La diferencia horaria, de una hora, con la península casi no la percibimos durante la estancia en esta ínsula tan acogedora. La empatía andaba en plenitud y diluía toda referencia a una hora de más o de menos. El atardecer en la playa de Las Canteras era de ensueño, mirando al inconmensurable Océano Atlántico que se alimenta de un centímetro cúbico de las aguas café con leche del Amazonas e imaginando en este rincón la morada de los héroes difuntos, es de una carga mítica descomunal como la de las visiones de la ayahuasca. Andaba alucinado en esas historias. Una muchacha del hotel nos recomendó visitar la isla tierra adentro, era una chica muy apegada a su terruño y contra el turismo que solo oferta y disfruta de la playa [me recordó ese reforzado orgullo insular como el de Aleyda], así que nos decidimos visitar, previa vista al mapa, los pueblos como Teror y Arucas. Ese día eran las peregrinaciones de todos los puntos de la isla al pueblo de Teror, que es un pueblo acogedor, cuya Virgen del Pino, apareció en la cima de unos pinedos donde se erigió la actual basílica, es la patrona de la isla. Advertí que entre los adornos de calle a la virgen estaban unas mazorcas de maíz (¿será un aporte amerindio de este lugar de trashumancia?). En uno de los descansos comimos un bocata con el famoso chorizo de Teror – muy recomendable. De ahí fuimos en autobús – acusan de una puntualidad asombrosa, hasta Arucas y desde lejos se puede apreciar la iglesia de San Juan Bautista o conocida como la “catedral de Arucas” de estilo neogótico. Al pie de la iglesia, en uno de los bancos, es de un sosiego impagable y volvían a cogerme del cogote las historias de cementerios marinos y las sílfides de los cuentos de la abuela Natividad. De lo que vimos el casco histórico estaba preservado y protegido. Las personas te indican con amabilidad el lugar donde quieres ir, es más, hasta detienen su coche para señalarnos el lugar. Así llegamos al Jardín Botánico y de cuya terraza divisas el mar azul. En ese jardín puedes descubrir y conocer parte de la flora de la isla. Para mis ojos amazónicos, algunas plantas son muy exóticas y amplían más el catálogo del saber. Curiosamente, la sensación de transitar entre márgenes la he percibido en todo el camino como en la muestra del Centro Atlántico de Arte Moderno- CAAM. Te remueve, en particular, la muestra Rosângela Rennó.

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