, para ser precisos, los loretanos elegimos 7 diputados y dos senadores (lista única nacional). Cinco de los siete diputados fueron de Acción Popular, que alcanzó casi el 60 por ciento de los votos y, los otros dos, del APRA. Fue el año que, nos decían, regresamos a la democracia.
46 años después, las cosas no han cambiado mucho. Y si han cambiado, han sido para peor. Los dos senadores loretanos elegidos fueron Pedro del Castillo Bardalez y Rafael Eguren Ordosgoitia. No lograron una curul, sólo para recordar un nombre, la pepecista Gabriela Porto de Power, cuya capacidad académica y profesional, era reconocida hasta por la gente de izquierda. En los diputados acciopopulistas electos más notables, aunque no siempre los más notorios, estaban Daniel Linares Bazán, Wilson Benzaquen y Rubén Soldevilla. Por el APRA, el que más destacaba era Orison Pardo Matos, aunque Jorge Alegría Haya también se hacía sentir, digamos. AP y el APRA arrasaron con los votos, entre ambos lograron el 81 por ciento de los votos. Relegando al tercer y cuarto lugar a UDP y MRL que llevaban en sus listas a Jorge Luis Donayre Lozano, Raúl Chávez Curto y Tito Reátegui del Castillo, por el MRL y, por UDP, Roberto Lay, Elva Sicchar Valdez, Pepe Barletti y Manuel Vásquez Valera, quien luego se convertiría en autoridad en la región Ucayali. En esa elección Pucallpa era parte de Loreto, aunque esa escisión es una historia aparte. En el PPC postulaban Angel Sato Murrugara, Raúl Pereira Ríos, para no extender la lista.
Todos los elegidos ese año tuvieron que mudarse a Lima porque la responsabilidad así lo exigía. No sólo se cambiaron de residencia sino que cambiaron su vida y la de los suyos. En todo el sentido de la palabra. Era lógico que así sucediera. La forma cómo integraron la lista los candidatos de uno y otro partido, ganadores y perdedores, fue de lo más arbitrario. El alcalde de Maynas, Daniel Linares Bazán, nombrado en el cargo por el Gobierno de las Fuerzas Armadas, tuvo la iniciativa de declarar «huésped ilustre» al arquitecto Belaunde. Por ello fue retirado del cargo y merecedor a ocupar el puesto uno en la lista. Perdió el sillón municipal pero ganó una curul y en ese quinquenio se convirtió en el diputado más respetado e influyente.
Hoy elegiremos a cuatro diputados y un senador (existe la lista múltiple creada por «el pacto mafioso», a pesar que un referéndum estableció que el pueblo no quería la bicameralidad). Hay una lista única donde se ubican varios loretanos que, me temo y a veces hasta me alegro, que no serán elegidos porque ese sistema está hecho para favorecer al centralismo. Los cinco congresistas que elegiremos van a cambiar su vida. Tendrán las gollerías dadas por ellos mismos, podrán viajar gratis hasta cuatro veces al mes a la ciudad que deseen, contratarán por lo menos a nueve personas que dependerán directamente de su voluntad y, con mínimo escrúpulo, podrán formar alguna Comisión que les dará el impulso necesario para multiplicar sus gollerías.
El 80 los congresistas hacían vida partidaria, los partidos recibían el respaldo mayoritario de los ciudadanos y, con algunas excepciones, los postulantes eran profesionales que habían destacado en el ámbito empresarial. Este 2026 un senador o diputado con suerte logrará el 2 por ciento de los votos preferenciales (sólo para comprobar la asimetría de la voluntad popular, para ser alcalde de Requena se requiere más de 8 mil votos y todos los congresitas actuales llegaron al puesto con 8, 6, 5 y 4 mil votos). Por eso hay esa crisis de representatividad y por eso muchos optan por postular al Congreso porque para alcaldes o gobernador requieren más votos. Para ser congresista basta colgarse de los votos del candidato presidencial y, luego, someterse a las órdenes del líder sin importar los intereses de la región.
Como en 1980, no nos hagamos ilusiones, cambiaremos la vida de cinco ciudadanos que, visto numéricamente, es mejor que ganarse la tinka. O, dicho de otro modo, es ganarse la lotería sin comprar ningún huachito.

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