ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel

Email: vasquezj2@hotmail.com

Todos habremos escuchado en alguna oportunidad la frase que encabeza esta columna hoy. Eso es lo que está haciendo en los últimos días el gobernador y/o presidente regional (aunque algunos en predios oficialistas le llaman mandatario, al estilo Iván) Fernando Meléndez Celis con la comparsa hipocritona de quienes efímeramente dependen laboralmente de sus decisiones y de algunos aprendices de periodistas que han creído encontrar la piedra filosofal vociferando en la radio y televisión de la tierra. Siendo el petróleo un asunto por demás serio algunos personajes políticos quieren reducirlo a la administración estatal del lote 192.

En torno a ello han emprendido en los últimos días una serie de mentiras que más temprano que tarde le pasarán la factura, política se entiende. Todo ello matizado con viajes a Lima en la que, según fuentes consultadas por este columnista, ya se ha gastado más de 200 mil soles en pasajes, hoteles y viáticos. Primero fue la organización de movilizaciones de nativos en la ciudad de Iquitos en las que obligan a participar a los empleados públicos que, justificadamente, lo hacen porque de lo contrario serían despedidos. Chantaje que le llaman. Luego un viaje a Lima para reunirse con representantes del Ministerio de Energía y Minas, donde les señalaron los plazos y condiciones en que estaba el proceso de administración de ese lote. Luego, al día siguiente, una conferencia en los Pasos Perdidos del Congreso de la República donde se afirmaba que Petroperú tenía que administrar ese lote. Después la convocatoria a un paro indefinido donde Meléndez ofrecía –demagógica y con balbuceos- que “daría” hasta su vida por defender Loreto. Después la desconvocatoria del paro y limitarse a una movilización. Días después una reunión en Iquitos con el Viceministro del sector donde se explicó las condiciones en que la empresa privada administraría el lote de la discordia. Al día siguiente otra vez en Lima para más de lo mismo. Finalmente la convocatoria a un paro impulsada por un abogado oenegero tan numismático que hasta en las organizaciones de indígenas lo miran de reojo.

Así que continúen con los ruidos, que las nueces sobran. Como para recordar a ese militar europeo que allá por el año 1,600 arrojaba intencionalmente unas canastas llenas de nueces en el ingreso principal a la plaza enemiga, provocando mucho ruido y la distracción de los vigilantes. En Iquitos las canastas están un poco vacías pero se distrae a la gente.