Algo anda mal

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Algo anda mal en la percepción del desarrollo regional por parte de una pequeña fracción del funcionariado público peruano vinculado a temas ambientales, varios de ellos empleados, ex empleados o futuros empleados de organismos no gubernamentales que reciben grandes donaciones de dinero de agencias y fundaciones extranjeras, dirigidas supuestamente a promover la conservación del ambiente en nuestro país.

Digo que algo anda mal porque no tienen la más mínima idea de cuánto perjuicio en contra de la anhelada prosperidad de Loreto generan sus equivocadas y antojadizas interpretaciones de lo que es conservar el ambiente, que al parecer lo entienden como no tocar los bosques, ni los ríos, ni los suelos, ni nada que en su exótica y nostradámica perspectiva pueda alterar la arquitectura primigenia de la naturaleza. Aquí en el Perú son una suerte de talibanes del ambiente, pero qué lindo que disfrutan de las modernas carreteras construidas en otros países, que bien que gozan de la seguridad energética proveída por las hidroeléctricas, que pulcros se ven en sus sillones y escritorios confeccionados con madera extranjera.

No hay ningún proyecto que no tenga un impacto sobre el ambiente. Cuando los antiguos nazcas construyeron sus puquiales para obtener agua subterránea, irrigar la árida costa y favorecer la agricultura y el asentamiento humano, hubo un impacto ambiental. Cuando los incas edificaron Macchu Picchu, llevando de las canteras cercanas gigantescos bloques de piedra a instalar en el cerro, o cuando construyeron los andenes para hacer producir las faldas de los cerros, hubo un impacto ambiental. Cuando el hombre amazónico inventó la canoa y el remo o se organizó a vivir en malocas, hubo un impacto ambiental. Pobre de nuestra civilización si el ambientalismo virginal hubiera tenido seguidores en esos tiempos, de seguro no existirían ni los puquiales, ni Macchu Picchu, ni las malocas; hubieran sido anatemizadas por afectar el entorno natural.

Igual ocurre ahora. No puedo trazar una carretera sin afectar una mínima parte de la naturaleza para que la vía pueda pasar por ella. No puedo encaminar una hidrovía sino hago pequeñas modificaciones en puntos críticos del lecho del río para asegurar la fluidez del canal de agua. No puedo tender una línea de transmisión eléctrica si no desbrozo una porción lateral de vegetación porque debo emplazar y proteger las torres y las líneas de probables caídas de árboles. En todas ellas habrá, ciertamente, un impacto ambiental, pero para eso está el Estudio de Impacto Ambiental  (EIA) que es obligatorio en la legislación peruana, una herramienta de trabajo que delinea las acciones, las técnicas y las estrategias que nos permitan controlar o minimizar ese probable efecto negativo.

¿Cómo es que el virginalismo ambiental que hizo de las suyas en el gobierno infructífero e involucionista de Humala, pretenda que no se toque ni un árbol al instalar una línea de transmisión? ¿Tan difícil les resulta entender que una franja de vegetación desboscada en una primera fase, se regenerará en una segunda fase hasta una altura de 7 metros, reduciendo por tanto el efecto negativo inicial? ¿Tan peligroso les parece que las torres tengan una altura de 70 metros si eso asegura que la distancia conductor-suelo sea de 14 metros de altura, suficiente para que por debajo de esa línea pueda desarrollarse la flora y la fauna? ¿Tanto les cuesta comprender que la interconexión eléctrica es indispensable para un sistema aislado como Iquitos porque nos permite confiabilidad y mejor calidad energética, reduciendo nuestra dependencia del petróleo y ampliando las oportunidades de inversión para el empresariado?

¿No deducen, acaso, -ellos que se autotitulan “defensores” del ambiente- que ese proyecto reducirá las más de 200 mil toneladas de dióxido de carbono que los desvencijados grupos electrógenos y las poco seguras plantas termoeléctricas emiten contaminando la atmósfera y coadyuvando al calentamiento global y al cambio climático? ¿No se han puesto a pensar que por esas mismas torres también debe venir la fibra óptica que permitirá mejorar la transmisión de datos por internet y telefonía, tan básicos para una región que requiere conectividad y aspira a ser competitiva?

Algo anda mal, definitivamente. Ese afán por boicotear proyectos no es propio de un gobierno que ha tomado partido por la prosperidad de Loreto.

 

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