Johana Solimano

Por Miguel DONAYRE PINEDO

La señora Johana Solimano Pérez, inmigrante ecuatoriana y con un niño, trabajaba en un supermercado y tenía una buena paga a fin de mes. Su marido le abandonó por una chica más joven. Se repartieron los bienes y ella ejercía la guarda y tutela del niño y sin problemas pagaba un alquiler. El banco en el cual tenía su cuenta de ahorros le insistía a través de su gerente que se agenciara de un crédito para comprarse un piso o departamento. Ella se negaba. Es más se negó por tres veces pero a la cuarta cayó. Una de ventajas, según el banco, un señor de traje, corbata y muy persuasivo, era que antes de pagar alquiler sería mejor pagar por una casa y sobre todo que pensara en su hijo porqué en la vida cualquier cosa puede pasar. A regañadientes aceptó el crédito ofertado por la sucursal bancaria y uno de sus avales fueron sus primos. Hace dos años y con los primeros vientos de la crisis, el supermercado donde trabajaba inició un Expediente de Regulación de Empleo [ERE, aquí en España es una palabra que provoca miedo] y la despidieron a ella y veinte chicas más entre españolas y muchachas de otras nacionalidades. ¿Y ahora que hago? Se preguntaba. Lo que le pagaban en el supermercado servía para pagar el crédito hipotecario pero para completar el mes ella cachueleaba limpiando casas y le alcanzaba para enviar transferencias o giros a sus padres que vivían en Quito. Pero con el despido de su trabajo no tenía para el pago mensual del crédito. Fue hablar con el banco y el gerente le dijo lo siento, usted debe abonar el pago o caso contrario demandaremos a su aval. Ante esa situación desesperada junto con una amiga peruana acamparon en la sede bancaria. Todavía siguen allí. Quieren prórrogas de sus pagos y que con el embargo de la casa el banco se cobre la deuda. La guerra continúa.

1 COMENTARIO

Los comentarios están cerrados.