Por Marco Antonio Panduro

Sui Yun ha plantado su propia bandera en la poética peruana contemporánea, y es ella, sin que sea una figura que aglutine a gran número de lectores –la poesía ha sido pocas veces masiva, pero mucho menos ahora–, una “peso pesado” en la poesía peruana que emergió durante los años 80.

¿Pero por qué lo decimos? Porque además de ser una “hembra” en un país donde se sudora machismo por cada uno de los poros, muchas veces impulsado y velado por propias mujeres, tocó un tema tabú, el del erotismo en voz femenina, el de un erotismo más próximo a la lujuria.

Lo anteriormente dicho se encuentra vertido en Rosa Fálica, y como usted ya debe suponer, Rosa Fálica es un poemario que remeció los cimientos pacatos de una sociedad como la limeña de los años 80. Dudamos que haya tenido ese efecto en tierras iquiteñas, no por lo desinhibidos de sus lectores y lectoras, sino porque se contaban y se cuentan estos con los dedos de una mano. Rosa Fálica, de hecho, es casi un libro desconocido que bien merecería la pena reeditarse, y en mejor formato.

El poemario en mención «alborotó las mentes limeñas», como Sui Yun ha declarado en la pasada Feria del libro de Loreto. Es un poemario que atraviesa al lector con sus versos de alto contenido erótico, sin llegar a lo procaz, vulgar y chato facilismo. Es un conjunto armonioso, pues ha sabido combinar, en buena parte de este, elementos amazónicos lo que hacen de este en suma muy original y de gran fuerza. Aquí se funden naturaleza y un cuerpo deseoso. Así, por ejemplo, puede leerse en “Reportaje a Iquitos”:

«¿Oh sol fuerte que urdes mis membranas / hasta convertirnos en gemelos de un mismo balbuceo/ Cuando recoges las ramas tus piernas flexionan el candor/ de los ríos y su cauce es más impecable que nunca».

O los versos siguientes:

«Crecen

pantallas

bajo mis piernas

eterna luz

subterránea

ecuánime voz

traduciendo sombras

dinamizando vocablos

mi piel incendiada»

O este otro, mucho más gráfico y directo:

«jinetéame

descálzame

túrbame

¡oh vengador de pensamientos!

que de tus aguas emano

de tus aguas bebo

pecador sin sentido

hastiada del vicio y de la ironía

del saber

la conquista

es

solo un triunfo efímero»

Así, en Rosa Fálica los anhelos y experiencias lúbricas, desde la voz del bello sexo, se han versificado, pero a la vez los poemas de Sui Yun llevan en su rítmica una especie de responso a la naturaleza como elementos de un paisaje exuberante como sus versos. Es curioso, lo erótico y lo exótico van de la mano.

Mujer iconoclasta, nuestra poeta invitada es iquiteña de nacimiento, de ascendencia china y de impronta cosmopolita. Cuenta que Joaquín García fue su primer crítico literario, primeros versos a quien hacía leer y donde revelaba el drama de ser mujer, el mismo drama que, manifiesta, vive a diario con su compañero, quien es el hombre que mejor ha entendido su necesidad de mujer. «Yo no puedo apartarme del hombre que me hace vivir el drama de ser mujer», dice.

Pero su presencia y sus declaraciones, en la ya olvidada Feria del Libro de Loreto, pasaron casi desapercibidas. Dejó diciendo algo que bien tendría que ser digerido por un sector de las mujeres loretanas, porque, menos mal, lo ha dicho una mujer y no un varón al que sería tildado de misógino, y quizá el epíteto puede que quede corto.

Declaró: «Es difícil para una mujer llegar a una plenitud que muchas ilusionan, pero esa situación la tienen porque ve muchas telenovelas y se victimizan o se identifican con el personaje, y eso es dañino porque nunca verán su realidad, porque están queriendo ser el personaje».

Es para Sui Yun “una falta gravísima y de dignidad propia” en las mujeres pensar de esta manera, si se toma en cuenta al estado de casi “resignación” o de “conformismo” de un grueso de estas que crece bajo el paraguas de la hipergamia (en su sentido más básico); es decir, bajo el amparo de aquel hombre proveedor.

Ha añadido además que, «considera que la mujer pierde su dignidad cuando mimetiza su yo o su esencia, al estar pegada al televisor atenta a las telenovelas», una suerte de, injustamente, mujer unidimensional.

A todo esto, por redes ronda algunas confesiones de Mónica Cabrejos, la ex vedette y ahora comunicadora social. Declara que para una mujer es facilísimo “cazar” un hombre con dinero en diez minutos. Y claro, hasta aquí, para aquellas mujeres que siguen soñando en un “sugar daddy”, de preferencia no tan vejete, todo bien. Pero seguidamente se cuestiona que ello se dé a costa de la independencia y el sometimiento de la mujer. «Ganas una seguridad económica y pierdes tu libertad y gravidez de ser», más o menos es este su resumen.

De vuelta a Rosa Fálica, sus versos están dotados de un erotismo, como hemos dicho, a veces lujurioso y la poesía de Sui-Yun tiene su origen en la simbolización de la vitalidad y también de lo sagrado como la han reseñado en su momento, sin que este sea de crudo erotismo, y es, más bien, un “erotismo de altura”, como la misma Sui Yun ha calificado a su poemario.

Dos versos más:

«Bébeme, bébeme

hasta rociar la pulpa de mi sexo», se lee en una de las páginas de Rosa Fálica.

Pese al ya esperable silencio de los tiempos actuales, donde la banalidad tiene peso de noticia, y la noticia de contenido se difumina, y los temas de cultura no tienen la resonancia que deberían de tener, de todas formas, por ciertos comentarios en las redes se escucha interés y curiosidad por saber un poco más de este libro.

Para los que se encuentran en la ciudad y deseen leer Rosa Fálica, la pueden encontrar en la Biblioteca Amazónica de Iquitos. Vale la pena.