Por: Gerald  Rodríguez. N

 

Taner Pizango es docente kukama-kukamilla en el centro poblado de Obrero I zona, río Puinahua. Su trabajo pedagógico con sus estudiantes lo realiza en su lengua originaria, y en la que se ha especializado con un estudio superior en el Pedológico Loreto de la ciudad de Iquitos. Su práctica pedagógica consiste en mantener viva la lengua de su pueblo; Taner se esmera mucho en su aula para que sus estudiantes comprendan con mayor exactitud y destreza las condiciones y características de la lengua que han heredado.  Cuando le escucho hablar, o cantar en kuma-kuamilla, pienso que, sin entender, Taner está recitando o cantando un poema. Al salir de la escuela, se encuentra con unos supervisores del Ministerio de Educación que han llegado a su pueblo para recabar datos sobre la educación en el lugar. Taner enseña a los niños como deben presentarse ante los visitantes, -pero deben hablar en castellano-, les dice, entonces yo le pregunto, “por qué no lo hacen en su lengua originaría y que luego los traduzca él, como que es sus profesor, y él me dice, “es que no quiero que nos sigan viendo como un pueblo indígena y cholo.

“Cholo”, “cholo”, al escuchar esa palabra siento que algo corre por mi sangre, va por mi cerebro, recoge información y luego va hacia mi corazón donde se queda, “cholo”, “cholo”, ¿Qué digo cuando digo cholo?, pienso, viene a mi mente el título del libro “De dónde venimos los cholos”, de Marcos Avilés, (Planeta, 2018) ensayo algunas veces descarnado, otras veces no me impresiona porque libros con la visión centralista del Perú existen hartos como este, libros de turistas, nada profundo del Perú verdadero, nada del verdadero cholo que no se logra descubrir en un par de días. El Perú es otra cosa y Avilés no lo sabe. Cholo, me pregunto, ¿de dónde venimos?, nuestras raíces están más profundas que de las superficiales historias que el autor plantea, los cholos, ¿Qué somos?, nuestra identidad es diversa, que los cuantitos granos de arena que el libro recomienda, no logrando universalizar el concepto amplio de la palabra Perú. Los cholos, ¿quiénes hablan por nosotros?, y la choleada pasa también por el lenguaje, por nuestras manifestaciones diversas dentro de nuestra compleja lingüística, donde el libro marca un ausentismo impresionante. ¿Cómo podemos hablar del cholo, si no podemos profundizar un tema tan diverso, quedándome con la visión limeña, criolla y paternalista de lo que significa el Perú? El libro encaja muy bien con la visión criolla del limeño, no con la visión de alguien que vive día a día su condición de cholo, desde su vergüenza, su aislamiento, su olvido, su negación, su silencio, la indiferencia que sufre, el cholo que vive su condición desde la violación de sus derechos, desde el insulto en la calle, o el cariñito más tierno cuando le dicen “cholito”, que ni aun con esa tierna forma de llamarle, le dejan de recordar que nunca huirá de ser cholo.

Taner no habla en kukama-kukamilla mientras los visitantes permanecen en la comunidad, en su aula y en la institución educativa. Sus estudiantes le hablan en su lengua originaria, y solo reciben reproches con la mirada delante de los visitantes. Es mejor no parecer cholo delante de los visitantes, es mejor no hablar en la lengua que avergüenza, es mejor no pensar que nunca cambiará esta realidad, es mejor no pensar que seguiremos siendo cholos para unos y cholos para todos.