LA CELEBRACIÓN DE LOS PEQUEÑOS

En el país del nutrido calendario de rojos a cada rato, de feriados largos y anchos, de descansos a granel, de permisos laborales por cualquier motivo, surgió una celebración nada desdeñable. Es el Día mundial de las personas con talla baja. La semana que pasó se conmemoró por primera vez esa fecha. Y, sin ninguna duda,  habrá otro motivo para festejar, para no trabajar, para brindar por el destino de los humanos y humanas de pequeña estatura. Imaginamos ya, conociendo lo que esas fechas significan en estos terrenos blancos y rojos, la suma de palabras y de consumos por otro feriado sin marcar en el almanaque de nuestros días.

Desde luego, en una patria basada en la exclusión, los de escasa talla, los que apenas pasan el metro de estatura, los que reciben mofas de toda índole por esa limitación física, no la pasan bien. Se requiere una mayor y mejor inclusión de esos seres que por uno u otro motivo no han podido alcanzar el crecimiento normal. Desde ese punto de vista, estamos de acuerdo con ese día. Nadie en ninguna parte debe ser discriminado o maltratado por ningún motivo. En contra estamos de la pérdida de tiempo y dinero en ese tipo de celebraciones. Y no en beneficios visibles para los que padecen la marginación en el Perú. Además, sugerimos que la fecha se extienda a los  verdaderos pequeños.

El enanismo más pernicioso es el mental. Allí, en la rotunda cabeza, en la importante región cerebral, hace su agosto la talla pequeña, la estatura menguada. Nadie se percata de esa invalidez que es disimulada por la contextura física. Las apariencias engañan, casi siempre. Y en este grande país esa limitación, que no recibe atención médica, ni se surte de pastillas o analgésicos, es nutrida. Hombres de talla elevada, gigantes envidiados, seres tremendos, no han logrado desarrollar la inteligencia y son pequeños en realidad. Lo peor de todo es que una buena cantidad de esos escasos tienen la dura misión de dirigir nuestros destinos.