MARTIN BELAUNDE LOSSIO
MARTIN BELAUNDE LOSSIO

El señor Martín Belaúnde Lossio, después de escaparse a varios países que no le dieron la visa para quedarse, ni quisieron comprar su lío, decidió ocultarse en la ciudad de Iquitos. En ese entonces dicha urbe estaba aislada del mundo entero debido a la encarnizada huelga que hacían los yurimaguinos por el asunto de la universidad. En dicho lugar el conocido prófugo se paseaba campantemente, participaba en la vida social e, inclusive, fundó algunas empresas en el rubro de la construcción, campo donde tenía contactos nunca abandonados, mientras su orden de detención todavía no salía.

En ires y venires el señor Martín Belaúnde acabó afincando en aquella ciudad solitaria que había vuelto a lo primitivo ya que no llegaban ni aviones ni barcos con alimentos y la única diversión eran las elecciones. Justamente en una de esas jornadas se atrevió a participar el visitante para el cargo de gobernador de la región. No hizo alianzas con nadie, ni siquiera con sus antiguos socios y en su campaña ofreció desayuno, almuerzo y merienda más  el café con los amigos. La orden de detención se entrampaba,  y él venció a los demás candidatos en reñida lid.

La orden de detención del señor Martín Belaúnde salió justamente cuando ya había juramentado como gobernador regional y entonces la cosa se puso color de hormiga, porque la ciudad no podía perder a su autoridad máxima. El estado envió a prender al prófugo a una flota de barcos que demoró meses en arribar a Iquitos pues partió desde el Callao, atravesó el canal de Panamá, navegó por el Atlántico, surco el Amazonas y arribó cuando Iquitos se había convertido en una aldea con pocas calles y algunas casas. Todo el mundo se había ido con su gobernador a la cabeza. Ahora se presume que Martín Belaunde se encuentre oculto dentro de un bosque remoto, rodeado de cascadas milenarias.