MARAÑÓN: UN RÍO INTERMINABLE DE LIBROS

Patrick Pareja, Paco Bardales, Gerald Rodríguez, Percy Vílchez y Jaime Vásquez en la plaza de Lamas.

Paco Bardales junto a los demás escritores en “La casa de la literatura” en Tarapoto.

Gerald Rodríguez, autor de esta crónica y de “Especies secretas”, firma autógrafos en Moyobamba.

En el museo “Toé” de Rioja, los escritores Paco Bardales, Percy Vílchez, Gerald Rodríguez y Lenin revisan la historia.

Yurimaguas, “La perla del Huallaga” recibió a RÍO MARAÑÓN. Aquí con Irma López Chumbe, escritora de Yurimaguas.

En la puerta del museo Toé en Rioja, luego de una clase de historia amazónica.

ESCRIBE: Gerald Rodríguez Noriega

Todo comenzó el 28 de junio del 2021. El diario Proycontra anunciaba la presentación de cinco libros, de una colección de 10, que editorial Tierra Nueva sacaría a la luz. Se trataba de los libros Especies Secretas, de Gerald Rodríguez, Obsesión por Ofelia, de Percy Vílchez Vela, Tierra de Orates, de Patrick Pareja, El escritor Infame, de Werner Bartra y El eterno de Jorge Najar. La presentación se realizó en “La taberna del Cauchero”, con una asistencia inusual para este tipo de actividades. Fue un hecho heroico de la editorial loretana al presentar al público los cinco primeros libros. El 20 de julio se hizo la presentación de cinco libros más, lo que conforma la colección Río Marañón con ¡Me importa de un pepino!, de José Ángel Verea Chávez, Relatos de caucho y oscuridad, de Paco Bardales, Quebradura, de Miguel Donayre, CoNpasión, de Jaime Vásquez Valcárcel y Obituario de Melissa Mendieta. La colección que alberga novela, ensayo, crónicas y cuentos empezó desde entonces un viaje inolvidable e interminable por las diferentes vertientes del río Amazonas, Marañón, Ucayali, Huallaga, Mayo. Por diferentes ciudades, diferentes Ferias del libro, quedando grabada en muchos lectores que hicieron comentarios en diferentes medios y redes sociales.

Punto de partida, San Joaquín de Omagua

El 13 de agosto Río Marañón se presentó en la comunidad de San Joaquín de Omagua, aquel centro poblado de la provincia de Loreto-Nauta, donde alguna vez transitaron Samuel Fritz y Francisco de Requena, ahora que cumplió ese mes 335 años, el poblado más antiguo de la región Loreto, siempre cerca de las confluencias de los ríos Marañón y Ucayali, donde comienza el río Amazonas. San Joaquín alguna vez fue centro de cabecera de las Misiones evangélicas a cargo de Samuel Fritz en los siglos XVII y XVIII, misiones cuya extensión territorial llegaba hasta la desembocadura del río Negro, próximo a Manaos, actual Brasil, ya que el territorio de la corona española a través de las “Reducciones” de los padres jesuitas llegaba más allá del río Negro. Con la presencia de docentes de la I.E.P “Elías Aguirre” y del alcalde delegado, alumnos, pobladores y de los escritores Patrick Pareja y Percy Vílchez se habló de Río Marañón y luego se pasó a entregar libros a los docentes de la I.E.S. “Elías Aguirre”, como parte del proyecto “Toma, lee y gana”.

Nauta, la siguiente parada

Luego Río Marañón pasó a Nauta, aquella ciudad fundada en 1830 por el cacique Manuel Pacaya Irarica. Lo que siempre me llamó la atención en la fundación de Nauta es cómo es que toda aquella ciudad esté fundada a partir del descubrimiento de una tinaja (en cocama, mauta), vista como algo tan sagrado y simbólico, según creencias cocamas, encontradas por los hombres de Pacaya, que luego los colonos lo cambiarían por la palabra “Nauta” que significa “marinero”, adoptando este nombre hasta el día de hoy. La presentación se hizo con la asistencia de un regidor de la Municipalidad Provincial de Loreto Nauta, en representación del Alcalde, estudiantes y docentes de la I.E.S. “Miguel Grau”, a quienes también editorial Tierra Nueva entregó libros para el concurso del 2022 de “Toma. Lee y gana” que tiene como objetivo estimular la lectura en los estudiantes de Secundaria. Ahí la colección Río Marañón, ese interminable río de libros, hizo honor a su nombre, ya que se encontraba con su homónimo, el gran río “Marañón, gran río de turbulentas aguas”.

Quebradura y Relatos de caucho y oscuridad

Y cuando pienso en aquel cauce potente, imponente, majestuoso, hermoso, en la cual viví navegando por muchos años, me es imposible verlo después sin dejar de pensar en dos libros de la colección: Quebradura, de Miguel Donayre y Relatos de caucho y oscuridad, de Paco Bardales.

Miguel Donayre afirma que diseñó, por el insomnio que había desarrollado, Quebradura en la cama de un hospital, en Madrid, España, mientras daba una de las peleas más importante de su vida: vencer a la COVID-19, convirtiéndose Quebradura en el libro de confesión amazónica, una confesión desde casa, desde otra óptica, más íntima en un momento difícil de la vida del autor que, con las dolencias de la COVID, no tenía más cabeza para pensar solo en su vida y en la Amazonía. La quebradura, ese fraccionamiento en dos partes, representa para Miguel esos dos momentos como fue vista por años y por diferentes estudiosos la Amazonía y romper ese punto para iniciar la otra parte, la otra forma de ver la Amazonía, romper las viejas “quimeras” de los viajeros sin fronteras, para que desde la sensibilidad ocasionada por los libros que cita y le lleva a reflexiones, le permitió ver la Amazonía, la floresta, la pampa, o como se le pueda llamar, desde su verdadero punto de encuentro, desde su verdadero entendimiento, desde casa y no desde la vista del turista, que llega a la Amazonía con el mismo pensamiento occidental y colonialista, creyendo que Francisco de Orellana descubrió el Amazonas, como si los hombres que navegaron y navegaban antes del él, no fueran hombres, o solo fueran nadie.

Recuerdo muy bien que conocí a Paco Bardales por el 2003, cuando él trabajaba en el Instituto Nacional de Cultura (INC), siendo director regional de cultura el gran pintor Gino Ceccarelli. Lo conocí escritor, cronista, impulsor de la cultura, gestor del buen arte. A los años, ahora Paco, además de ser cineasta, sigue conservando la mano caliente, y eso lo demuestra con Relatos de caucho y oscuridad. Paco nos recuerda, y mediante los relatos nos conserva algo que ningún amazónico debe olvidar: lo salvaje e inhumano que fue la época del caucho, donde según informes y diferentes estudios, se mató a más de 30 mil indígenas amazónicos. Julio Cesar Arana fue un gran manipulador que, para desviar el escándalo, contrató a su cuñado, Silvino Santos, para que le acompañara en un viaje, junto a una comitiva que iba a investigar lo que pasaba en El Putumayo. Silvino Santos tomaría las fotos y se mostraría al mundo lo bien que se llevaban los indígenas con los caucheros (Exposición de fotografías), y escondiendo la forma cómo se sometía a los indígenas, atrapándoles como si fueran animales salvajes y domesticarlos, en este caso esclavizarlos (Correrías), o intentando mostrarlo como un patriota cuando nunca lo fue (Los navegantes). Esa magia o ficción con que enlaza las historias es propio de aquellos cuenta-cuentos de las abuelas, bajo la luz de unos lamparines, que nos mostraban la magia amazónica, sus misterios y sus horrores. Paco recrea ese ambiente en este libro que, al igual que Quebradura, nos permite acercarnos a una nueva forma de ver la Amazonía y su pasado.   

14 de agosto. Requena. Aniversario.

Siendo misioneros del buen leer y de promocionar libros amazónicos y de la mejora de compresión lectora, Percy Vílchez y Patrick Pareja llegaron a Requena el 14 de agosto, al igual que un día arribó hasta San Martin Tipishca (hoy Requena) el misionero franciscano,  Agustín López Pardo, (el más grande hombre amazónico en lo que llevamos de siglos, según el ilustre misionero agustino Avencio Villarejo). López Pardo fue un sacerdote nacido en la localidad de Palacio de Benaver, Burgos. Después de ordenarse sacerdote en Arequipa, fue destinado a la misión del río Ucayali, en la selva oriental peruana, la misma que recorrió decenas de veces al igual que sus difíciles afluentes, terminando por fundar la ciudad de Requena, hoy provincia de Requena, perteneciente a la región Loreto. Percy Vílchez y Patrick Pareja llegaron a Requena con la colección Río Marañón, invadiendo un cauce ajeno, literalmente, el río Marañón que se adentraba en todos los lugares posibles. Aquel sábado 14 se inauguraba la Semana Turística por el aniversario de la Provincia de Requena. El propósito que dos escritores llegaran a Requena era para presentar la colección que ya por entonces provocaba comentarios desde diversos sectores. Con la particularidad que la presencia en Requena era para presentar La casa de las fronteras y Especies secretas de Gerald Rodríguez, editado par Tierra nueva, siendo este último parte de la colección. En la presentación estuvo el alcalde, Orlando Jaker Huaymacari, quien en el auditorio de la Municipalidad Provincial de Requena invitó a que lean los libros publicados. 

Especies secretas, la ficción amazónica

En palabras de Percy Vílchez, el libro de cuentos Especie secretas se puede resumir como: “El ímpetu de lo inesperado define a los cuentos del presente libro. Desde el inicio hasta el fin de la obra, hay la influencia de los sobrenatural que se interpone al realismo inicial como una presencia definida, una influencia radical, que decide finalmente, el destino de las aventuras de los personajes. Cada cuento entonces progresa por un sendero y luego se interrumpe o salta hacia otra dimensión de la experiencia humana, agregando y enriqueciendo la historia hasta el límite de lo inverosímil. De esa manera cada cuento es transformado radicalmente, arribando a un destino inesperado. Gracias a esa transformación el lector es transportado hacia otra dimensión de lo real como una experiencia fantástica”.

Caballococha, un viaje a los límites

Entonces río Marañón arribó a Caballococha, aquella ciudad leyenda donde nacen dos historias que le dan esa característica: la primera es que aquel poblado, junto a sus antiguos habitantes, fueron sumergidos por una fuerza divina. La segunda es que luego de habitarla nuevamente, decían que de aquel lago que está al frente de la actual ciudad, salía un enorme caballo blanco cuyo relincho sembraba temor, hasta que un día los devoró a todos, quedando esta última leyenda para siempre como el nombre de la ciudad. Ahora capital de la provincia de Ramón Castilla, Caballococha nos esperaba sin fuerzas divinas o extra dimensionales, o con algún gigantesco caballo para devorarnos. A las 4 de la tarde del lunes 13 de setiembre nos embarcamos en “el Ferry”, para ir en busca de más lectores, con quienes podamos compartir esta serie única en la historia del libro de la Amazonía. La embarcación es acogedora, única, amoblada y elegante, con un nivel de seguridad inigualable. En este recorrido nos acompaña Jaime Vásquez Valcárcel, Patrick Pareja Flores y Percy Vílchez Vela, autores de la colección. Conversamos y disfrutamos del viaje, planeamos la presentación, discutimos algunos temas. Es la primera vez que tengo una gira con mi editor, con el periodista, con el artífice de esta locura que se llama publicar libros, ya que es la primera vez que lo veo más de tres horas seguidas, es la primera vez que le escucho hablar de sus lecturas, de su familia, del pasado de Iquitos, del periodismo regional, y voy entiendo “CoNpasión”, ese libro donde confluyen varios elementos que forman parte de su vida.

CoNpasión, retrato de una vida en el presente

CoNpasión es un libro de crónicas, de retratos en una ciudad que se cae, compuesta por tres partes: Familia, Prensa, Sociedad. Para Jaime, la verdad no tiene precio, así la verdad atente contra la tranquilidad de su familia, amigos, allegados, personas que quiere y ama mucho como si fuera un niño, la verdad nunca es vetada por su lealtad al periodismo. Jaime, con sus crónicas, ha despertado odios gratuitos, pero acaso CoNpasión es ese libro donde Jaime protesta por ese tiempo pasado que fue mejor, es CoNpasión acaso ese santuario de retratos que en un momento se detiene en la ciudad de Iquitos, con su gente, sus poetas, sus problemas, sus inquietudes, sus pesares, su forma particular de ver la Amazonía, una vez más unificando su objetivo, aunque parezca lejano, con la colección Río Marañón, y esa óptica distinta con que vemos los autores a la Amazonía, esa Amazonía reivindicada desde el retrato, desde el ensayo o la crónica, desde la novela, el relato o el cuento, que se entrelazan ya sea por la memoria urbana o la floresta, por su pasado, por su presente y por la Amazonía propia.

Caballococha, 14 de setiembre 2021

Después de una noche de viaje, de tanta conversa en “el Ferry” y haber comprendido el libro de Jaime Vásquez Valcárcel, llegamos a Caballococha muy temprano. Luego de un pequeño viaje en bote desde el Amazonas, cruzamos el lago que luego de 20 minutos nos lleva al encuentro con la leyenda y su gente que todavía vive ahí sin temor al caballo gigante. A las 11.30 de la mañana llegamos al auditorio del Instituto Superior Tecnológico, y van llegando alumnos y docentes de la I.E.P. “Miguel Acosta Oyarce”, “Carlos Olórtegui” y “San Felipe del Amazonas”. La directora de la UGEL Ramón Castilla, Gladys Ríos, nos da la bienvenida, con unas expresiones singulares, donde muestra la importancia de crear hábitos de lectura y ser mejores personas. Después de la ceremonia y el agradecimiento del alcalde distrital de San Pablo, entre otros, se entrega paquetes de libros a los alumnos de los colegios que participarán del concurso “Toma, lee y Gana-2022”. Ahí, en ese pequeño tumulto que se genera por acercarse a los libros de Río Marañón, sentimos ese calorcito de emoción de estar frente a maestros ávidos por tener un ejemplar en sus manos, de sentirlo, sopesarlo, tocarlo, explorarlo, me generó una sensación que ningún mortal puede más vivir, solo aquel que sepa del valor de un libro. Luego vistamos la comunidad de “Cushillococha” comunidad ticuna ubicada a 20 minutos de Caballococha, donde nos conectamos con aquel pueblo originario. El río Marañón se quedó en aquella ciudad con ese río interminables de libros, donde pude ver algunas fotos de colegas disfrutando de la lectura, que me genera una tranquilidad al saber que aquel viaje no fue en vano.

Yurimaguas, serie Río Marañón y su encuentro con el Huallaga

El lunes 20 de setiembre, salimos de Iquitos, primero y luego desde Nauta rumbo a Yurimaguas en “El Eduardo”, embarcación pequeña, en forma de yate, que promete llegar en 15 horas a la capital de Alto Amazonas. Navegar por aquel río que tiene su origen en paralelo con la línea equinoccial es toda una aventura, la misma que vivió el Padre Pablo Maroni, contada en sus crónicas Socitatis Ieusu, que es una narración de todo un viaje por este río majestuoso, en los años 1737, desde Quito, hasta el nacimiento en el cerro del Congui, antes venida de la vertiente de la cordillera Raura (llamada  valle de Ambato por Maroni) y que va rompiendo la cordillera de los Andes, abriendo camino menos dilatado por las montañas secas del Marañón, recorriendo todo su cauce hasta su desembocadura. Su afluente más lejano que es su origen, está al pie del nevado Yapura, siendo su segunda fuente las nacientes de los ríos Carhuacocha y Janca, en la región Huánuco. Este río nace en Huánuco, pasa por Ancash, La Libertad, Cajamarca, Amazonas y termina en Loreto. Tiene mucha historia recorriendo sus aguas, ahora hace gala para nombrar a una colección de libros que intenta mostrar a la Amazonía desde un punto de vista diferente, de cómo los viajeros le habían visto, representado de esta manera un balance de los 200 años de Independencia del Perú, un balance amazónico de lo que somos y de lo que fuimos. En Yurimaguas nos espera Jaime Vásquez, que va desde Lima, y Paco Bardales, que va desde Pucallpa. A mi lado va Percy Vílchez, y en la parte trasera de la embarcación va Patrick Pareja. Viendo el fuerte caudal del río, la rebeldía de sus aguas, recuerdo la rebeldía de los indígenas, muchos de ellos amazónicos, en el proceso de colonialización. “Eran tan rebeldes como las aguas de este río”, y es que parece que los amazónicos, desde que nacemos, al tener contacto con el río, heredamos de ella su rebeldía. Todo esto me lleva a pensar en una novela que tengo clavada en la cabeza como un alfiler, por su hecho inusual, rebelde, casual, amazónico, como solo Percy Vílchez pudo haberlo imaginado, con su óptica desde ese lado del amazónico, para contarnos desde casa nuestra propia historia.     

Obsesión por Ofelia, una novela en movimiento

Cuando terminé de leer Obsesión por Ofelia, las imágenes grabadas que me dejó parecían en movimiento, como un rodaje, como si fuera una película, tiene esa particularidad, y como trata del cine, es pura coincidencia que las palabras hechas imágenes se sigan moviendo en mi mente cada vez que la recuerdo. No sé si les sucederá a otros lectores, bueno, a mi es la primera vez que me sucede. Es que Percy Vílchez usa la narración fotográfica como un recurso para que la historia pueda contarse sola, como las películas que se guían solas, según el buen hilo conductor desarrollado para esa historia. Cada historia, cada cuento, cada novela, tiene su propia forma de ser narrada, para contarse sin piruetas textuales ni técnicas engorrosas. Percy Vílchez dio en el clavo al elegir la estructura, la forma, el fondo, la técnica, los personajes, las dimensiones de las palabras, el cálculo de los personajes, la dosificación del humor necesario, la rebeldía de una ciudad que no podía faltar para agregarle la particularidad de los iquiteños, más que un defecto, considerada en la novela como un atributo genuino de las sociedades civilizadas, como Macondo, donde todo puede suceder, como en Iquitos. 

21 de setiembre 13.00 p.m. Yurimaguas

Llegamos a Yurimaguas, después de toda una noche de viaje, sin poder dormir, tomando café como si fuera agua de la quebrada, refrescándonos en la parte trasera de la embarcación, un ruido inmenso incluido, y de disfrutar del paisaje de día, llegamos a Yurimaguas con lluvia, augurio que todo iría bien. Yo llegaba después de cinco años a la ciudad de Yurimaguas, donde había estado viviendo casi un año. Yurimaguas me daba la impresión de haber crecido, estaba limpia, cálida, ordenada, o quizás era producto de mi mala noche que vi a Yurimaguas más linda que antes. Anduvimos por esa ciudad que alguna vez fue cuna de caucheros, la ciudad de Miguelina Acosta, la ciudad que conecta a la Loreto con la Sierra y Costa. Siendo las 9.30 a.m. del día 22 de septiembre, la asociación cultural “El embrujo amazónico de Yurimaguas” (ACEAY) a cargo de la profesora y escritora Irma López Chumbe, nos daba la bienvenida, junto a docentes del colegio “Monseñor Atanasio Jáuregui”, “El Industrial”, y el “110 –Agropecuario” entre un público variado. Después de la ceremonia, la editorial pasó a entregar libros para el concurso “Toma, lee y gana”, sin dejar de hacer un reconocimiento al docente Elvis Pezo, elegido por el MINEDU como maestro del Bicentenario. Tierra Nueva le entregó un ejemplar de “Los maestros del bicentenario”, donde se encuentra una crónica sobre el profesor yurimaguino.

Tarapoto, el Río Marañón en una ciudad inesperada

Salimos de Yurimaguas a las 5.00 pm junto a Patrick y su familia. Yo tenía una ponencia en la Feria de editoriales peruanas “La Independiente” sobre ¿Perú bicentenario? Junto a Miguel Ildefonso y a Rocío Valdeavellano. Jaime Vásquez, Percy Vílchez y Paco Bardales habían salido antes para esperarnos en el próximo paradero: Tarapoto. Ese viaje de tiempo me hizo pensar en lo hermoso que es la selva peruana, la selva alta, los valles verdes, la frescura del tiempo transcurrido, tatuado en ese viento que revolotea mi cabello. Cuando el camino se curvaba, decía “este camino tiene ritmo”, y me refiero al ritmo poético, el literario, a ese ritmo único y particular que tiene los poemas y los cuentos de Jorge Najar, que después de leer El Eterno, el libro de Río Marañón y el cuento que da el nombre al libro, no dejé de pensar que la vida también conserva ese ritmo, un ritmo para vivir como nos narra Jorge Najar.

El eterno, una pasión por el ritmo

Ahora que vengo preparando un ensayo sobre la poesía de Jorge Najar, ensayo que formará parte de un libro sobre la poesía amazónica, específicamente solo cinco poetas, logro descubrir que su narrativa se enlaza con su propuesta poética. Engarzada poesía y narrativa por esa pasión que tiene Jorge, por una parte con el lenguaje, y el otro por el ritmo, los cuentos de El eterno, combinan una de esas extrañas formas de narrar, que no se presenta en la generación actual, y que lleva un adicional que es la textualización poética, el uso de recursos, y la ubicación de cada historia con el narrador que más se acomode a la historia (pocos son los que narran en segunda persona como lo hace Jorge Najar en La reina del Tíbet), conservando ese ritmo desde el principio a fin, enganchándonos por la elocuencia de sus personajes y de su narrativa. La colección Río Marañón tiene en El Eterno su cauce, su ritmo, sus olas, su potencia. En El Eterno se conserva la suavidad de una navegación por la vida con tremendos personajes.

Llegamos a Tarapoto a las 7.30 p.m. aproximadamente, y después de pasarme todo ese recorrido recordando los cuentos de El eterno de Jorge Najar, nuevamente me encuentro con aquella ciudad donde alguna vez quise quedarme a vivir. Tarapoto te envuelve por su rareza, por ser una provincia que tiene facha de ser la capital de la región San Martin. A la mañana siguiente, después de tomar un buen café tarapotino, decidimos hacer un periplo por Lamas, donde alguna vez vivieron los “quechuas wayku” y que fueron luego reducidos por una congregación religiosa española llamada “La santísima cruz de los motilones de Lamas”, relacionada a la fundación de Lamas junto a Martin de la Riva y Herrera, el diez de octubre de 1656. De todo eso, ahora solo queda de los “quechuas waykus”, “los quechuas lamistas”, que son los que le dan vida a las festividades. 

A las 7.30 de la noche en Tarapoto se iniciaba la presentación de Río Marañón. Ciudad heroica y valiente, que aún viene sanando las heridas que dejó “Sendero Luminoso”. Los cinco autores de la serie que estaban presentes hablaron de su obra, no sin antes escuchar al director de la Dirección Desconcertada de Cultura de la Región San Martin, Luis Vásquez Vásquez. Entre el público se encontraban escritores del grupo literario “Resistencia” y “Lupuna”. Pintores, periodistas, gente que gusta de los libros participaba de la alegría de semejante encuentro literario desarrollado en “La Casa de la Cultura David Juan Ferris Olivares”. Concurrencia masiva que había albergado dicho local, también por la difusión que tuvo desde las horas de la mañana, gracias a una entrevista que nos hizo en radio Exitosa-Tarapoto, Armando Murrieta, periodista iquiteño, que también estuvo en el evento. De Tarapoto me llevo el recuerdo de haber conocido muchos gestores culturales, gente pilas que le pone ganas a un evento que, al conectarnos, sentimos que esta labor de escribir no es solo de un grupo de gente que apuesta por la cultura, sino que también ayudan a otros para hacerlo.

Moyobamba, Río Marañón y el encuentro con el otro pasado

Salimos para Moyobamba muy temprano, porque el cauce del Río Marañón nos lleva hacia las huellas del otro pasado, a la ciudad de donde son gran parte nuestros ancestros que fueron a vivir en Iquitos y se quedaron para siempre. Es viernes 24 de setiembre, Moyobamba nos espera, y nuevamente en el auto con Patrick y su familia, viajando en medio de esa carretera hacia una ciudad que tanto quería conocer, ya que parte de mi familia también proviene de ese lugar. Patrick Pareja Flores es un joven que se acaba de integrar a editorial Tierra Nueva, con un libro de cuentos novísimo, que él lo tituló Tierra de Orates. Antes había sabido de él, pero lo conozco desde el 2019, entonces me había dado su libro Cuentos Escabrosos. Lo había leído y aplaudo la valentía de un joven que quiera dedicarse a la literatura. No es fácil hacer crecer la semilla que ya sembraron algunos poetas y escritores, antes de mi generación, con lo que tendría que ser la literatura amazónica, o peruana, igual, da lo mismo lo que debería ser la literatura hoy en día. A los Cuentos escabrosos le faltaba pulir algunas cosas, afinar algunos detalles, desmontar la maraña, sacar cosas y reubicarlas. Nunca le dije a Patrick lo que pensaba de su libro, además quién era yo para darle un concejo, pero algo me dijo que estaba en un buen camino. Seguimos avanzando a Moyobamba, veo el río Mayo muy furioso, correr por su cauce pedregoso, y pienso si todos los ríos llevan algo del tiempo, de la vida que fue alguna vez, pienso en el Mayo y pienso en el nuevo libro de Patrick, y me detengo en la nueva propuesta que se germina en la literatura.

Tierra de Orates, las dos caras de la ironía

Los carnavalescos personajes de Tierra de Orates me recuerdan a esos burlados por George Orwell, o algunos de ellos en El Quijote, otros en los cuentos de Julio Ramón Ribeyro, y de tantos otros que se me viene a la mente mientras observo el río Mayo. Y me imagino al Marañón devorando con su hermosura ese riachuelo de agua que pretende ser río. A veces creemos que el mundo está loco, en Tierra de orates, el autor no lo cree, está convencido que son las facciones que ha divido la comedia humana, la vida detestable, el lado opuesto al pobre y al criollo, es el lado de la vida que no negamos aceptar, aun cuando vivimos en ella como autómatas y creemos que la vida es así. La humanidad de Tierra de orates son fantasmas efímeros dentro de una sociedad decaída, reluciente por el mal, caricaturas teatrales de esta comedia humana, que es la vida, que es el Perú mismo.

Llegamos a Moyobamba aproximadamente a la 12.30 pm. Nos dirigimos a las oficinas de la Dirección Desconcertada de Cultura de la región San Martin, y nuestro anfitrión es Luis Vásquez, el director que nos recibe con una calurosa bienvenida, entre regalos y en medio de los trabajadores. Moyobamba es tierra de encuentros, de orígenes, es tierra de luchas históricas, es el lugar donde Juan de Alvarado se encontró, en el año de 1561, con aquel chaman cocama llamado Viarizú, que venía desde lo más profundo del Amazonas en busca de la Tierra sin Mal y que fue llevado hasta el virrey de entonces para que supiera de tales noticias. Moyobamba fue el punto clave para que Guillermo de Cervantes lograra declarar a Loreto como “Estado Federal” después de derrotar en estas tierras al Ejército Peruano enviado por Augusto Leguía. Pues ahora Moyobamba volverá a hacer historia con la presentación de Río Marañón.

Después de las ocho de la noche se da inicio al evento cultural tan esperado por la DDC y el pueblo moyobambino. Luis Vásquez nos da la bienvenida y hace un recuento de los libros de la colección. Después le sigue Jaime Vásquez que habla de la importancia de la propuesta, luego llega Ángel Calvo y su divertido personaje “Nicolasa”, para darle chispa al evento. Luego hablan los escritores, cada uno de sus libros. La música se viene y una doctora polaca, se hace presente con su violín, junto a una niña, quien la acompaña para producir los sonidos más bellos del mundo que nos deja estupefactos. Y, finalmente, hace su aparición musical Luis Salazar Orsi, gran artista, gran amigo, que no solo nos deleita con “La puinahuina” sino con otras de su creación. Brindamos con vino, disfrutamos de lo que queda de la velada. Moyobamba nos dio la mejor acogida de la gira, cómo olvidar el encuentro con amigos, con familiares. Moyobamba se quedó con el Río Marañón. Pero lo más interesante es que estamos en la ciudad donde uno de los autores ha nacido y crecido: el escritor Werner Bartra Padilla, que por motivos de salud no nos pudo acompañar al periplo. Yo leí a Werner por primera vez en la universidad, cuando él todavía estudiaba Derecho y Ciencias Políticas. Sus cuentos siempre me parecieron interesantes, frescos, bien escritos. Ahora con El escritor infame, Werner nos deleita con cuentos que dice mucho de la visión que tiene de la Amazonía.

El escritor infame: universalizando lo amazónico

Entre los temas cotidianos y comunes como el deporte, el amor, los sinsabores de la vida, la familia, el olvido, dentro de un contexto amazónico, se va caracterizando El escritor infame, incluyendo los mitos que se escapan de la ficción para engarzarse en la realidad como algo propio. Todo es posible en el mundo de Werner Bartra, en el mundo amazónico, donde los perdedores, los incomprendidos, son la muestra más clara que todavía vivimos esos mundos posibles aun en la propia literatura. El escritor infame, el cuento que da título al libro, es una de esas cositas que conmueve como lector, aun sin que hayan conocido al personaje. Werner con ese cuento detuvo el tiempo, y me detuve en él, cuando la universidad, los primeros libros, los actos rebeldes de la juventud se hubieran quedado ahí, en ese pedazo de tiempo que es ese cuento y que para muchos significa algo especial. Dejo de leer, pienso en un amigo que ya no está y que a veces lo extraño por las locuras que hicimos juntos, por los sueños de querer ser escritores. Me duermo. 

A la mañana siguiente partimos para Rioja, en búsqueda de dos amigos: Luis Salazar Orsi y David Lenin Panduro. Luis nos espera cerca al paradero donde nos dejó el auto y salimos a Rioja, pisamos sus calles, respiramos su aroma a pueblo antiguo, a pueblo con historia, hasta que llegamos al museo privado “Toé”, chiquito, donde la historia del pueblo está representado por el artefacto, elemento, objeto, imágenes, cuadros, líneas de tiempo, personajes. Después de comer avispajuane, de deleitarnos del repertorio privado de Luis Salazar Orsi y de haber estado en una tierra que está conectada a Iquitos, regresamos a Moyobamba para luego enrumbar hasta Juanjuí.

Juanjuí, el Marañón tras los pasos del Huallaga

Salimos de Moyobamba a Juanjuí casi a las dos de la tarde, haciendo un solo transbordo en Tarapoto. Viaje extenuante, hermoso por la diversificación del panorama y el paraje, y redescubriendo la Amazonía en sus otras dimensiones. Es sábado 25 de setiembre del año 2021 y en el camino a Juanjuí encontramos toda clase de poblados muy bien desarrollados, campos bien cuidados, una vasta variedad de sembríos, pasando por el frente del “cerro de la sal”, quedando al otro lado la comunidad de Pilluana. El camino a Juanjuí es largo, algo agotador. Llegamos casi a las 7.00 pm. Alistándonos con la misma para hacer la presentación de Río Marañón. En la plaza está la carpa de la editora “Trazos”, en la dirección de Miuller Vásquez. En la plaza, donde se hará el evento, ciudad donde hay que cultivar desde abajo el hábito de la lectura y la cultura del libro, nos esperan los amigos de “Resistencia”, grupo literario al igual que los amigos escritores y dramaturgos de “Lupuna” y de “Trazos” editores. Intentamos comer algo rápido, pero llueve, aun así, vamos a la plaza. Pasa la lluvia, regresamos al escenario. Se inicia la presentación de Río Marañón. Terminada la presentación, partimos rumbo al boulevard “Punta verde”, comemos algo, hablamos con los amigos, hasta que llega la hora de ir a descansar. Al día siguiente, después del desayuno, regresamos a Tarapoto, agradecido de Juanjuí y de su hospitalidad. 

Tarapoto, lunes 27 de setiembre. Aeropuerto

7.30.am. En el aeropuerto de Tarapoto tengo la sensación que este viaje fue fructífero, que dejamos una semilla de la labor editorial de Tierra Nueva y del trabajo de cada uno de los escritores amazónicos. Esos escritores que por primera vez hicieron un transbordo de lancha a yate, de yate a auto, llevando y presentando libros para que el peruano eleve la lectura del libro per cápita y lea tanto como respira o come. Abordamos el avión rumbo a Iquitos. El avión es pequeño, de poco alcance de pasajeros, y pienso en el avión del cuento “Crónicas del vuelo 204”, de Melissa Mendieta, del libro Obituario.          

Obituario: una carga del destino

La muerte en la literatura siempre fue un tema universal. El ser humano visto y narrado de distintas formas, ha impregnado en la literatura, lo que significa la muerte en la cultura y en la óptica del mundo. La culpa, lo fatal, lo ficticio, las creencias populares sobre fantasmas, la muerte en todas sus formas, de tenerlo cerca, de verlo de lejos, en nuestras manos o guardadas en la memoria, sus daños, su efecto en la conciencia del ser, son los temas que inquietan cuando uno lee Obituario, en esa narración simple, sin malabares gramaticales ni piruetas metafóricas, Melissa Mendieta nos lleva a un plano cercano a la realidad amazónica, nuestra cotidianeidad que nos acerca un poco a ese lado de la conciencia que nadie quiere explorar, que son nuestros temores de estar solos, nuestras pesadillas, nuestras fobias. El avión sufre un sacudón, y pensar que en menos de un par de minutos pudiera estar muerto, pienso esto sin dejar de recordar las reacciones que me generó Obituario, conservando una esperanza de que todo saldrá bien.

Son las 10.30. a.m. Llegamos a Iquitos sin ninguna novedad, todo está bien, salgo junto a Percy Vílchez y creo compartir su felicidad. Estar nuevamente en casa, en medio del caos vehicular, con las motos que vuelan, oliendo a Iquitos como siempre lo puedo oler, a pescado ahumado, a caldo de gallina, a juane, a masato, desde alguna cocina, oliendo su triste desgracia de ciudad desordenada. Eso es Iquitos, alguna vez fue mejor, o quizás no, no lo sé, no lo viví, pero sí quien lo vivió y dejó de eso datos fue José Ángel Verea Chávez, en el libro póstumo, ¡Me importa un pepino! (Textos penúltimos), que también forma parte de Río Marañón, que me hizo añorar y el haber querido vivir en ese Iquitos de hacía más de 60 años.

¡Me importa un pepino!, ¿todo Iquitos pasado fue mejor?

 José Ángel Verea Chávez fue la última mente llamada a recordar nuestro pasado, la ciudad de entonces y como es que Iquitos, después del caucho, fue refundándose, o refinándose entre otras costumbres sociales para mantenerse viva como ciudad. Anécdotas, datos, hechos, sucesos, retratos íntimos, quehaceres, y todo lo que haya pasado y que José Verea haya vivido o escuchado, lo retrata en este mural llamado Iquitos, donde no se deja de dibujar sus costumbres y sucesos característicos que lo hacen una ciudad multicolor. Pues la historia se empieza a reconstruir a partir de estos sucesos que ahora quedan grabados en el libro, que es al mismo tiempo un homenaje a quien alguna vez le interesó estampar lo que sucedía en Iquitos para los intereses del futuro. 

Llego a casa agradecido con Tierra Nueva, con la familia Vásquez-Morales, de los amigos que compartieron conmigo esta experiencia, de los amigos que nos recibieron en cada uno de estos lugares, sin olvidar que los libros de Río Marañón también estuvieron en Pucallpa, en la Feria Ricardo Palma de Miraflores, Lima, y que seguirá quedándose en cada lugar que visitemos. El espíritu de Río Marañón seguirá surcando por aquellos cauces que producen los sueños y el imaginario.