El título de la crónica apela a una expresión amazónica para referirse a comentarios que se hacen una vez pasado lo sucedido, que llegan tarde y mal. En términos castizos, a toro pasado. Es lo que está ocurriendo con las crónicas de avezados y sesudos comentaristas sobre las últimas elecciones generales en Perú, llegan tarde. Además, casi todos son limeños (y centralistas). Lo preocupante y desgraciado, es que siempre el centro es el que manda mentalmente en nuestro país andino- amazónico, las provincias y balnearios, son y somos los grandes olvidados, a pesar de los resultados de la última contienda electoral, no enderezan. Cruel realidad, pocos apostillan en clave de esos márgenes. Tampoco los que vivimos en la periferia nos molestamos en pensar, para poner la guinda al pastel. El centralismo mental y limeño ha fagocitado el pensamiento de márgenes hasta casi desaparecerlo. Estos días, releía a Jorge Gasché, uno de los pocos antropólogos de la Amazonía que combinaba la teoría con la práctica, muy diferente a otros que viven de la floresta. Gasché se esforzaba en rastrear las mentalidades de las personas que viven en el bosque y alrededores, una prueba de ello son las viñetas de los apuntes de campo del libro “Sociedad bosquesina”, hecho al alimón con Napoleón Vela, no tienen desperdicio. Resaltar el esfuerzo y mérito de Jorge por escrudiñar el razonamiento de los bosquesinos. En esa línea, recuerdo que cuando trabajaba por la zona del Marañón y Ucayali, Canal del Puinahua, visitaba a los jueces de Paz, un sector olvidado y maltratado de la administración de justicia, para ver cómo funcionaba la aplicación de la norma en ese complejo y heterogéneo mundo amazónico. Es un universo por explorar e inédito. Cierta vez, uno de estos operadores de justicia me hizo una consulta que le causaba cierta aflicción, pensó que había cometido una iniquidad. El juez ordenó detener a una persona porque trató de comprar mercadería a una lancha con moneda falsa. El comprador había recibido el dinero, como pago de unos turistas extranjeros, a quienes les había mostrado las bondades de la cercana Área Natural protegida. El juez al comprobar la denuncia del lanchero decretó la inmediata detención del comprador. Luego de intercambiar algunas opiniones y en confianza, le dije que me mostrara los dólares falsos, resultando que estos eran unos travel check. Me quedé unos minutos en blanco, mostraba una colisión de mundos que había que descifrar como se hace en “Sociedad bosquesina”. Esa situación y otras, son los que debemos husmear en las diferentes Amazonías y también preguntarnos a la luz de las últimas elecciones, tomando como referencia a Gasché ¿Por qué desde hace treinta años el fujimorismo, en este lado la floresta, no deja de tener representación en el parlamento?, ¿Qué mecanismos se movilizan para que la gente no pierda fe en esa familia tan cuestionada de cara al erario público y los derechos humanos? Los representantes tropicales del fujimorismo han sido de un amplio marco y diverso, desde un pastor evangelista hasta una abogada del ala conservadora y desnortada ¿Ellos y ellas les representaban?, ¿Nos representaban?, ¿Qué emociones les impulsa votar por ellos o ellas? Hay que repensar desde los márgenes. 

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