Los figurantes

En la ficción y en la vida hay figurantes [el vecino que solo saludas, un desconocido en el cine, el funcionario ceñudo que ni siquiera te dice buenos días] si no la vida y la imaginación pueden volverse anodina, gris. Insalubre. Sinsabor. El escenario o la escena se vuelven desangelados como si faltara un aliento local. El diccionario de la RAE lo define a figurante como: «Comparsa de teatro/ Persona que forma parte de la figuración de una película». Cuando camino por diferentes calles y ciudades me topo, sin querer o por las circunstancias del momento, con las cámaras fotográficas de los turistas [S. Sontag decía que desde que se inventó este aparato no hay lugar de la tierra que no haya sido profanado por una imagen desde esa cámara] escucho el clic, clic. Toman imágenes de los lugares más increíbles (reconozco que yo también lo hago) para una persona del lugar le parecen tontas y sin sentido. Una puerta vieja, el dintel de un portal corroído, un edificio estrafalario por el que pasas miles de veces y no le das ningún valor añadido, pero para este turista o viajero [ojo, no son iguales] distraído lo tiene y disparan sin medirse con más fotos. Muchas veces he pensado que en esas fotos disparadas alguna vez he salido sin querer (mi rostro viejo, cansado y pelo encanecido ha sido retratado) y he sido visto en los lugares más impensados del mundo y en los hogares más increíbles y, seguramente le preguntaran al autor del disparo de la foto ¿y este pata quién es? No lo sé, rezonga sin preocupación, un tío que pasaba por allí. Así me he convertido en un figurante anónimo [sin nombre y apellido como salen en las películas] de la película de la vida y de la imagen. Quieren tomar un paisaje de la Puerta de Sol, zas un clic y salgo retratado mientras camino pensando en mis circunstancias – lo digo con acento orteguiano. Me he preguntado ¿y el derecho a la imagen, a la intimidad? No puedes invocarlo porqué estás en un espacio público, me contesta la reiterada jurisprudencia. Pero hay efectos no queridos con ese disparo del fotógrafo como el hecho de darle con mi presencia o la presencia de otros figurantes un calor y color local. Que las ciudades y monumentos no son sólo objetos también hay viandantes extraviados como yo en ellas, aportamos ese lado terrenal a esa foto que se guardará en el baúl de los recuerdos. Por eso cuando miro una foto nunca observo a los protagonistas si no a los figurantes, seguro que nos están mandando mensajes recónditos.

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