Por estos meses próximos todo parece indicar que habrá mudanza. La turistificación del barrio ha irrumpido en nuestras apacibles vidas en la Ihla do Olmo y tenemos que encontrar una solución para que vuelva el sosiego. Así rebuscando y seleccionando papeles que se quedan y otros van directamente a la papelera me encontré con una revista cultural que alentaba Percy Vílchez. En la sección editorial, muy atufada por la impronta de Vílchez, reflexionaba sobre el exilio y la escritura. Señalaba que por lo general las personas que estuvieron en la floresta desde lejos escribían sobre ella. Mencionaba los casos de Fray Gaspar de Carvajal y de Uriarte. Desde la lejanía troquelaban la floresta. Es cierto el apunte del poeta Vílchez pero había que pensar sí eso sucedía al revés, sí amazónicos o amazónicas fuera de la floresta escriben sobre la manigua. Así que trataré de borronear algunos trazos de una literatura emergente dentro de la narrativa amazónica que tiene que ver con el lugar donde se encuentran quienes escriben. No necesariamente es el lugar de origen. Unos están físicamente a mucha distancia de la floresta. Una inmensa cocha les divide o hay medio continente de por medio. Recuerdo que el autor de “Mímesis” Erich Aurebach pudo bosquejar la literatura europea desde el exilio. Quizás una de las razones para esta escritura de la manigua desde el exilio sea la distancia ¿será que se busca el punto óptimo, la equidistancia? Recordemos que los primeros cronistas de la selva también escribieron lejos de los bosques – no tenemos conocimiento de cronistas mujeres. Citaré en este repaso rápido a autores y autoras a quienes conozco de cerca su trabajo literario, los trasterrados o trasterradas. Uno de esos autores que moldean el marjal desde esa lejanía es Jorge Nájar, me ciño a su narrativa. Con “El alucinado” y la trilogía de “El árbol de Sodoma”. En el caso de Nájar está a contracorriente de las fáciles y febriles utopías que asolan la floresta. Es más, Nájar camina hacia la distopía ¿será un influjo de su vivencia europea? Otro caso es el de la poeta Ana Varela, con el poemario “En esta orilla se inunda el mundo”, de próxima aparición. En ese poemario Varela tiene una aproximación con fuste ecológico sin olvidar sus raíces con el bosque y su memoria. Además, en el caso de Varela también remarcar su trabajo en la revisión de fuentes bibliográficas del brumoso período cauchera en esa parte de la floresta. También sumar el caso de Rafo Díaz que a su mochila amazónica ha incorporado su rica vivencia africana en sus relatos (ahora Rafo vive en Colombia) pero sigue escribiendo y pintando impregnado de esa experiencia. En los casos citados la distancia con el bosque y el nuevo entorno (un renovado capital simbólico) es una situación a considerar en su producción literaria. Mi opinión es que floresta y la escritura se redimensiona con la experiencia del exilio, esa gran experiencia contrapuntística como señalaba Edward Said. La Amazonía en la diáspora de quienes escriben gana inmejorablemente en la lucha contra los lugares comunes que tanto nos acosan.

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