Escribe: Jorge Martín Carrillo Rojas

A nueve días del aniversario patrio empieza a promoverse en redes sociales que no haya celebración alguna. Docentes y alumnos en el país han expresado su rechazo a participar de los acostumbrados desfiles escolares o cívicos militar. Consideran que no existe motivo para solearse o enfriarse por el llamado amor a la patria, más aún cuando no se sabe si quien está en uno de los tantos estrados oficiales está inmerso en actos de corrupción y conociendo de las noticias que día a día se ventilan sobre la podredumbre en el país.

Frente a esas propuestas habría que empezar a tomar posición ante lo que viene ocurriendo en el país. Yo en lo particular considero que bastaría con cantar el himno nacional el próximo 28 y 29 de julio en nuestras casas en familia o donde estemos y punto. Fiestas Patrias debería ser aprovechado, aunque dudo que muchos lo hagan, para reflexionar el papel que cumple cada uno en bien del país.

La actual lucha contra la corrupción no solo pasa por cambiar a los integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura – CNM, jueces y fiscales. Pasa por comprometer a aquellos que asuman a futuro cargos en el CNM y en otros estamentos del estado, que lo hacen con la seguridad que no se van a servir del mismo sino para servir a los pobladores, y que sus pasados no los condenen.

No podemos desearnos felices Fiestas Patrias cuando no somos capaces, pese a nuestras filiaciones políticas, conversar sin llegar al insulto, reconocer que hay que criticar y cuestionar lo malo, no hacer causa común contra acciones corruptas de congresistas, funcionarios, policías, militares, profesionales, periodistas y del poblador común.

Quizá quienes a futuro si puedan desearse felices Fiestas Patrias sean los niños y jóvenes, eso sí, lejos de los adultos ya contagiados de las taras y la corrupción. Como lo ha dicho el reconocido periodista César Hildebrandt: “Yo creo mucho en la juventud, son los únicos que nos pueden sacar de esto, al final de cuentas hemos cumplido a nuestra manera, desde muestras limitaciones y nuestro deber, y el fracaso es evidente…”.

Y si pues. Este país solo se salvará si los jóvenes, los que aún no han sido contaminados por la corrupción, tienen el valor de hacer las cosas diferentes y vivan en un país decente como siempre tuvo que haber sido. Sin qué avergonzarse y con la cabeza alta y no gacha.

Dios quiera que a los 200 años de independencia el año 2021, lleguemos con cambios iniciales. Caso contario es poco lo que podemos abrigar como sociedad. Tendremos que acostumbrarnos a vivir, por ejemplo, en una ciudad como Iquitos, mal llamada Isla Bonita, a la que siempre traicionan sus autoridades y nosotros sus pobladores.

No les deseo felices fiesta porque aún faltan algunos días. Si debería servirnos esta semana y días para reflexionar, si es en familia mejor. Quizá por ahí empiece a nacer la solución a los problemas con los que ya nos hemos acostumbrado a convivir.

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