Estas semanas han estado llenas de noticias preocupantes. En Madrid hay un fuerte rebrote de la pandemia del COVID 19 como consecuencia de la improvisación y dejar en las manos del mercado a la sanidad pública. Vivimos la época del dogmatismo liberal que pagamos todos los platos rotos. Con esas noticias decidimos irnos unos días por la Sierra de Guadarrama. Metimos lo indispensable en el zurrón y hala, a la sierra para buscar aire fresco. Aquí la sierra es sinónimo de mejor salud. Entre los libros que llevaba había uno de especial guiño “La librería ambulante” de Christopher Morley, escritor norteamericano. Lo leí de un tirón. La historia cuenta que un día llega a la granja regentada por dos hermanos una caravana llena de libros a cargo de un diligente vendedor. Uno de los hermanos era escritor de éxito en esos parajes de Nueva Inglaterra. El propósito del librero de ir a la granja era para vender la caravana al escritor porque tenía el firme propósito de escribir un libro sobre su experiencia lectora y de vivir en los campos. La hermana que estaba en la granja y preparaba miles de hogazas, finalmente con sus estrechos ahorros, termina comprando la caravana de libros. A partir de ahí surgen las aventuras vendiendo libros a granjeros de esos predios. También ocurren accidentes jocosos y otros muy serios alrededor de la caravana. Mientras leía la novela se me venía a la mente una librería ambulante, no con libros en una caravana sino librería ambulante fluvial, montado en un bote con techo de pamacari y rodeado de estantes llenos de libros, preparado para ir por las riberas de los ríos ofertando libros y hablando de los libros – es una aventura quijotesca lo sé, pero se trata de imaginar por unos momentos segundos que hubiera esa embarcación con folios que inviten a la fantasía, a salir de la asfixiante realidad, a respirar otros mundos y latitudes. Una vez con un amigo tanteamos poner una librería en Isla Grande, pero se evaporaron las ilusiones. Puestos a soñar, la librería fluvial ambulante tendría el nombre de B/M Los libros de la tierra sin mal. Como dice en la novela de Morley: “Cualquiera que haga leer a la gente del campo cosas que valgan la pena le estará prestando un gran servicio a la nación”.

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