Escribir – y jugar – el fútbol
Algunos sedentarios con mal humor han tratado constantemente de demostrar que la literatura y el fútbol no son compatibles. En su monocorde afán, no han dudado en tildar al deporte rey como pasión, vulgar y desdeñable, inferior. No han escatimado esfuerzo, tampoco en agenciarse de frases de escritores de primera para graficar ciertas abominaciones de quinta. Por ejemplo, invocan al británico Rudyard Kipling, quien despreciaba al fútbol y a «las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan«. También al maestro Jorge Luis Borges, quien señalaba: “once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos«. Evidentemente, Borges era un genio literario, así como alguna vez fan enamorado de la dictadura de Pinochet.