La violencia de todos los días
Los candidatos de ahora están más preocupados en mandar pintar las paredes con sus nombres y las siglas de sus partidos, a besar en la boca a sus electoras, a rifar algún animal encebado, a repartir calendarios, a regalar pelotas para la práctica del fútbol dominical, a financiar parrandas con exceso de licor y, en tantos casos, a decir un par de burradas. No parecen muy preocupados en solucionar los viejos y agobiantes problemas que nos acosan como una maldición del infierno verde. Nadie, por ejemplo, dice nada sobre el temible, feroz y mortal ruido de todos los días y las noches nuestras. Nadie, tampoco, se refiere a la ciudad cada vez más violenta que está ante nosotros. Nadie, por supuesto, dice cómo va a erradicar el asalto, el robo y hasta el secuestro.