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LA CIUDAD DE LOS EBRIOS

Era extraño que el día de las elecciones para los nuevos congresistas nadie cumplió con la ley seca. Como puestos de acuerdo bajo el deseo de beber hasta las últimas consecuencias,  como ganados por una descomunal fuerza espirituosa, los unos y los otros se dieron la gran muca. Fue así como los votantes, los miembros de mesa, los representantes de los partidos, los cuidadores de las ánforas, los mismos periodistas,  amanecieron en una borrachera garrafal que no se detuvo ni después de las elecciones. De allí que fue necesario la presencia de la fuerza pública, donde tampoco faltaba el aliento a licor, para que se puedan llevar a cabo las elecciones. Después de esa fecha la tomaduría y el bebercio continuaron hasta las últimas consecuencias y en cada casa se celebraba una jarana de rompe y raja. Era por fin la ciudad completa perdida en el licor y nada se hacía sin el respectivo brindis. Las cosas no podían seguir así y en el Congreso se dieron leyes para acabar con la espectacular borrachera iquiteña.

Pero nadie hizo caso de ninguna ley y la fabricación de tragos cortos se incremento debido a que los otros licores subieron de precio. A esas alturas la ciudad era una verdadera taberna de mala muerte y todos y todas hacían sus cosas en evidentes estados de ebriedad. La famosa ley seca, acto autoritario que prohibía  que las personas se echaran unas aguas para dormir  a pierna suelta desatÓ una sed insaciable. De manera que en Iquitos se suspendieron para siempre las elecciones ya que nadie podía elegir con la borrachera a cuestas. Así  Iquitos se convirtió en la única ciudad del mundo donde se bebía las 24 horas del día. Todo el mundo anda metiendo la pata, haciendo las cosas a medias o mal, realizando actos propios de los borrachos y hasta provocando líos. Las Naciones Unidas envió representantes a tratar de remediar la situación pero a la postre esos comisionados acabaron bebiendo en las tabernas hasta las últimas horas de la madrugada del día siguiente.

Lo único que perturba la vida de los ebrios habitantes iquiteños es la abundancia de peperas.   Es común que cientos de personas amanezcan tirados en las esquinas y las veredas luego de una borrachera erótica. Es imposible caminar al día siguiente por las calles debido a la presencia de los dormidos y atravesados que no despiertan luego de haber bebido poderosos somníferos.


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