Hace poco hablaba con un amigo luego de una pausa laboral, me comentaba la situación, nada fácil, por la que atravesaba su hermano. Era su hermano mayor, casado y con una niña que tenía síndrome de down. De una vida más o menos encarrilada, pero un día su vida cambió para siempre, se le hizo cuesta arriba todo. Tuvo problemas en el trabajo y fue despedido, fue una de esas deslocalizaciones empresariales tan frecuentes de estos días. A sus años le fue difícil encontrar trabajo otra vez, por más que persistía enviado CV por todos lados y a peores trabajos. Vivía de la pensión del paro que había cotizado. Los problemas en casa se agigantaron hasta estallar, emocionalmente, en esa situación no es fácil llevar una familia. Se separó, está limitado visitar a la niña y, en ese proceso, le han diagnosticado esclerosis múltiple y la vida de él y de su entorno familiar es más que preocupante. No es una enfermedad que tenga remedio en el corto plazo y cambia totalmente tu vida y la de aquellos que te rodean. Durante estos dos años ha seguido un riguroso tratamiento especial pero le han dicho que el plazo para que le administren medicinas experimentales ha terminado y ahora él tendrá que pagarse la enfermedad ¿En la situación en la que está? Su madre y padre están muy preocupados. Sus hermanos no saben qué hacer. Se sienten impotentes de colaborar con él ¿a quién acudir si la Administración les ha cerrado toda posibilidad? Hoy tocan las puertas de las asociaciones vinculadas a estas enfermedades, no sólo a una, y muchas dependen de las donaciones de sus asociados y público en general. Una situación difícil, la mar de difícil. Seguro que la situación de él es la de muchos con esta enfermedad. Es lo que menos se entiende en casos como estos, que en la palestra se escuche a los líderes políticos decir a bocajarro y con cierta jactancia que van a bajar los impuestos en desmedro de la sanidad pública, mostrando un nivel de sensibilidad por los suelos ¿es esto posible?

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