Gestos positivos

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Uno que regresa de un corto viaje y se encuentra con más de lo mismo. Las mismas broncas sindicales y las mismas jaladas de pelos entre políticos, y hasta entre autoridades. Y eso que desde fuera, uno tiene un panorama distinto, la perspectiva es otra, definitivamente. Pero bueno, esa es nuestra tierra, que hace un par de semanas celebró con el brillo de un pedazo de lata oxidada un aniversario más como puerto fluvial a orillas del río Amazonas.

Pero para que seguir hablando de lo mismo, para que seguir haciéndonos hígado por aquello que es patrimonio de nuestros líderes: la mediocridad y el egoísmo.

Por eso, mejor quiero resaltar cosas positivas que he descubierto en estos días. Sí, aunque parezca mentira o como algo que solo está en mi cabeza, pero felizmente no. Es algo que ocurre. Son actos y gestos que se presentaron gratamente, pero que, para variar, han pasado hasta desapercibidos.

Lo primero la actividad de la comunidad LGTB, donde resalta la Comunidad Esperanza Región Amazónica Loreto – CHERL, nos ha permitido comprobar que no todo es odio, violencia o agresión contra sectores de la población que luchan por sus derechos. Con pancartas y baners en cruces muy transitados de la ciudad, como en el ingreso al mercado de Belén, Próspero con 9 de Diciembre, y en el mismo centro de la plaza de Armas, provocaron la reacción positiva de la ciudadanía. Un pedazo de cartulina con una frase simple pero contundente: “Soy homosexual ¿Me abrazarías? Se leía en manos de un integrante de esta organización. Más de uno se imaginará que la gente le salió con cada cosa ofensiva y hasta agresiva, de pronto sí uno que otro por ahí. Pero lo que queremos resaltar es el gesto solidario, fraterno y respetuoso de muchas personas. Abrazos al por mayor fue lo que recibió en ambos lugares el joven. De mujeres, de hombres, de madres, de padres, de chicos y chicas de su edad, de niños. Todo esto está en parte de un video que ya se encuentra en redes sociales y que en lo personal me emociona hasta el alma.

Otra acción que me llamó la atención gratamente es leer en las redes el aviso de un establecimiento comercial. De un negocio, pues. De una empresa que de hecho existe porque busca lucrar y eso es válido. Sin embargo lo sorprendente es que tiene un aviso donde invita a las madres que están dando de lactar a sus bebés, para que si están cerca de su local, vayan y puedan darle el pecho a los recién nacidos con comodidad. Es decir, les brindan sus instalaciones para que a falta de lactarios que en esta isla -a la que llaman bonita- no existe, pues puedan acudir para este tierno y elemental momento de la alimentación de sus llullitos. Y por si fuera poco, les invitan un vaso de refresco o una taza de café a las mamás. Si a usted esto le parece poca cosa, yo le digo que no. Más si vivimos en una región donde la lactancia materna no es muy usual en perjuicio de las criaturas en sus primeros meses de vida. Promover de esta forma la cultura del chuchutero, es promover amor y vida. Así de simple. Por eso nuestro modesto reconocimiento a la familia Villacorta, propietarios de Cafezinho, la empresa que ha tenido esta genial idea. Además, como una turquita más para el café, allí brindan agua y comida para que esos animalitos que deambulan por las calles, al pasar por ahí puedan beber y alimentarse. A esto se conoce como responsabilidad social, pero le agregaría, compromiso para que esta ciudad sea mejor.

A propósito de animalitos abandonados. Jennifer Bonita Reátegui, es una reportera y conductora de noticiero en nuestra ciudad, por su labor periodística recorre todas las mañanas diferentes sectores de Iquitos en busca de información, en este afán se cruzó con un perrito abandonado, que estaba moribundo. Sin pensarlo dos veces le brindó atención y pidió ayuda a los serenos para que puedan trasladar al can a una veterinaria. Las redes sociales fueron fundamental para esto. Lamentablemente pese al esfuerzo de los médicos y del noble gesto de la colega, esta criatura de Dios murió, estaba muy grave. Cuenta la reciente historia que Jennifer abrazada de sus dos pequeños hijos lloró amargamente por esta indigna realidad. Casi en simultaneo, otra periodista, Carmen Chapiama, daba cuenta de una perrita que con sus crías estaba abandonada en plena vía pública y le llevó leche y algo de alimentos, pero pedía ayuda y albergue para la madre canina y sus críos. Terminamos de escribir estas líneas ignorando qué pasó con estos animales ignorados. En medio de este final triste, queda el consuelo y la motivación de estos gestos que nos pintan el mundo de otros tonos y por eso nos vamos tarareando con ganas la canción, Color esperanza.

 

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