En el mar de las emociones

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Un adversario sale a jugar contra otro, está haciendo un buen partido y en determinado momento se rompe mentalmente y pierde todos los puntos ganados ¿Qué pasa por nuestras cabezas en esos momentos? ¿Por qué algunos tienen una cabeza que resiste mejor los envites internos de las emociones? Es una de las preguntas que me hago cuando observo un partido de tenis, de fútbol o de situaciones de la vida cotidiana ¿Por qué algunos contra-argumentan mejor que otros? Leía en el diario que Rafa Nadal, actual número uno del tenis, confesaba que lo que le pasó en Australia – un fuerte dolor lumbar que le impidió desarrollar su juego ante Stanislas Wawrinka, le ha dejado tocado la cabeza (para traducirlo, son miedos que le acorralan en determinados momentos de su juego). El campeón de la tierra batida es asediado por los temores y logran dejarlo tocado, lo minan como el comején a la madera. A este apolíneo jugador le visita el miedo, es más humano, en un momento pensé que su cabeza era un bloque de acero sin fisuras pero no. O el famoso miedo de los escritores/ras a la página en blanco, que puede producirte un atasco cojonudo, a propósito vale preguntarse sí a Lope de Vega o a García Márquez pasaron alguna vez por el trago amargo de la página en blanco, pero lo interesante es no saber si lo tuvieron o no (que seguro que sí porque son humanos), lo importante es como desatascaron ese descalzaperros. Las emociones en el ser humano son muy importantes. No hay decisiones solo racionales sino que están aliñadas por ellas, las emociones. Igual que el miedo (que es una emoción) hay que saber conducirla sino es un alud que se viene contra uno. Te atenaza y no deja actuar. Pero lo que pasa dentro del tutumo todavía está sin carta de navegación.

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