Día de furia

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Para los que cerramos edición el lunes comienza el domingo. Edición terminada y el comando puede tomarse un café, fumarse un porrito o tomarse un vodka en el Texas o, si la edad le permite y el médico autoriza comerse un lomo a lo pobre con una malta a cualquier temperatura. Es domingo y se va imprimir carátula. El reloj marca las once de la noche. Grueso error que se detecta y a diagramar todo de nuevo. Cuatro de la mañana del día siguiente y el distribuidor presagia que la edición volará por los aires porque el periódico tiene más cuerpo, tiene más información, contiene una encuesta que siempre llamará a la polémica. Es decir, edición agotada  señor. Cinco de la mañana y me despierto sin despertador. Mejor dicho, antes que la chicharra se active nuestro cerebro se adelanta el tiempo suficiente para desactivar la alarma. Los aseos cotidianos, la revisada del internet que aún no goza de la velocidad que uno quisiera y ya es hora para llevar a los hijos al colegio. Antes de las siete de la mañana ya están listos para formarse y quien se reestrena como director de lo que alguna vez se llamó el bitinto tiene pactada una entrevista en un programa televisivo matinal para hablar de cultura. Al final terminamos hablando de política, de colegas y más con Solange Pineda que tiene un programa decente, que ya es decir mucho en estos tiempos de marionetas ventrílocuas por doquier. Hablamos más de lo periodísticamente correcto e incorrecto y ya el reloj ha pasado las 8 de la mañana. Debo apurar el acelerador  para reuniones pactadas con anterioridad mientras recibo la llamada de un profesor que asegura que el Museo Iquitos se ha cerrado y retrocedo para juntarme con el poeta Percy Vílchez en “El sitio” hasta donde llegan el profesor José Rodríguez y el poeta Carlos Reyes. Minutos antes la colega Bertha Araujo, una de las mejores periodistas de la ciudad, me pide que aclare lo de las encuestas y que está llamado desde la cabina de “La razón” para que James Beuzeville lance algunas preguntas que debo contestar no sin antes estacionar la moto porque hace pocos minutos un policía me advirtió que si otra vez me observa hablando con por el celular con la moto en movimiento me pegará una papeleta. Entre café, jugos, agua y un par de tamales nos damos cuenta que el desayuno ya fue y que los errores del Museo Iquitos han corrido como reguero de pólvora. Urgente, me llaman, apersonarse al hospital de Essalud, donde el hijo de apenas tres años de un colega no es atendido como se merece cualquier asegurado. Nadie puede solucionar el problema y mientras intento salir sin mayores problemas una mujer de setenta años se acerca con toda su jubilación a cuestas y me propone que me siente un ratito para escucharla porque ella sabe por qué el Perú no avanza. Me trata con tanto cariño que ya me veo sentado en el hall del hospital atendiendo que el problema del país comienza con los embarazos no deseados y que las criaturas no deben despegarse de sus madres antes de los tres años, que solo deben ir al colegio a partir de los seis años, no antes porque se los perjudica y que las mujeres que se embarazan antes de los 25 años solo engendran criaturas del mal. Disculpe, señora ex enfermera, la entiendo pero el tiempo me gana. La colega Roxi está que me espera y me mira con cara de pocos colegas. Me da su número para reencontrarnos en su casa cualquier domingo, menos el próximo “porque el jardinero irá a arreglar el jardín”.  Yo puedo arreglar y regar su jardín señora jubilada, mi amigo potrillo tiene esa especialidad, pienso entre mi y me fugo hasta la avenida Quiñonez, donde tengo que llegar antes de la una y ya falta solo diez minutos para que ello suceda. Llego a tiempo y mientras regreso a la redacción en el cruce de Bolognesi con Alfonso Ugarte un tipo que dice ser militar pero que está en una soberana borrachera nada frecuente para ser lunes por la mañana. Roxi toma fotos y por ahí David Gonzáles –que la mayoría de las veces llega antes que la Policía y Serenazgo y hasta parece que planifica los accidentes para ganarse la primicia que otros difunden- con sus lentes de resaca no se cansa de sacar fotos a lo Falconí. Minutos antes por teléfono presumo dar indicaciones a una nueva reportera de la televisión para que haga sus pinitos en este mundo donde nada es verdad ni es mentira solo depende del cristal con que se mira. Mientras me reúno con quienes van a ingresar al diario tengo que escribir algunas líneas para la edición del martes y todo parece un día de miércoles. Ya es hora de ir a recoger a los chicos y mientras ellos exigen sintonizar radio “Moda” trato de convencerlos que mejor es RPP y que ya en la mañana sintonizaron lo que quisieron y entre música y música oyeron a un periodista de nombre Lucho Tafur que se quejaba de la viveza de la gente para con los premios que ofrecía. “¿Papá, quién ese ese señor que habla?” Atino a decir que es un periodista antiguo. Mientras hago este recuento el reloj marca las cuatro de la tarde, hora de cierre de esta columna que me ha vuelto más histérico que antes, más reflexivo que antes y, a veces, me hace pensar, que estoy en junio de 1990 cuando llegué para ejercer en cuerpo y alma la profesión y me despertaba en la madrugada sobresaltado porque creía que me llamaban para cubrir una noticia cuando en realidad me despertaba para cubrir lo poco de pudor que mi humanidad disimulaba porque las camas y sábanas era ajenas, más no las mujeres que refrescaban mi existencia por esos años juveniles donde el oficio se ejercía hasta con las que mal pagan. Después de unos meses de sabático no sé por qué motivos ya estoy de nuevo metido en el ejercicio de la profesión las veinticinco horas del día.  Claro, que mi terquedad genética, no quiere darse cuenta que ya el corazón no es el mismo, los músculos no tienen la fortaleza de antes aunque la voluntad se mantiene incólume. Pero eso no basta a pesar que para el periodista todos los días son de furia. Como este lunes de marzo.

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1 Comentario

  1. Ayer 24 de Marzo se cumplio,6 anos de la muerte de nuestro querido hermano Guillermo,si puedes dedicale algo en el periódico.Un saludos la distancia.Nixon

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